Por Ana Barba

En estos primeros días de agosto está siendo noticia el nuevo partido político de Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares. “¡Los que faltaban!”, habrán pensado muchas. “Pues ya estamos todas”, habrán dicho otras. Saltó el pasado lunes la noticia de que habían registrado el partido Actúa “con el fin de preservar la marca”, según hemos leído. Que Gaspar y Baltasar caminan juntos no es nuevo, realizan comunicados, recogidas de firmas, ruedas de prensa y presentación de iniciativas políticas con relativa frecuencia desde 2013. La novedad es que esta vez la cosa se ha sustanciado en un partido con todas las de la ley. Para ello no han dudado en rodearse de otras figuras como Mayor Zaragoza, eterno candidato a cuantos proyectos novedosos se presentan, o del menos nombrado en los medios Ángel Viviente, activista muy conocido en los mentideros políticos underground y promotor junto a miembros de Izquierda Abierta y a la ex PSOE Beatriz Talegón (de la que ignoramos si participa en esta iniciativa) entre otros nombres conocidos, de diversas propuestas políticas desde 2014, todas ellas de escaso recorrido.

Si bien con la noticia se hacía ver que se trataba de una maniobra preventiva, en poco más de 48 horas ya hemos asistido a varias entrevistas del ex juez Garzón y a diversos pronósticos sobre el futuro de Izquierda Abierta, el partido de Llamazares, integrado por el momento en IU, lo que parece apuntar a algo de más entidad que un simple registro de marca.

Al escuchar los argumentos de  Baltasar Garzón parece que se trata de un nuevo ladrillo en el muro de contención del R-78, una explicitación de las exigencias de la “izquierda sociológica”, esa que ha posibilitado y sustentado el statu quo tras el franquismo, un aviso a navegantes: “…se hace necesario un acuerdo de la izquierda…” “… con Pedro Sánchez en el PSOE se puede conseguir un acuerdo más fácil…” “… hay que huir de radicalismo y pensar en desalojar al PP…” y demás argumentos ya conocidos. En cuanto a los comentaristas de los llamados “medios progresistas”, se escucha defender con cierto vigor la necesidad de “… dar voz a ese millón largo de votantes que se abstuvieron en las últimas generales…”, “…es necesario desfragmentar la izquierda…”. Todo el repertorio habitual de los partidarios del continuismo que habitan las tertulias de MediaSet y las editoriales y columnas de opinión de Prisa.

La trayectoria política de Baltasar Garzón es bastante conocida, pues ha sido aireada a lo largo de los años. Tal vez como verso suelto dentro del PSOE no tenía ningún futuro, por lo que ser uno de los promotores de Actúa podría ser su última oportunidad de volver a la primera línea de la política. En cuanto a Gaspar Llamazares, no es un secreto para nadie que en IU se encuentra cada vez más como pez fuera del agua. No comparte estrategias con la nueva dirección de IU, con la que discrepa aún más que con la gente de Cayo Lara. Llamazares desea una aproximación al PSOE y opina que IU, por el contrario, se está diluyendo en Podemos. Un Podemos con el que no concuerda en el fondo ni en las formas, ya desde antes de que Podemos se llamara Podemos. Corrían los últimos meses de 2013 cuando los alevines de lo que muy poco después se llamaría Podemos se ensañaban con la gente de Llamazares en un prototipo de frente de izquierdas fallido que trató de organizarse en la segunda mitad de 2013, cuyo fracaso desembocó en candidaturas separadas y los sorprendentes resultados electorales de las Europeas en 2014. Un año después, en las municipales de mayo, la gente de Izquierda Abierta se presentó contra la candidatura de Ahora Madrid en la que se habían integrado Podemos y el resto de IU, sin importarle dilapidar su crédito electoral por negarse a ir de la mano de Podemos. Llamazares lleva mucho tiempo buscando su camino, así que no sería sorprendente que abandonara IU si le va bien en esta nueva aventura.

Como puede observarse el mosaico parece ya completo: un PSOE al que Sánchez parece dar oxígeno, un Podemos que salió de VAII con Iglesias reforzado y que, sorprendentemente, ha virado hacia las tesis errejonistas y ha empezado a pactar abiertamente con el PSOE en distintos territorios y municipios, una IU cada vez más proclive a aceptar esos pactos y en representación de los que faltan están ahora Gaspar, Baltasar y compañía. Sin embargo, pese a las apariencias, no estamos todas. A muchas de las que despertamos en mayo de 2011 no nos convence este apaño. Detectamos un tufillo a gatopardismo que nos hace saltar todas las alarmas. Habrá quien censure nuestras suspicacias, sin embargo, sólo hay que seguir las noticias de política municipal en Madrid para saber que las cosas no van a ir bien de la mano del PSOE, ni con la estrategia de mínimo riesgo que viene siendo la seña de identidad de muchos gobiernos municipales “del cambio”. Donde esté el PSOE no podrá conseguirse una ruptura con lo que denunciábamos en las plazas y con estrategias moderadas basadas en el gobernismo, tampoco.

Un consejo: no se entusiasmen ante la idea de unidad de la izquierda. No cuando todo apunta a que sólo será un lifting del viejo y bien conocido sistema.

 

 

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