Por Iria Bouzas

La Red Española de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN)  ha presentado un informe, basado en datos del Ministerio de Empleo, donde se pone de manifiesto que casi 5 millones de las pensiones que se abonaron en el año 2016 en España no han llegado a los 677€ mensuales.

Esto implica que al menos, 5 millones de ciudadanos españoles perciben unos ingresos que los sitúan por debajo del umbral de la pobreza, ya que es en esta cantidad, 677€, en la que se marca el límite a partir del cual una persona está expuesta a caer en exclusión social.

Dentro del grupo de pensionistas pobres, sale especialmente malparado el de las mujeres ya que el 84% de las pensiones de viudedad pertenecen a este colectivo y es conocido el hecho de que son sensiblemente inferiores al resto.

La cifra total de españoles riesgo de pobreza se situaba a cierre de 2016 en 10.269.000 personas. Es decir, un 22.3% de toda la población.

Aproximadamente uno de cada cuatro seres humanos con los que usted se cruza cuando sale a la calle es pobre. Eso suponiendo que no tenga la desgracia de serlo usted mismo.

Pensionistas, minusválidos o parados tienen todas las papeletas para convertirse en “desechos” de un sistema económico que todavía tiene la desfachatez de definirse a sí mismo como “Estado del bienestar”.

Los dirigentes de este país no deberían permitirse perder ni un solo minuto al día en otra cosa que no sea sacar a estas personas de las cunetas de la sociedad. No existe ninguna prioridad más importante para un político que la de asegurar una vida digna a sus ciudadanos. ¡Ninguna!

Una sociedad no puede autodenominarse como avanzada teniendo a una cuarta parte de sus componentes rozando o cayendo en la exclusión social. Y esto, sólo puede conseguirse desde la solidaridad de todos.

El modelo competitivo no es eficiente por mucho que algunos lo repitan una y otra vez. ¿Quién puede garantizar que un niño de una familia acomodada que ahora mismo se esté formando en un colegio de élite va a ser más útil para la sociedad que un pequeño que malviva en una familia desestructurada y que esté a punto de fracasar académicamente?

¿Qué neoliberal puede certificanos que no estamos dejando hundido en la marginalidad a un pequeño con la capacidad de desarrollar una medicación que cure el Alzheimer?

Cuidar como sociedad de los más débiles y vulnerables, debería ser algo que hiciésemos por principios, la solidaridad y la colaboración deberían venir dados de nuestra propia humanidad.

Pero como los principios parece que se han ido sumidero abajo hace mucho tiempo, nos queda al menos apelar a la ineficiencia social que supone dejar a un cuarto de la población aislada sin poder aportar al resto de la comunidad, únicamente centrados en sobrevivir o mejor dicho, en malvivir.

Parece que la pobreza se ha vuelto algo invisible. Parece que ni está en la agenda ni interesa oír hablar de ello. Así que la obligación de aquellos que tenemos medios donde expresarnos es la conseguir que les duelan los oídos a aquellos que tienen el poder para cambiar esto, de tanto escucharnos repetir que no estamos dispuestos a conformarnos con esto.

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