Cynthia Duque Ordoñez

El día en contra la trata y la explotación no es sólo un día para lamentos, sino para marcar unos objetivos claros, en este caso la abolición de toda explotación sobre un ser humano para sacar reducto económico a cambio de menospreciar su integridad física y psicológica, con el fin de poner en marcha los mecanismos que nos permitan hacer de la utopía una realidad.

¿Qué es la trata de seres humanos?

Consiste en captar, comprar o secuestrar a seres humanos y llevarlos fuera de su región o país de origen para explotarlos laboralmente o sexualmente mayoritariamente. Es esta última variante la más conocida de todas, también la que más dinero factura por encima del tráfico de drogas o la venta de armas, aunque ambas facetas del crimen organizado están relacionadas entre sí.

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Habitualmente se encubre la trata bajo la justificación de la prostitución voluntaria. Lo cierto es que nadie nace puta, como nadie nace putero. Nacemos libres e iguales, luego la sociedad patriarcal se encarga de diferenciarnos entre amos y esclavas. De ahí, la importancia de mover conciencias en el día contra el tráfico y explotación de seres humanos, porque en nosotros está educar para repeler el ataque que el patriarcado hace sobre nuestros cuerpos, que en mayor o menor medida son cosificados por la economía capitalista que encuentra su esbirro más diligente en el hombre machista, inculto en cuanto a ideología de género y carente de empatía.
La cosificación no conoce de capas sociales, pero es más cruda y vil en Estados empobrecidos, destruidos socialmente por el narcotráfico o asediados por guerras y el expolio de las potencias occidentales como es el caso de mujeres y niñas compradas en su adolescencia a sus familias, secuestradas o traídas con engaños de un soñado contrato de trabajo en algún país donde supuestamente se cumplan los DD.HH.

 

Contaré en relato de Karla Jacinto, una joven mexicana, violada desde los cinco años en su “hogar” que fue secuestrada por un chico joven que se ganó su confianza a los 12 años de edad: “empezaba a las 10 de la mañana y terminaba a medianoche. Algunos hombres se reían de mi porque yo lloraba. Tenía que cerrar los ojos para no ver lo que sucedía. Llegó un momento en el que no sentía nada” explicaba Karla a Rio Negro. Hoy es una activista social en contra de la trata. Consiguió salir a los 16 años junto con su hija, el fruto de su explotador y secuestrador.

Este desgarrador testimonio no es único, por desgracia la trata no moco de fronteras, no es sólo un problema de zonas deprimidas de América Latina, todo lo contraria ya que el beneficiario de la explotación sexual suelen ser hombres blancos, occidentales.

 

Tras la guerra las niñas son las víctimas más débiles, doblemente victimizadas al ser secuestradas como fue el caso de jóvenes yazaidies rapadas por terroristas de Daesh y la antigua al Nusra, actual Fateh al Sham, para ser subastadas públicamente en Arabia Saudita donde son reducidas a esclavas sexuales. Sí, Arabia Saudita, ese país tan democrático con el que España tiene unas relaciones inmejorables.

Bosnia también fue, tras la guerra, el infierno de muchas jóvenes mujeres, ya que tras la intervención armada extranjera no se pacificó la zona como se dijo, en verdad nunca sucede, ocurre todo lo contrario.
Policias de la ONU abrieron un negocio muy lucrativo en el ciudad de Bijeljina, donde acababan las jóvenes que los miembros de la policía de las Naciones Unidas captaban en Europa del Este para posteriormente venderlas en Bosnia.
La ONU paralizó la investigación interna para que de escándalo no se conociera.
La investigación preliminar estuvo a cargo de David Lamb, un ex funcionario de la Policía de Filadelfia y ex agente de la ONU, quien junto a un grupo colaboradores fue amenazado y obstaculizados en la investigación de las violaciones de Derechos Humanos en Bosnia por parte de sus superiores, en particular por un funcionario de la ONU de origen ucraniano, quien terminó por ordenar la suspensión de las investigaciones.
Lo más seguro es que dentro de algunos años, salgan a la luz las tropelías del régimen nazi ucraniano que campa a sus anchas sembrando el miedo y la sangre por el país, de manera más abundante que la escasa información que nos llega del conflicto, el rechazo entonces será contundente pero ¿de qué servirá?, las víctimas nunca lo olvidarán y nosotros olvidaremos muy fácilmente, al punto de no evitar una nueva barbarie protagonizada por la OTAN o los ejércitos paramilitares entrenados por la propia OTAN.

La utilización por parte de organizaciones criminales de mujeres y niñas con el objetivo de sacar un reducto económico explotando sexualmente su cuerpo, es sin lugar a dudas un problema del siglo XXI , contra el que todas las feministas debemos luchar por el futuro de la sociedad y solidaridad con las víctimas. Las heridas físicas pueden llegar a curarse pero mucho más profundas son las psicológicas, las cuales no desaparecen jamás. Siempre quedará la tremenda cicatriz de haber sido sometida, humillada, vejada, tratada como una muñeca en manos de hombres sin conciencia ni escrúpulos.
No permitamos que nuestra apatía sea el velo que permitan a las mafias que trafican con mujeres y niñas seguir operando impunemente. De la concienciación estará condenar al traficante y al que se aprovecha directamente de la explotación, en este caso al putero, porque no hay nada más contrario al ser humano que deshumanizándolo.

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