El auge de las ventas online ha llevado al cierre de multitud de centros comerciales en EEUU, ha hecho desaparecer decenas de firmas y ha logrado que se tambaleen los cimientos de los gigantes de la distribución. 233 de las mayores marcas de venta minorista han quebrado desde 2010; más del 10% del espacio comercial, unos 305 millones de metros cuadrados, cerrará como consecuencia de la venta online. Se estima que 8.600 tiendas cerrarán en 2017, según informa el sindicato UGT.

Esta profunda crisis de la venta tradicional tiene consecuencias sobre el empleo. El trabajo que crean estos  gigantes de la venta electrónica es temporal, muchas veces parcial, habitualmente mal pagado, con una altísima rotación, con turnos de trabajo y horarios muy exigentes y con muy pocas garantías y derechos laborales. Los robots que llevan paquetes de forma autónoma por los almacenes de Amazon, por ejemplo, son tareas que al no realizar personas, no crean nuevos puestos de trabajo. El reparto de paquetería a través de drones va en la misma dirección: eliminar empleo. Menos empleo neto, muy precarizado, que solo crea trabajadores pobres y que incrementa de forma indiscutible la inseguridad.

El peligro de concentrar este negocio en unas pocas empresas transnacionales, que revierten sus beneficios y sus impuestos en otras latitudes, lamina la economía nacional, la competencia y el Estado del Bienestar.

En España

El impacto del comercio electrónico no alcanza todavía los niveles de EEUU, pero arroja una tendencia al alza imparable. El porcentaje de personas que compran online una vez al mes ha pasado de un 34% en 2010 a un 50% en 2017. Los estadounidenses superan el 75%.

En nuestro país, 18,5 millones de personas ya han comprado por Internet en alguna ocasión, la mitad de ellos en el último mes y casi 14 millones en los últimos tres meses. En varios de estos negocios es donde ya podemos ver las consecuencias del auge del comercio electrónico: menos agencias de viajes, las dificultades de grandes almacenes de venta directa de electrónica y electrodomésticos, etc.

El trasvase de comercio al por menor hacia medios digitales va a acabar cerrando miles de comercios minoristas, destruyendo muchísimos empleos, empobreciendo nuestra economía y acrecentando la desigualdad. Con regulaciones adecuadas, una vigilancia económica ad hoc y medidas de reconversión tecnológica del empleo en España podremos evitar los errores de otros países.

Deja un comentario