Por André Abeledo

No se trata de firmar pactos antiyihadistas que recorten las libertades de los pueblos, que finalmente recortan los derechos fundamentales de los mismos ciudadanos amenazados por el terrorismo. Lo que necesitamos es un pacto contra la hipocresía, contra la mentira y contra la utilización política del terrorismo.

Occidente utilizó a los refugiados como coartada para intervenir en Siria y cuando el rumbo del conflicto ya no le venía bien les dio la espalda, los abandonó en terribles campos de refugiados, dejó que se ahogasen en el Mediterráneo, los dejó en manos de las mafias, miró para otro lado ante la desaparición de miles de niñas y niños en Europa. Y eso sin duda también es un tipo de terrorismo.

Pero el Estado Islámico sigue existiendo, existe a pesar de que todas las potencias mundiales dicen combatirlo, existe todavía milagrosamente a pesar a que dicen enfrentarse en “solitario” a los ejércitos más poderosos del mundo, ejércitos que dicen combatir sobre el terreno. Sin duda alguien miente y juega a dos bandas.

Yo señalo a Arabia Saudí, a Qatar, a Turquía, a Israel y a los EEUU. Convencido de que sin ayuda el EI no resistiría un mes el embate de las potencias mundiales y sus aliados en la zona.

No es la primera vez que la coalición de EEUU bombardea las posiciones del Ejército sirio. Una muestra de su hipócrita estrategia en Siria y de su “apoyo” al EI. Si realmente “todos” estuviesen luchando contra el Estado Islámico ya no existiría.

Turquía, un miembro de la OTAN, bombardea también asiduamente a las fuerzas Kurdas que luchan contra el EI en Iraq, un ejército Kurdo con un marcado componente socialista, anti imperialista, y anti patriarcal. Turquía compra petróleo al EI, el gobierno turco junto al de Arabia Saudí son los mayores defensores de la barbarie encarnada en el EI que asolan Irak y Siria.

Pero en este macabro juego no están solos, también como no podía ser de otra manera Israel, EEUU, y la OTAN tienen intereses en esta guerra por el espolio de recursos, por la destrucción de todo tipo de estado en los países donde sigue habiendo petróleo que robar.

Pudimos ver imágenes de un campo de entrenamiento del EI en cuyas tiendas se leía claramente “USA”.

Por otro lado las armas del Estado Islámico no nacen en los árboles, y menos en el desierto, son también armas norteamericanas e israelitas, o armas que les llegan desde Arabia Saudí.

Israel juega como siempre su papel interesado, ayudó a construir el monstruo, no le molesta, curiosamente este llamado Estado Islámico no considera a Israel su objetivo

En este contexto aparece un nuevo factor que equilibra la balanza, que es la posición de Rusia, China, e Irán frente al EI, bien es cierto que todo esto forma parte de un enfrentamiento geopolítico a gran escala muy peligroso, pero más peligroso es a mi entender este mundo unipolar donde los EEUU y sus secuaces imponen la ley del más fuerte, y la estrategia del terror.

Ante este nuevo escenario los medios de desinformación masiva responden como en la guerra fría con la URSS, mintiendo y tergiversando la verdad sin el menor pudor.

Los rusos son muy malos, los iraníes también, los chinos no te digo, y el actual gobierno sirio el culpable de todo.

¿Pero se puede culpar a Siria de la barbarie del Estado Islámico?, de sus mercados de esclavas sexuales, de esas niñas violadas y torturadas, de este “Estado” donde se crucifica, se lapida, se queman vivas a mujeres que se resisten a sufrir las mayores aberraciones sexuales ya no se habla, continúan enterrando vivos a quienes se resisten, continúan decapitando a todo el que “piense”.

Lo más indignante es que para los medios Occidentales el problema es “Rusia”, el problema es Venezuela.

Poco de dice del sufrimiento de los pueblos que viven en el infierno impuesto por los terroristas del EI, por los mercenarios del terror, ¿no importa?, a algunos les parece suficiente con que vendan petróleo barato y no exijan soberanía nacional.

Seguramente la destrucción del Estado Islámico no terminará con la amenaza terrorista, pero la debilitará radicalmente, dejará sin espejo y ejemplo a miles de terroristas en potencia.

Pero debemos denunciar a los que han creado a este monstruo y lo alimentan para que crezca y no se muera. Arabia Saudita continua financiando la lucha en Siria y Yemen. Éste país es “el centro del extremismo islámico radical”.

El aliado estadounidense es “una fuente no solo de financiación para el Islam radical y extremista y sus desprendimientos yihadistas, sino también doctrinariamente, de mezquitas, clérigos, escuelas, madrasas, donde se estudia solo el Corán, extendiéndose por todas las vastas zonas sunnitas de influencia saudita”.

Desde el punto de vista de la moral, de la ética y de la razón, el Estado español debe dejar de vender armas a Arabia Saudita y Qatar. De no hacerlo, de algún modo somos cómplices del terrorismo islámico, puesto que estos países y alguno más, dan apoyo, financian y arman al EI.

Otro ejemplo de vivero de terroristas que tenemos muy cercano es el Reino de Marruecos, esa dictadura “amiga”, donde el rey Mohamed VI ha indultado este a un grupo de notorios salafistas condenados por terrorismo. Ese amigo de nuestra monarquía y nuestros Reyes, que nos presiona con dejar pasar a los inmigrantes cada vez que quiere conseguir nuestro silencio cómplice sobre la represión en el Sahara, esa monarquía que nos chantajea con la amenaza de que entre esos inmigrantes podrían pasar cientos de terroristas.

No se puede por un lado luchar contra el terrorismo y por otro mantener relaciones “amistosas” y comerciar con quien lo sustenta.

Si realmente todos luchan contra el EI, ¿Quién les compra el petróleo?, ¿Quién les vende las armas y la munición?

Los terroristas están a nuestra puerta también por causa de las políticas de nuestros gobernantes.

La culpa de los recientes atentados en España no la tienen los musulmanes, la culpa es de Daesh.

No hay que permitir que esos actos terroristas propaguen odio y xenofobia, ya que es precisamente lo que desean los terroristas, quieren traer la guerra a Europa, necesitan exportar el conflicto fuera de las fronteras del “EI”, pues están perdiendo la guerra.

Una parte de la culpa también le pertenece a Occidente que destruyó países como Libia, Irak y ahora está intentando hacer lo mismo en Siria.

Y cuando destruyes un Estado, dejas un terreno libre para que estos bárbaros se hagan con el poder. Y ahora están en tu puerta.

Asimismo, existen “nuestros supuestos aliados” que están financiando a los terroristas, hablamos de Arabia Saudí. Qatar y Turquía.

Lo que tendría que replantearse Europa es cuál debe ser nuestra relación con los países que financian y apoyan el terrorismo. No puede ser que por un lado lo estemos combatiendo y por otro lado seamos amigos y socios de estos países.

Todas las fuerzas mundiales deberían reunirse para combatir el horrible mal que es Daesh. Para ver un ejemplo de una alianza de países con una visión del mundo diferente en contra de un enemigo común solo hace falta recordar la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, dos lados tan distintos como la Unión Soviética y el bloque Occidental se unieron en contra de Alemania nazi. Hoy este enemigo común es Daesh.

EEUU y la OTAN no se dedican a derribar dictadores, sino a ponerlos.

Es algo que demuestra el historial norteamericano y el accionar de su brazo militar que es la Alianza Atlántica

Occidente suele tachar de dictadores a los gobernantes quienes pretenden que sus Estados tengan un mínimo de soberanía nacional y se oponen a que las grandes multinacionales puedan conseguir sus recursos a un  precio muy bajo.

Esta fue una de las razones por las cuales se intervino en países como Irak, Libia o Siria, el objetivo es expoliar sus recursos energéticos.

Asimismo, Occidente pretende “recuperar la supremacía” en esa zona del mundo, donde “una serie de Gobiernos” se atrevieron a aplicar políticas soberanas.

Una de las muestras de que a Washington y sus aliados no les molestan los regímenes dictatoriales es su amistad con Arabia Saudí, país donde una mujer puede ser violada por siete hombres y encarcelada por no haberse resistido lo suficiente y donde se decapita a personas todos los días.

Pero la enemiga ahora es Siria, donde hay escuelas mixtas y las mujeres no tienen que llevar un burka para taparse, entre otras muestras de respeto a derechos humanos.

Para acabar con el Estado Islámico hay que dejar de venderle armas y comprarle petróleo.

Pero en vez de ello, se echa polvo en los ojos de la comunidad internacional, contando mentiras sobre el sangriento régimen sirio, o el papel de Rusia en esa región.

También resulta tan peligrosa como ridícula la llamada a la “guerra santa” de algunos tertulianos de extrema derecha, una llamada con ecos de “Las Cruzadas”, que confirma la teoría de Albert Einstein de que lo único infinito es la estupidez humana.

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