Por Javier Cortines

La agente norcoreana Kim Hyon Hui, más conocida como Mayumi la Bella, puso una bomba en un avión de las Líneas Aéreas Coreanas (KAL) que estalló sobre el Mar de Andanam (Birmania) el 29 de noviembre de 1987 matando a las 115 personas que iban a bordo. El objetivo fue, según confesó, malograr la celebración de los Juegos Olímpicos de Seúl’88.

Kim Hyon Hui declarándose autora del atentado el 15 de enero de 1988

Tras colocarlos explosivos enel Boeing 707 que viajaba de Bagdad a Seúl, Kim Hyon Hui y un cómplice, Kim Sung Il,abandonaron el aparato en una escala que hizo en Abu Dabhi. Luego se trasladaron a Bahrein y, en el mismo aeropuerto, la policía, ya alertada, quiso detenerles. Élse suicidó tomando una pastilla de cianuro y ella, tras ingerir veneno, fue trasladada a un hospital, donde se la practicó un lavado de estómago, y salvó la vida.

Ambos agentes portaban un pasaporte japonés falso, él (que figuraba como su padre) adoptó el nombre deHachiyaShinichi y ella,el de HachiyaMayumi. Cuando la joven fue detenida tenía 27 años, era culta, hablaba   chino y japonés, y era experta en artes marciales. Pronto la prensa surcoreana la llamó “La Mata Hari norcoreana”.

A finales de diciembre de 1987, a las tres o cuatro de la madrugada (no recuerdo con exactitud), sonó el teléfono que tenía en la mesita de mi dormitorio -yo era corresponsal de la Agencia EFE en Seúl-y una voz misteriosa del ministerio del Interior me dijo que me presentara al día siguiente en un lugar del centro, porque nos iban a dar la noticia del siglo. Pregunté ¿Se puede saber algo por adelantado? “NO” -espetó- y colgó.

Por la mañana, los periodistas extranjeros y nacionales convocados entramos en un edificio que está cerca del ayuntamiento y la policía nos condujo a una sala -que parecía de un cine o un teatro- donde reinaba un silencio espectral. Tras una espera interminable, dos uniformados aparecieron en el escenario con la terrorista norcoreana esposada. Ésta susurró algo en un micrófono, lloró y bajó la cabeza. Luego un alto  funcionario narró su acto criminal y el periplo de su extradición. A partir de ese momento todos los periódicos del país hablaban de “Mayumi la Bella”.

En enero de 1988 se sentó, por primera vez, en el banquillo de los acusados. Yo iba todos los días al juzgado (la prensa estaba invitada) y estudiaba a Mayumidesde las primeras filas con la intérprete que me acompañaba.Llegar hasta allí era una auténtica odisea pues había que atravesar un corredor de escudos de la policía,que a duras penas podía contener a la tempestuosa multitud. Se escuchaban gritos desgarradores de los familiares de las víctimas,que la llamaba “asesina”, y pedían su inmediata ejecución. Y exclamaciones de “fans”, hombres hechizados por aquella belleza norcoreana que daban la impresión de querer un autógrafo suyo. Aquello era un espectáculo kafkiano, pero lo cuento tal cual fue.

Ella respondía en el estrado a las preguntas de los fiscales con voz ininteligible, entre sollozos, bajando continuamente la cabeza. Sus ojos siempre húmedos, sus labios temblorosos. La terrorista parecía una víctima a punto de ser sacrificada. Su rostro me recordaba al de Ingrid Bergman en Casablanca. Todos eran malos menos ella. ¡Tal era su poder de seducción! El último día del juicio susurró con un hilo de voz “Yo puse la bomba en ´El Vuelo 858´ siguiendo órdenes directas de Kim Jong Il” (el número dos del régimen norcoreano, el Gran Líder era su padre Kim Il Sung, 1912-1994).

El 25 de abril de 1989 el Tribunal Supremo de Corea del Sur condenó a muerte a Kim Hyon Hui, (quien durante el tiempo que estuvo en la cárcel recibió miles de cartas de amor y proposiciones de matrimonio de todo el país, según publicaba la prensa surcoreana),y, poco tiempo después, obtuvo el perdón presidencial (de Roh Tae Woo) al ser considerada “una víctima del lavado de cerebro de Pyongyang”.

Mayumi la Bella, que se hizo la cirugía plástica para que nadie pudiese reconocerla, escribió un libro autobiográfico titulado “Las lágrimas de mi alma”que se convirtió en un bestseller (en el que cuenta como fue entrenada para matar). Todas las ganancias que obtuvo, que fueron millonarias, las donó a las familias de los fallecidos en Andanam.

En 1997, Mayumise casó, a los 37 años, con un agente de los servicios de inteligencia surcoreanaque había sido miembro de su escolta tras ser extraditada a Seúl. Actualmente vive en un lugar desconocido de Corea del Sur fuertemente protegida para evitar venganzas de los familiares de las víctimas o represalias de Corea del Norte (espías infiltrados) por haber revelado secretos de Estado del país que acabar de ensayar la bomba-H.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano,que ha vuelto a acordarse de Mayumi La Bella, La Matahari que vino del frío,tras los recientes ensayos nucleares de Corea del Norte.

 

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