Medicos sin Fronteras

El director del hospital Hama Central/Sham nos explica lo que vivió el pasado miércoles durante el bombardeo a su centro médico. “A día de hoy ya no es seguro pasar demasiado tiempo dentro de un hospital”, asegura tras recordar que han sido alcanzados ya 10 veces.

Ambulancia dañada en el hospital de Hama Central/Sham, en la gobernación de Idlib, Siria.MSF

“Nuestro hospital abrió en 2012, a las afueras de Hama. Era un lugar pequeño, solo tenía un quirófano y una sala de recuperación. No estaba del todo equipado, ya que la mayor parte de la financiación y de apoyos venían de la comunidad. Nuestro objetivo principal en ese momento era atender a personas que habían resultado heridas por disparos o ataques aéreos. Cualquier tipo de heridas de guerra, al fin y al cabo. Sin embargo, en 2013 fuimos alcanzados dos veces por proyectiles y el hospital quedó destruido.

Todo el personal tuvo que mudarse, así que abrimos una nueva instalación más grande en la que llevábamos a cabo diversas cirugías especializadas. En ese nuevo hospital teníamos más capacidad para lidiar con un mayor número de pacientes. De nuevo fuimos atacados; un total de tres veces más. El último ataque, ya en 2014, lo dejó completamente inutilizable.

Después de ese ataque, el personal y yo nos trasladamos a un hospital improvisado dentro de una cueva para seguir trabajando. Comenzamos a recibir apoyo de MSF. Mientras trabajábamos allí, el personal sanitario y los médicos del área hicieron todo lo que estaba en sus manos para construir un nuevo hospital que respondiera lo más adecuadamente posible a las necesidades existentes. Compramos el terreno y, con la ayuda de distintas ONG, comenzamos a construir una instalación subterránea para protegernos. Lo construimos como un sótano, tres pisos bajo del nivel del suelo, y logramos que acabara por tener todos los servicios que un hospital puede brindar.

Hospitales concurridos y frágiles

Trabajamos en este hospital durante más de seis meses brindando una ayuda vital a los residentes del área. Atendíamos una media de 6.000 pacientes y llevábamos a cabo unas 500 cirugías de todo tipo cada mes. Pero el año pasado, en 2016, el lugar fue de nuevo golpeado por un ataque aéreo, lo que nos hizo  tener que regresar al hospital que estaba dentro de la cueva  mientras este era reconstruido. Sin embargo, el de la cueva también fue golpeado y uno de nuestros compañeros murió en el ataque. Decidimos regresar al “hospital sótano” para seguir atendiendo pacientes al mismo tiempo que se realizaba su reconstrucción.

Durante la mañana del martes 26 de septiembre, alrededor de las 6:30 de la mañana, el hospital y sus alrededores fueron golpeados por tres misiles. Uno de ellos impactó y explotó en el piso superior, abriendo un agujero y cayendo hasta el suelo, causando la destrucción del equipo y dañando el quirófano, la sala de rayos X y las salas de cuidados intensivos.

Víctimas masivas

Afortunadamente, estábamos preparados. Todos esperábamos que antes o después se produjese un nuevo ataque. Una semana antes de que nos tocara a nosotros, otros ataques destruyeron tres hospitales en un mismo día. Al quedarse fuera de servicio aquellos hospitales y producirse el cierre de otros por miedo a ser bombardeados, el nuestro pasó a ser el único hospital al que podían dirigirse todos los pacientes de la región. En los últimos días estábamos recibiendo un constante y masivo flujo de víctimas. El primer día del ataque a la ciudad de Qalaat al Madiq, recibimos 60 heridos al mismo tiempo, el segundo día recibimos a 50.

Entre los heridos había muchos niños y ancianos; el más pequeño de nuestros pacientes tenía alrededor de un año. Un bombardeo no discrimina entre un niño o un anciano, ni entre un hombre y una mujer. A lo largo de nuestros 5 años de trabajo, nos acostumbramos a situaciones de víctimas masivas y a lidiar con estas grandes afluencias de pacientes; al igual que nos acostumbramos a tener que hacer triajes para saber a qué pacientes podemos intentar salvar y a cuáles no.

Las dos cosas más importantes

Desde mi perspectiva como director de un hospital en un contexto tan difícil como este, las dos cosas más importantes para mí son recibir a los pacientes y asegurarnos de que sean atendidos; y proteger a mi equipo. No puedes imaginar qué se siente recibir al recibir 50 heridos de repente cuando solo tienes a 30 personas en tu equipo. En teoría necesitas un mínimo de 150 personas para atender a 50 heridos. Por lo tanto, debes estar preparado y asegurarte de que todos estén motivados y listos. También debes encontrar la mejor manera de comunicarte con tu personal cuando se produzca una emergencia. Después, tienes que asegurarte de que salgan inmediatamente del hospital una vez terminado su trabajo. A día de hoy ya no es seguro pasar demasiado tiempo dentro de un hospital.

En estas circunstancias es natural estar cansado, pero salvar vidas es lo que nos motiva a seguir trabajando. Al final del día, cuando ves que has salvado de la muerte a tus pacientes, te sientes aliviado y feliz. Salvar una vida no es sencillo. Este es el sentimiento que más prevalece, no solo entre los médicos y enfermeras, sino entre todo el personal del hospital.

Pero ahora nuestra instalación está fuera de servicio. Necesita ser reconstruida y queremos pedir a las organizaciones que ya nos apoyabais, que nos ayudéis a rehabilitarlo una vez más.

Bombardeado más de 10 veces

Esperamos que las negociaciones en curso puedan poner fin a los ataques aéreos, aunque mucho me temo que el alivio será solo temporal. Según mis cuentas, hemos sido alcanzados por más de 10 bombardeos aéreos a lo largo de las varias etapas por las que ha pasado el hospital desde su creación en 2012.

En general, la provisión de atención médica en el área es muy limitada en términos de servicios e infraestructura. Esto era una realidad incluso antes de la guerra y, ahora que añadimos este componente a la ecuación, la atención está menguando terriblemente. Esto provoca que el personal se vaya, especialmente durante los últimos meses. No sabemos qué depara el futuro, todo está relacionado con la política y la guerra, pero nuestro trabajo es continuar tratando a nuestros pacientes lo mejor que podamos.

Apoyamos al hospital Hama Central/Sham con donaciones médicas regulares desde 2014, a pesar de no ser la principal organización de soporte. Operamos directamente cuatro instalaciones de salud y tres equipos móviles en el norte de Siria, y trabajamos de manera asociada con otras organizaciones en cinco instalaciones más. En las áreas del país donde no podemos estar directamente presentes, proporcionamos apoyo a distancia a otros 73 centros médicos. No hay personal nuestro en las instalaciones que apoyamos a distancia. Nuestras actividades en Siria no incluyen áreas controladas por el grupo EI, puesto que no se han obtenido garantías de seguridad e imparcialidad de sus líderes. Tampoco podemos trabajar en áreas controladas por el Gobierno, ya que a pesar de haber solicitado innumerables veces el permiso desde el inicio del conflicto, no se nos ha concedido el acceso. Para asegurar la independencia de presiones políticas, no acepta fondos de ningún Gobierno para llevar a cabo nuestro trabajo en Siria.

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