Por Javier Cortines

Corea del Norte realizó el domingo a las 12:36 horal local (03:36 GMT) un ensayo nuclear subterráneo en la base de Punggye-ri (ubicada en la provincia septentrional de Hamgyong), -cuya explosión pudo ser hasta siete veces más peligrosa que la de la bomba atómica de Hiroshima, según los expertos,- y que provocó un terremoto de 6,3 grados que se sintió en la limítrofe región  china de Jilin y en la ciudad rusa de Vladivostok.

RiChun-Hee, de 74 años, icono y portavoz del régimen de Pyongyang, comunicó al pueblo “el éxito de la detonación termonuclear” enun programa especial que emitió la única cadena de televisión norcoreana, la Korean Central Television (KCTV, siglas en inglés).

Ri Chung-hee. Al fondo el monte Paek-tu con El Lago del Cielo

La estrella televisiva, que ya anunció en 2011 la muerte del Gran Líder Kim Jong Il (padre del actual), rompiendo en lágrimas, al igual que Arias Navarro cuando informó del fallecimiento del Caudillo, salió en pantalla vestida con un hanbok (traje tradicional coreano, compuesto por una chaqueta corta y mangas largas (en este caso rosa) y un faldón (en esta ocasión) negro.

Para los neófitos diré que al fondo del estudio se ve un magnífico cuadro del monte Paek-tu (2.774 metros de altura) con la caldera volcánica llamada “El Lago del Cielo”. Ese lugar es, con mucho, el más sagrado de toda la península coreana y es, al mismo tiempo, la prueba del origen divino de ese pueblo del Extremo Oriente que vive a ambos lados del paralelo 38.

La idea de los norcoreanos, -que ya han realizado seis pruebas atómicas desde 2006, incluyendo la última-, sería acoplar bombas de hidrógeno (al parecer el ensayo del domingo se hizo con unaB-H) en una nueva generación de misiles balísticos intercontinentales (ICBM, siglas en inglés).

Según las primeras estimaciones de los expertos (aún queda mucho por analizar) el artefacto norcoreano pudo tener entre 80 y 100 kilotones, lo que sobrepasaría con creces los 15 kilotones de la bomba de Hiroshima.

 

ORÍGENES SAGRADOS DE LA PENÍNSULA COREANA

Dicen los textos sagrados de ese maravilloso país (que para mí es como una segunda patria, pues allí viví cerca de una década), que un día (que se pierde en la Noche de los Tiempos), el Dios del Cielo Huan-nin le pidió a su hijo Huan-nung que bajase a la Tierra a transmitir el conocimiento a los mortales, y así progresase la civilización.

Huan-nung descendió a la tierra acompañado por tres mil querubines y, tras observar todas las maravillas del mundo, no vio lugar más bello que el monte Paek-tu y allí puso sus pies, creando el enorme lago. Luego construyó su palacio a las faldas del volcán y un día, cuando estaba meditando, se le acercaron una osa y una tigresa que le rogaron los convirtiese en seres humanos.Para comprobar su fuerza de voluntad, Huan-nung les dijo: Si os metéis en una cueva sin ver la luz durante cien días y alimentándoos sólo con dientes de ajo y artemisa, vuestro sueño se verá hecho realidad.

La felina y la plantígrada se encerraron en una caverna y la Tigresa, vencida por la impaciencia, tiró la toalla, antes del plazo establecido, y salió a ver la luz del Sol. La Osa, en cambio, aguantó, como el pueblo español a Rajoy, y se convirtió en la mujer más bella de este y otros mundos.

Huan-nung adoptó asimismo la forma del hombre más hermoso y se casó con La Bella. Pasó un tiempo, que no se puede medir con el terrestre, y ambos tuvieron un hijo llamado Tangún, quien fundó Corea (Koryo) en el año 2.333 a.C.

Según la tradición, Tangún inauguró ese nuevo reino un 3 de octubre (omito el calendario lunar para no crear confusión), por lo que El Reino Ermitaño (otro de los nombres de Corea), celebra en esa fecha el Día de la Fundación Nacional, llamado también “Gaecheonjeol”, lo que en “hangul, coreano”, significa “Festividad de la Apertura del Cielo”.

Algunos dicen que Tangún gobernó hasta ocho siglos y que luego se convirtió en El Espíritu de la Montaña, representado por un anciano de largas barbas blancas que acaricia a su Criado, El Tigre. Ese dios vigila todas las cumbres de ese país. Los registros históricos dicen que el primer occidental que llegó a tierras coreanas fue un español, el jesuita Gregorio de Céspedes en el año 1593.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para pedirle al mundo “que la guerra no nos sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte (¿Verdad Ana Belén?)… y pisa fuerte la pobre inocencia de la gente”.

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