Según la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), el origen del problema viene de 1996, cuando la entonces Consellería de Industria e Comercio encargó la realización del “Proxecto de Ordenamento Eólico de Galicia” -también denominado “Plan Eólico Estratéxico”- a la empresa privada APASA-GAMESA, que se convirtió así “en juez y parte” al lograr en aquel momento el 22% de la potencia eólica concedida a nivel autonómico.

La consecuencia directa, para la SGHN, fue que en la planificación eólica de Galicia “se primasen los intereses empresariales obviando o minusvalorando los criterios ambientales facilitando una avalancha de parques eólicos en terrenos de muy alto valor ambiental pero legalmente desprotegidos” porque la Xunta de Galicia no elaboró hasta el 2004 una propuesta de protección de la Red Natura “mínimamente aceptable” en Bruselas. De nada sirvieron los intentos de la entidad para conocer el criterio administrativo empleado en tal decisión, que llegó a presentar una queja ante el Valedor do Pobo obteniendo el amparo del organismo. Sin embargo, la Consellería de Industria y Comercio se negó finalmente a facilitar la información solicitada con el colectivo.

Para la SGHN, los impactos ambientales se agravaron al tolerar otros departamentos de la Xunta, como las Consellerías de Industria y Medio Ambiente la tramitación fragmentada de pequeños parques eólicos próximos o adyacentes, a menudo de una misma empresa, evitando así la evaluación de los efectos acumulativos y sinérgicos de muchos proyectos de energía eólica sobre el medio natural.

Lamentablemente, para el grupo, también son aplicables las conclusiones de SEO/Birdlife, que en un exhaustivo informe sobre la energía eólica a nivel estatal afirma que los parques eólicos “no están siendo evaluados de forma adecuada y eso conlleva la autorización de muchos parques que están provocando elevados impactos ambientales”.

LA BIODIVERSIDAD SE LLEVA LA PEOR PARTE

De este modo, junto a los hábitats de interés o de conservación prioritaria en la Unión Europea sepultados bajo infraestructuras de parques eólicos que nunca se debieron construir, “los vertebrados voladores son los que se están llevando la peor parte del impacto de la energía eólica en Galicia“, pues en base a las estimaciones de Atienza et al. (2001), de que anualmente mueren en Espana entre 4 y 18 millones de aves y murciélagos en los parques eólicos (153 a 551 individuos/año por megavatio instalado) y la contribución de Galicia a la potencia eólica de España (3.289 de los 26.671 megavatios instalados), la mortantad de vertebrados voladores ocasionada por las instalaciones eólicas en Galicia, estaría, entre aerogeneradores y tendidos eléctricos, “entre el medio millón y casi dos millones de ejemplares”.

REPOTENCIACIONES SIN CRITERIO AMBIENTAL

Para la SGHN, “en este escenario de impacto ambiental inasumible” y con los parques eólicos más antiguos cerca del final de su vida útil, en los últimos años han comenzado a presentarse proyectos de repotenciación de algunos de ellos en los que se plantea la sustitución de muchos pequeños aerogeneradores por unos pocos mucho más grandes, pero manteniendo la potencia total instalada.

Para la entidad, lo razonable sería que la repotenciación de los parques eólicos existentes contemplase no sólo la “actualización tecnológica” de los mismos, como pretenden las empresas solicitantes, sino también su “actualización ambiental”, para “corregir los errores cometidos en el pasado” y conseguir que, además de renovable, la energía eólica en Galicia sea lo más “amigable” posible con el medio natural.

“Lamentablemente -apuntan desde la SGHN- no está siendo así, y la documentación de los efectos ambientales presentados por las peticionarias, además de revelar que los Programas de Seguimiento Ambiental de los parques existntes no cumplen con los requisitos mínimos necesarios, se siguen evaluando deficientemente los impactos sobre los espacios protegidos, los hábitats de interés para la conservación y las especies amenazadas“.

 

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