En torno a las cinco de la tarde de ayer, una furgoneta blanca embistió a un centenar de personas que una tarde de agosto recorrían uno de los puntos más transitados de Barcelona. Fue en La Rambla, un bulevar que ya nunca volverá a ser el mismo. Hay 13 muertos y un centenar de heridos, todos ellos víctimas del odio.

Barcelona ya forma parte ahora de una lista negra: Manchester, París, Niza, Bruselas, Berlin, Londres… Ya es un campo de batalla de ese terrorismo “sorpresa” que, dada la dificultad de conseguir explosivos, utiliza cuchillos y camionetas para saciar su ansia de sangre contra los más inocentes, los que nunca tuvieron que ver nada con una guerra en la que se mezcla religión mal entendida con la insania destructiva del que cree tener la razón absoluta.

El Estado Islámico se atribuyó esta masacre, que en base a un terrorismo de imitación ha conseguido la autoría intelectual

El Estado Islámico se atribuyó esta masacre, lo que no implica necesariamente que estuviera implicado en la logística del atentado. En base a un terrorismo de imitación ha conseguido la autoría intelectual y, sobre todo, propagandística de cualquier acción que secunde la guerra a Occidente. Remembranza del atentado del 11-M, 193 víctimas que lo convirtieron en el más grande en suelo europeo y nos dio a conocer ese mensaje en toda su extensión. Nos pilló a todos por sorpresa, tanto a los ciudadanos como a las fuerzas de seguridad y a los servicios de inteligencia. Han pasado ya trece años.

Es necesario advertir que por más que se intente blindar nuestra vida diaria, nuestro sistema occidental, este terrorismo solo puede combatirse yendo a las raíces del mismo. Hace falta más inversión en inteligencia que en armas, menos muros y más entendimiento de la situación. Es necesario recordar que a estos asesinos no les importo quienes eran los inocentes que fueron atropellados ayer, como tampoco les importa cuando cometen crímenes en cualquier ciudad de Siria, Indonesia, Irak, Turquía o Yemen. Solo se busca el daño, independientemente del color de la piel, la religión que profesa la víctima o su nacionalidad.

Tenemos por delante días de rabia y luto por estas nuevas vidas rotas, y es importante recordar que la única forma de luchar frente a quienes quieren acobardarnos es la entereza y el entendimiento. Barcelona es tierra de acogida y de paz, y no sucumbirá antes quienes quieren acabar con esa convivencia.

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