Por Iria Bouzas

Parece que en Telecinco han encontrado un filón destripando la vida y milagros de María José Campanario ahora que está enferma.

La gente decente, que no me cabe duda que es mucha, pudiera pensar que en los momentos de debilidad es cuando más protección y respeto se le debe tener a cualquier ser humano y hasta hace no demasiado tiempo realmente nos educaban así. La sociedad nos exigía como una obligación indiscutible el respetar y proteger aún más de lo habitual a las personas enfermas, a los ancianos, a los niños y a todos aquellos que estaban pasando por un momento que les colocase en una situación de vulnerabilidad.

Pero parece que hay poderosos buitres emponzoñando la ideología general para convencernos de que cambiemos ese paradigma de respeto a la dignidad humana.

Caminamos con pasos apresurados hacia una sociedad llena de carroñeros donde la desprotección de cualquier ser humano se convierte en un aliciente para atacarle aún con más saña y conseguir despiezarle públicamente para el disfrute general y el rédito económico de algunos particulares.

Poco a poco nos han ido convenciendo de forma muy efectiva de que volver a la “Ley de la jungla” era un progreso social que nos conducirá a un mundo idílico lleno de libertad y felicidad social.

Pero la única realidad es que ha habido poderes muy interesados en cegarnos con cantos de libertad para poder esclavizarnos sin que estemos siendo conscientes de ello.

En poco tiempo hemos pasado de ser vistos como personas que poseen una dignidad intrínseca sólo por el hecho de serlo, para convertirnos en una mercancía más con la que negociar. Ahora, somos vistos, hasta por nosotros mismos, como bienes susceptibles de venta en cualquiera de nuestras facetas humanas.

Podemos vender nuestro sexo prostituyéndonos. Las mujeres podemos vender nuestros vientres y parir hijos para entregárselos a otros. Podemos vender nuestra dignidad. Podemos vender hasta nuestra alma si hay alguien que esté dispuesto a pagar por ello.

Y mientras hacemos este ejercicio de autocasquería con nuestras entrañas y nuestros corazones, se supone que debemos gritar al mundo que esta es una libertad nunca antes conquistada y que nos sentimos felices de poder despiezarnos a cambio de 30 monedas de plata.

Cuando nos vendemos nos convertimos en mercancía. Y ¿Dónde se ha visto una mercancía exigiendo respeto y protección?

Si somos sólo mercancía hay quienes se creen legitimados a obtener beneficio de nosotros aun cuando no estemos en perfectas condiciones.

Así ocurre que una cadena buitre de televisión se considera en su derecho de seguir sacando provecho de una persona que está en un momento en el que ni se puede proteger ni puede exigir protección.

Igual esta libertad de vendernos no es tanto libertad como esclavitud.

 

 

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