Texto: Ana Barba

Ilustraciones: realizadas y extraídas de TW por la autora

 

El PP de Madrid, por boca de su portavoz en el Ayuntamiento de la Capital, Martínez Almeida, censura la presencia de los Concejales de Ahora Madrid, Carlos Sánchez Mato y Pablo Carmona, en debates sobre municipalismo. Esta censura viene a sumarse a la intolerable opinión xenófoba de la concejala de Cs Silvia Saavedra sobre otra de las concejalas del equipo de Gobierno Municipal, Rommy Arce. En las últimas semanas estamos asistiendo a una escalada de intolerancia y autoritarismo por parte de los partidos de la derecha, al calor de la oleada de falso patriotismo que ha provocado el conflicto catalán. Este ataque a la libertad de expresión es sólo la punta del iceberg. Recordemos que Rommy Arce sufrió un intento de reprobación por ceder un espacio público a una asociación por el derecho a decidir y que otro concejal del equipo de Ahora Madrid, Mauricio Valiente, también ha sido censurado recientemente por los partidos de la derecha madrileña debido a sus actuaciones en materia de Memoria Histórica o Derechos Humanos. No los atacan por su labor de gobierno, sino por su ideología o por el uso de su libertad de expresión.

Durante los últimos tiempos muchas personas poco avisadas se congratulaban porque en España, al contrario que en otros países occidentales, no emergía un partido de ultraderecha. El motivo, según venimos manteniendo desde distintos colectivos de debate político, no es otro que la particular composición de nuestra clase política y empresarial, directamente salidas del más rancio tardofranquismo. No hace falta que surja un nuevo partido, pues la ultraderecha ya habita entre nosotras y está en el seno del PP, en los consejos de administración de las grandes empresas y en los consejos editoriales de los medios de comunicación del régimen.

El conflicto catalán no ha hecho sino saltar las alarmas de lo que venimos llamando el R-78, esto es, de los poderes emanados directamente del franquismo y de sus mamporreros, antiguos y modernos (léase PSOE, sindicatos mayoritarios, Ciudadanos). El soberanismo catalán les ha metido el miedo en el cuerpo; por primera vez en 80 años se han enfrentado a un movimiento alternativo que no han podido sofocar, como sí se hizo con el Movimiento Ácrata del último franquismo, el Movimiento Autónomo de los 90 o el Movimiento 15M más recientemente, todos ellos neutralizados de un modo u otro. Muy al contrario, todas las medidas políticas, legislativas, represivas o propagandísticas que han empleado no han hecho sino acrecentar el movimiento rebelde en Cataluña. Por tanto, en esta recta final de la crisis, han tenido que emplearse a fondo contra sus atacantes, lo que ha generado un clima de autoritarismo nunca antes vivido tras la Transición. Ese clima ha resultado ser el caldo de cultivo ideal para que emerjan y se desarrollen todos los elementos ultraderechistas de esta sociedad, que permanecían en hibernación durante estos últimos 40 años.

En este clima de involución democrática, los representantes de la derecha, tanto de PP como de Ciudadanos, se permiten demostrar su verdadera cara, xenófoba y autoritaria, llena de odio por lo diferente y por la libertad. Es en este contexto en el que hay que interpretar las declaraciones o manifestaciones en redes sociales de muchos miembros de partidos del R-78, viejos o nuevos, de los cuales los que ilustran este texto son sólo algunos ejemplos.

Hoy, 21 de octubre de 2017, el Gobierno central ha decidido aplicar el artículo  155 de la Constitución en Cataluña. Y no de cualquier manera, lo van a aplicar del modo más duro y autoritario posible. El ambiente “ultra” general permite que algunos individuos pidan que se aplique el 155 a otras autonomías díscolas, como la de Castilla-La Mancha. Tal vez pidan pronto lo mismo para Cantabria, como castigo a su Presidente, un disidente muy mediático. En fin, no sabemos la deriva que la situación de involución política podrá llevar. Lo que sí sabemos es que el huevo de la serpiente ha eclosionado en España.

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