El Índice de Precios del Trabajo (IPT) de 2015, publicado hoy por el INE, vuelve a reflejar la intensa caída de los salarios en nuestro país durante los años de la crisis. En concreto, en el periodo 2009-2015, los salarios han perdido 9 puntos porcentuales de poder de compra. Es necesario un aumento real de los salarios a partir de 2018, hasta establecer por convenio un sueldo mínimo de 1.000 euros, con el fin de compensar la pérdida de poder adquisitivo perdido en estos años atrás y consolidar la actual etapa de crecimiento económico sobre unas bases más sólidas que las actuales.

Los datos del Índice de Precios del Trabajo (IPT) de 2015, publicados hoy por el INE, vuelven a certificar el intenso desplome que sufrieron los salarios en el período 2011-2013, y la escasa recuperación que se está produciendo desde 2014, cuando se ha recobrado el crecimiento de la actividad. El resultado es que los salarios persisten en niveles de miseria y que la gran mayoría de las familias trabajadoras siguen con grandes dificultades para llegar a fin de mes.

La importancia de los datos del IPT es que reflejan lo que ha sucedido con los salarios una vez descontado el llamado efecto composición del empleo, es decir, los cambios que se afectan a las retribuciones pero que no tienen que ver con modificaciones estrictamente del salario, sino del número de horas trabajadas, del tipo de contrato, de la estructura de ocupaciones, etc. De esta manera se obtiene una imagen más fiel de lo que ha sucedido exclusivamente con las retribuciones. Y esta imagen es demoledora.

Según el IPT, los salarios nominales cayeron en el cuatrienio 2011-2013 en 2,9 puntos porcentuales. Puesto que los precios de consumo (IPC) aumentaron en ese mismo período un 9,1%, los salarios perdieron 11 puntos de poder de compra. En 2014 y 2015, los sueldos crecieron muy escasamente (0,8% y 0,7% respectivamente), pero la caída de los precios (algo extraordinario y anómalo en una economía, que desde finales de 2016 no existe) permitió que ganaran 1 y 1,2 puntos de poder de compra en esos años.

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El saldo acumulado en ese período de 2009 a 2015 es una pérdida de poder adquisitivo de los salarios de 9 puntos porcentuales; es decir, que los trabajadores y las trabajadoras de nuestro país podían comprar en 2015 un 9% menos de bienes y servicios que seis años antes, con lo que eran un 9% más pobres. Y lamentablemente, los datos de otras fuentes estadísticas conocidos ya para 2016 y 2017 muestran que la situación no ha mejorado en estos años más recientes.

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Todo ello pone de relieve la necesidad de que los salarios crezcan de manera nítida en 2018 y en los años venideros. Es una necesidad de nuestra economía y de nuestra sociedad. Sin mejores salarios no será posible consolidar la actual etapa de crecimiento económico sobre bases más sólidas, no lograremos cambiar el modelo productivo de nuestro país para hacerlo más eficiente, competitivo y sostenible, no crecerán de manera adecuada los ingresos de la Seguridad Social, no se reducirán los elevados niveles que sufrimos de desigualdad y pobreza y, por supuesto, no mejorará como merece y necesita la calidad de vida de la inmensa mayoría de nuestra población, que es la clase trabajadora.

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