Como todos los años en los meses de mayo y junio vuelven los exámenes de acceso a la universidad y con ellos los ránking de las mejores universidades de España, el último salió recientemente por ciudades y grados.

Este (enésimo) ránking lo ha hecho la Fundación BBVA, uno de los grandes bancos de España,  junto con el IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas). Éste ranking se puede consultar en www.u-ranking.es

Entre ellas, la gran mayoría de las que lideran este ranking son Universidades Públicas, lo que demuestra que, en las universidades públicas, hay calidad de alumnado y profesorado. No es el primero, no es el último, todos los años se hacen varios, sobre todo por estas fechas, para convencer con datos estadísticos a aquellos que están indecisos a la hora de escoger carrera y universidad. También suelen servir para ver qué universidad ‘parece mejor’ en cuanto rendimiento, calidad o docencia.

No deja de ser curioso que este ranking lo haya hecho un banco de capitales, el BBVA. De entrada, justo uno de los más importantes de un país donde cada vez hay más universidades privadas, con apoyo, más o menos visible, en unas más y en otras menos, de los bancos, aunque principalmente suele tener más presencia su competidor, el Banco Santander. En un país con una economía precaria en todas sus vertientes llama la atención que unas instituciones públicas reciban cooperación de otras instituciones que, al menos, no parece que hayan contribuido a mejorar la economía, sino a fomentar el «capitalismo de amiguetes» que nos ha empobrecido, que ha empobrecido a la clase obrera.

En este ranking, en todas las materias evaluadas, son las Universidades Públicas las que lideran este ranking sobradamente, dejando a las Universidades Privadas como ‘la charito’, salvo en el caso de Deusto, demostrando el alto nivel de calidad de la Universidad Pública, aunque luego esta calidad no se traduzca en cantidades masivas de aprobados o en alumnos contentos con el funcionamiento de las Universidades Públicas. El abandono de los grados universitarios es cada vez mayor, y en ciertos casos no siempre es por temas económicos, aunque éstos últimos casos cada vez son más presentes y comunes.

Los rankings sirven para marcar qué elemento es el mejor según unos parámetros empleados

Otro ranking que también ha dado que hablar hace unos meses es el Academic Ranking of World Universities, elaborado por la Universidad Jiao Tong de Shangai (conocido mundialmente como el Ranking de Shangai), en los que usa unos criterios muy breves para evaluar a una Universidad. Participan en este ranking universidades de todo el mundo. Entre los criterios están: el 30% de la nota corresponde a alumnos o profesores que han ganado premios o medallas importantes en su campo, el 20% de la nota corresponde a investigadores altamente citados, el 20% de la puntuación obtenida es de publicaciones en alguna de las dos revistas científicas más importantes del mundo, el 20%, a artículos indexados y el 10%, a rendimiento académico normalizado

Según el experto Carlos Pérez Rasetti, en su artículo de la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad (aquí el enlace: http://www.revistacts.net/elforo/345-el-debate-rankings-de-universidades-a-favor-y-en-contra ), ‘’se trata de un número relativamente pequeño de indicadores que se ponderan entre sí y terminan dando un índice de calidad que permite comparar y jerarquizar a las universidades. El índice es de muy fácil lectura y se adapta perfectamente a la difusión mediática, pero, sin embargo, no presenta sorpresas para el gran público. Las universidades que figuran al tope de la lista son aquellas que el gran público mediático tiene por mejores, con lo cual el ranking se legitima al coincidir con la opinión del sentido común y las personas ratifican “científicamente” su opinión al leer el resultado del ranking.’’, concluye.

Existen otros rankings, como el de Princeton, que mide hasta 60 parámetros diferentes para definir qué universidades americanas son las mejores de una forma más científicamente contrastable. Existen diarios que hacen rankings anuales de universidades o de colegios privados, como elmundo.es, o The Times (ver enlace aquí: https://www.timeshighereducation.com/search/type/ranking_institution), que evalúa universidades de todo el mundo, tanto por Universidad como por carrera o máster concreto. Según el experto Carlos Pérez Rasetti, en su artículo anteriormente mencionado, ‘hay muchos otros (rankings) que clasifican las universidades según la condición de sus mejores dormitorios, o profesores, lo conservador o lo liberal de sus estudiantes, la aceptación de la comunidad gay, los estudiantes más divertidos o alegres, y los menos, los estudiantes más estudiosos o también los menos estudiosos (Students Study the Least)’, sentencia. En España tenemos el ejemplo de los rankings de universidades y hasta de profesorado de cada facultad que realiza la web www.patatabrava.com para poder demostrar qué profesores son buenos (desde el punto de vista del alumnado) en qué facultad y en qué universidad.

Logo de ‘Times Higher Education’, el ranking mundial de universidades que hace el diario británico The Times.

Los rankings para definir qué universidad es buena abundan, y cada uno de ellos usa diversos parámetros, con lo cual es fácil entender que, al final, no hay una universidad perfecta ni una universidad malísima, sino que depende del día a día en la universidad, de la labor docente, de la motivación que dan a sus alumnos a lo largo de la carrera (el parámetro más importante), de la forma de realizar los exámenes y de la forma de corregir de los profesores (en algunas carreras los profesores o hacen milagros o destruyen vidas, a veces sin término medio), pero también depende del tipo de alumnado que estudia en las universidades o de si estudian o no lo suficiente.

La crítica a los rankings universitarios viene a veces desde las mismas Universidades. Se está dando últimamente una postura de crítica y cuestión a ellos desde las mismas, entendiendo que estos rankings generalizan u homogeneizan la calidad de la universidad cuando no se fijan en la calidad de carreras concretas, en su forma de docencia según qué carreras y, sobretodo, la satisfacción del alumnado. Es por ello que ahora las mismas universidades se fijan en los rankings, pero también se fijan más en las encuestas de satisfacción del alumnado, aunque no tanto como deberían. De hecho, en varias universidades es ahora cuando se están implantando este tipo de encuestas, pero no son del todo fiables tampoco. Estas se suele enviar antes de los exámenes. ¿Cuál es el problema?, como sucede en muchas carreras fuertes, los profesores ponen toda la carne en el asador durante el curso, pero luego en el examen el nivel de exigencia al alumnado es tan alto que hay alumnos que hablan de ‘profesorado de doble cara’: buenos durante el curso, para hacer que se conteste de forma muy favorable las encuestas de satisfacción del alumnado, y todo lo malos que son y más durante el examen y su corrección. Esta realidad hace que sirvan de poco o de nada estas encuestas.

La UNESCO, la organización educativo-cultural dependiente de la ONU, también se ha pronunciado de forma crítica por la cada vez más amplia cantidad de rankings que evalúan universidades en un documento en inglés, argumentando que ‘de las más de 17.000 universidades existentes (en todo el mundo), sólo el 1% es objeto de examen en las “clasificaciones universitarias del mundo”, que publican tres notorios “institutos de clasificación”. Aunque difieren en múltiples aspectos, las 200 universidades que suelen ocupar los primeros lugares de las listas tienden a ser instituciones antiguas (con más de 200 años), cuya actividad se centra mayormente en la investigación científica, con unos 25.000 alumnos y 2.500 docentes, y con presupuestos anuales que superan los 2.000 millones de dólares estadounidenses’.

Todas las revistas o diarios importantes realizan su propio ranking universitario según sus parámetros y países. En la imágen, especial de la revista ‘América’ de Chile sobre ranking de universidades Chilenas

Con todo, no hay que preocuparse porque la universidad más cercana o la más deseada para estudiar esté en una posición o en otra, puesto que hay tal variedad de rankings en las que, por distintos motivos, pueden encumbrar o hundir a una Universidad, pública o privada. Lo que debe ser importante es que el profesorado busque el mejor futuro para su alumnado, no solo de forma profesional, sino también personal, buscando más un crecimiento personal del alumnado que un mercadeo mercantilista. Esta es la clave para que cada Universidad sea la mejor en todos los rankings posibles.

Deja un comentario