Por André Abeledo

No creo que la independencia sea la solución para la clase trabajadora en Cataluña, porque el problema de la clase obrera se llama capitalismo y la verdadera lucha se llama lucha de clases, una guerra entre explotadores y explotados que no entiende de fronteras en un mundo donde la explotación esta globalizada. Una lucha de clase que continua vigente como motor de la historia.

Las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas fueron fundamentales en el desarrollo del derecho de libre determinación.

Pero entiendo que un pueblo puede sentir la necesidad de decidir su destino, sobre todo cuando desde los poderes del Estado español, desde casi siempre, se ha tratado de imponer un idioma, una cultura y una historia, eso es opresión.

Entiendo además la autodeterminación como un derecho fundamental, el derecho que deben tener los pueblos a decidir su destino, el derecho a acertar o equivocarse.

Autodeterminación e independencia no son sinónimos, como algunos quieren hacernos creer, el derecho a decidir no tiene como efecto la independencia, podría ser que el pueblo tomase esa decisión, o no.

El Estado español está en manos de un Partido Popular nacido de Alianza Popular, un partido nacido desde las filas de los dirigentes del Franquismo, un gobierno que oprime a toda la clase obrera, un partido que mantiene el “una, grande y libre” del franquismo en su ADN.

El PP ha demostrado en aquella nacionalidad histórica donde gobierna, como es el caso de Galicia, trata de destruir las señas de identidad de un pueblo, de una nación, su lengua, su cultura, su historia, este es el contexto de un Estado que no ha sabido dar más respuesta que la represión y los oídos sordos a un problema real.

Nadie ha hecho más por la independencia de Cataluña que Mariano Rajoy y su Gobierno.

Negar el sentimiento nacional de un pueblo, negar que Galiza, Catalunya o Euskadi son naciones, es un ataque a la convivencia y a la unidad.

Las amenazas no son argumentos ni solucionan problemas de convivencia, eso es algo que la derecha española no quiere entender.

En democracia no se puede dar respuesta a las reivindicaciones de un pueblo con amenazas y represión. Ese es el lenguaje de las dictaduras.

Defender el derecho de autodeterminación es legítimo y ser independentista también, quien defiende estas posturas no es un delincuente, ni un terrorista.

El PP en Cataluña intenta apagar un fuego que ayudó a encender con gasolina.

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