Por Javier Cortines

Una de las cosas más chocantes del referéndum catalán (por eso es necesaria la contrainformación), fue el mega enfado del muy honesto y legítimo gobierno de Mariano Rajoy, rabieta provocada por la cobertura que hicieron de la consulta electoral del 1-0 los principales diarios y cadenas de radio y televisión de medio mundo.

Este escriba – que lleva décadas dedicado al periodismo en medios nacionales e internacionales–, jamás había escuchado “tamaña protesta mariana” (con su respectivo coro griego) en las democracias avanzadas.

La casta daba a entender que la prensa extranjera “estaba escrita por el diablo” e ignoraba el cuasi divino relato oficial (incluido el de los medios del establishment). Esa cantinela sólo la he escuchado, trabajando en el terreno, en países con regímenes autoritarios o en “democracias raquíticas”, tipo la nuestra.

Esos gobiernos -el nuestro fue el último regalito de Franco– no han querido o no han sabido desprenderse de los tics y de los puñetazos en la mesa que heredamos del tirano. (Yo conocí a Felipe González cuando disparaba “su rojez” a finales de la década de los setenta en mítines universitarios y os puedo asegurar que Pablo Iglesias, comparado con aquel joven dirigente socialista, es una monjita de la caridad).

A los corresponsales extranjeros de las democracias avanzadas es muy difícil engañarles. Suele ser gente muy viva que sabe muy bien dónde está la información y cómo conseguirla. Todos ellos toman el pulso a los poderes fácticos (Iglesia, universidad, uniformados, empresarios etc., y huelen, como nadie, lo que pasa en la calle (la escuela de la vida).

Luego, con todo eso toman el pulso a la comunidad internacional y, pegando lo anterior a lo que ven sus ojos y oyen sus oídos “arman el muñeco”. Sus crónicas, -lo que debe ser terrible para Mariano Rajoy y los asteroides que giran a su alrededor-, coinciden en lo esencial.

El mejor titular de la movida catalana lo dio, sin duda, The New York Times: “Rajoy es un matón intransigente”.

Los reporteros foráneos, (considerados como una plaga egipcia por los gobiernos corruptos), en el caso catalán han pasado de prohombres “estrella Polar” como Mariano Rajoy, Felipe González y hasta del propio marqués de Vargas Llosa, extraña mezcla de literato y presidente frustrado de Perú que no desperdicia ninguna oportunidad para llenarse los bolsillos de plata (no plomo) o poner orden en el mundo.

Los corresponsales (a los que el gobierno “no supo” o no pudo vender su relato) denunciaron las cargas policiales contra un pueblo indefenso que sólo quería meter una papeleta en una urna y tacharon de incomprensible que “esa actitud represiva” continúe en la Europa del siglo XXI.

También disgustó a Rajoy que los “pro catalanes” escribieran en negrita los llamamientos que hicieron al diálogo los principales líderes europeos y organizaciones continentales (UE) e internacionales (ONU), incluida la portavoz del Departamento Estado estadounidense, Heather Nauert.

Por otra parte, me siento avergonzado de la actitud de ciertos grupúsculos (verracos en todos los sentidos, como dice la sabia Laura) que intimidaron, presionaron e incluso ejercieron la violencia contra periodistas españoles desplazados a Cataluña. Todo el mundo tiene derecho a dar su opinión aunque coincida con “la voz del amo”. Hoy día se penaliza, como todos saben, tener ideas propias. Eso es sinónimo de puto paro y exclusión social.

Tratar así a los reporteros españoles no sólo es propio de verracos, sino que también desprestigia, mancha, cualquier proyecto de República Catalana Independiente pues, sin un cierto grado de civilización, el único avance posible, es hacia atrás.

Tampoco son “culpables de nada” la policía y la guardia civil. Fueron enviados por los que tiran la piedra y esconden la mano. La mayoría de ellos hubiera deseado no ir a Cataluña y que los políticos hubieran encontrado una solución pacífica. Pero eso es pedirle peras al olmo.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para recordar a Mariano y a su mosquito Rivera (el del 155) que no se puede tapar el Sol con un dedo y que, si en casa y más allá de nuestras fronteras nos piden diálogo, el líder del PP no debería cobijarse bajo las faldas-banderas.

 

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