Por Cynthia Duque Ordoñez

Hoy volvemos a recordar un año más, el episodio más trágico de nuestra historia reciente, que por desgracia ha marcado nuestra historia en los últimos 81 años.

Más de 80 años desde que los ríos se tornaran carmesí y los campos yermos tumbas silenciosas, de los olvidados, por la democracia naciente tras el régimen.

Todo empezó un trágico 17 de julio en Melilla cuando un grupo de  militares fascistas junto a unos mercenarios extranjeros se adelantan a sus planes insubordinándose contra el gobierno electo, sumergiéndonos en el oscurantismo durante 40 años y que todavía hoy no encuentra justicia

El golpe de Estado fascista duró varios días, desde el 17 al 21 de julio, hasta que se desató la guerra tras el golpe fallido, ya que no todo el ejército se sumo a él ni en un primer momento se hicieron con las Cortes. Se desató la guerra entre miembros de una ideología en auge en esos días proveniente de Alemania e Italia y por otra parte el ejército de la II República española elegida por sufragio universal. A la contienda no sólo se sumaron españoles en defensa de la libertad, la igualdad y solidaridad sino también jóvenes venidos de todas partes del mundo que compartían los mismos valores revolucionarios. Hablamos de las Brigadas Internacionales.

En memoria de los que lucharon por la universalidad de la democracia

Las Brigadas Internacionales eran unidades militares formados por jóvenes voluntarios y veteranos de la I Guerra Mundial que vinieron a España desde 60 países diferentes para luchar contra el fascismo que se integraron en el ejército de la II República.

España fue el frente en el que, con anterioridad a la II Guerra Mundial, se dirimió entre democracia, incipientemente socialista, y fascismo. Mientras en Europa, EE.UU se posicionaron en contra del nazismo, en España la democracia republicana contaba con la ayuda de jóvenes comprometidos y el apoyo soviético para luchar contra el fascismo español, italiano y alemán. Los tres años de guerra fueron el ensayo que  Hitler y los países aliados necesitaban antes de  dar comienzo a la II Guerra Mundial.

Más de 35.000 hombres y mujeres, jóvenes antifascistas venidos de todo el mundo, de países como Francia, Hungría, Polonia, Alemania, Italia, la URSS, EE.UU o Libia entre otros muchas naciones que a riesgo de sus propias vidas vinieron a nuestro país a luchar del lado de sus hermanos por la democracia. Perdieron la vida 10.000 efectivos. Las Brigadas Internacionales fueron entrenadas por los partidos comunistas de Francia y de la URSS.

Las Brigadas Internacionales defendieron Madrid hasta febrero de 1937, manteniendo a raya a las tropas sublevadas en zonas como la Casa de Campo o la Ciudad Universitaria. En la Batalla de Jarama lucharon fieramente aunque sufrieron numerosas bajas las brigadas norteamericanas e inglesas.

Hace un año el anterior presidente de EE.UU, Barak Obama visitó España, siendo agasajado por nuestros políticos, uno de ellos, Pablo Iglesias, le hizo entrega de un presente. El regalo fue el libro The Lincoln Brigade. A picture history, sobre los voluntarios norteamericanos de la Brigada Lincoln que lucharon en España contra el fascismo desde 1936 a 1938 y donde Oliver Law fue el primer afroamericano en comandar tropas americanas.

Es curioso que años después de tomar esta fotografía los gobiernos, norteamericano y franquista, pactaran la creación de bases militares en España, olvidando al gran número de voluntarios, de camaradas, que dieron su vida luchando por la democracia y contra el fascismo con el que pactaban y al que aceptaban. Los muertos parecieron no importar, tan mudos y quietos, en sus cunetas olvidadas.

Ante la presión internacional por una más que probable guerra mundial el gobierno republicano reúne a los internacionalistas y dice ser obligado a despedirlos, dándose por vencidos y tratando de negociar a dos bandas, tanto con gobiernos europeos como con fascistas españoles una salida para ellos. Miles de comunistas esperaron a sus ejecutores entre rejas, traicionados por quienes juraron protegerlos.


Los brigadistas combatieron por última vez el 23 de septiembre de 1938, pero no sería hasta el 27 de octubre que los internacionales del Ejército del Centro y de Levante con 1.500 hombres serían reagrupados en Valencia. Al día siguiente fueron reunidos los brigadistas de Cataluña en Barcelona.

En Barcelona el ejercito los homenajeó con un desfile el día 28 de octubre bajo el lema: Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino! La ciudad fue engalanada y cientos de pasquines adornaron las calles. Acudieron a la emotiva despedida Companys, Azaña, Negrín, Vicente Rojo y más de 300.000 personas. Los internacionales desfilaron por la Avenida 14 de abril (actualmente Avenida Diagonal), en un ambiente emotivo por el inmenso agradecimiento y cariño que el pueblo español tuvo a estas valerosas personas. La guinda de la despedida fue un histórico discurso de Dolores Ibárruri.

Hubo actos similares de homenaje en Valencia y Madrid. Tras un desfile en el que la gente los despidió entre aplausos y llantos al tiempo que lanzaban rosas a las calles. Después de un espectacular despliegue de cazas republicanos los brigadistas partieron de España. Tanto ellos como los españoles sabían que esa despedida no era la que les hubiera gustado, el fascismo acorralaba a la República y no había salvación para el país.

Se avecinaba la purga franquista de la postguerra y las gentes despidieron a sus hermanos con lágrimas en los ojos y sonrisas en los labios aun sabiendo que la suerte estaba echada, la dictadura era inminente ante el silencio del mundo pero por lo menos esos valerosos voluntarios no morirían ese día.

 

Una guerra sin prisioneros

Todavía hoy, décadas después el ultraje a la democracia vive en la memoria colectiva de la sociedad española. Sobre todo cuando los responsables son homenajeados impunemente en misas e iglesias; los asesinados, civiles en la mayoría de los casos, fueron mal enterrados en cunetas olvidadas sin derecho a ser recordados por sus familiares, olvidados por la Administración que desobedeciendo la Ley de Memoria Histórica y el mandato de la ONU, ni tan siquiera corrige los monumentos que ensalzan antiguos asesinos y dictadores, ni exhuma los cadáveres de todos los inocentes que dieron su vida por defender la libertad y la igualdad.

Se estima que 114.000 víctimas del franquismo siguen en las cunetas, pero el número puede ser mayor ya que se destruyeron numerosas fuentes: los registros civiles y de propiedad fueron arrasados por los militares fascistas y sus mercenarios quedando a su paso pueblos temerosos de recordar a sus familiares secuestrados de madrugada que nunca volvieron.

En una entrevista de un periodista norteamericano al General fascista Yagüe, éste respondía así cuando le preguntaban sobre la matanza de Badajoz: “Naturalmente que los hemos matado, ¿qué se suponía usted? ¿Iba a llevar a 4000 prisioneros rojos en mi columna, teniendo que avanzar contra reloj? ¿O iba a dejarlos a mi retaguardia para que Badajoz fuera rojo otra vez? .“

Una de las mejores políticas de este país, Ángeles Maestro ha escrito a raíz de la entrevista a Yagüe: “ Nos faltan. Hemos vivido con la ausencia dolorosa y muda de la mejor generación de hombres y mujeres que ha parido esta atribulada tierra. Muchos ni siquiera tuvieron tiempo de tener hijos y poder así, al menos, continuar vivos en su memoria.”

Durante el golpe de estado fallido y los primeros años de la posterior guerra las tropas fascistas no hicieron prisioneros, pueblo por pueblo, casa por casa los franquistas secuestraron a civiles, hombres y mujeres, lo mismo daba, ni siquiera tenían que ser personas políticas ni revolucionarias, el fascismo buscaba sembrar terror para que este se extendiera como la peste a las regiones no conquistadas y los pueblos temerosos de los monstruos que se cernían sobre ellos se rindieran. Más adelante los campos de concentración fueron habituales.

Muchos niños quedaron abandonados; otros partieron exiliados a Moscú, despedidos por sus padres en el puerto que al no tener esperanza y temiendo por sus vidas embarcaban a sus hijos con algunos documentos para que no olvidaran su pasado ni orígenes, rumbo a una tierra que había prometido acoger con los brazos abiertos a sus hermanos y hermanas. Los niños refugiados en la URSS tuvieron suerte, fueron cuidados y tratados como héroes mientras que en España sus padres eran asesinados cruelmente, pero por lo menos esos padres sabían que sus hijos no correrían su suerte, ni serian vendidos como otros niños raptados por el ejército fascista.

Erradicar el comunismo de las generaciones futuras

En las zonas controladas por los militares fascistas y durante la dictadura en toda España e incluso hasta los años 90 miles de niños fueron robados a sus madres y padres. No basta decir que fueron sucesos de guerra para que olvidemos la verdad ya que constituyen crímenes de lesa humanidad que se continuaron en el tiempo mucho después de la muerte del dictador. Estamos hablando de un verdadero negocio a costa de familias republicanas, que la Iglesia Católica ayudó a cometer, en cuyas clínicas tenían lugar los raptos a manos de ellas, las monjas, las encargadas de encontrar familias dispuestas a pagar cantidades de dinero elevadas por un bebé sano.

Hoy sabemos que el robo de bebés a mujeres republicanas fue algo extendido durante las dictaduras fascistas, como confirma el sistemático secuestro de mujeres embarazadas durante la dictadura argentina hasta dar a luz para después ser asesinadas por sus captores y torturadores, al tiempo que sus bebes recién nacidos eran dados a familias leales al régimen, para evitar que éstos fueran “rojos” como sus padres.

Mientras el gobierno legisla sobre el cuerpo de la mujer, impide que miles de bebes robados, hoy adultos, descubran sus orígenes y se reconcilien con su pasado. No podemos olvidar que no ha habido justicia contra los golpistas ni contra los torturadores durante la dictadura, ni siquiera una condena pública de la dictadura por parte de partidos como PP o C’s.

España tiene que enfrentarse a su pasado de frente para poder aprender de él, porque quién no aprende de su historia está obligado a repetirla.

Hoy, nuevos partidos fascistas toman posiciones en las calles, es nuestra labor como herederos del saber y de la lucha de nuestras abuelas y abuelos no permitir que ocho décadas después del golpe de Estado fascista un caudillo robe nuestra soberanía.

Actualmente una juez argentina trata de encausar por crímenes contra la humanidad al Estado español por su negativa a investigar los crímenes del franquismo.

La Audiencia Provincial de Madrid ha resuelto que el robo de niños no prescribe, pero por desgracia los expedientes de estos alumbramientos en muchos casos han sido destruidos por las mismas clínicas u hospitales religiosos a los que acudieron las víctimas.

Este artículo está dedicado a aquellas y aquellos que dieron o arriesgaron su vida por la libertad, la democracia y la igualdad entre hombres y mujeres, fueran o no españoles. Doy gracias a personas que como mi tatarabuela, a través del tiempo, me ha enseñado lo que significa luchar por nuestros derechos. Una mujer que vio marcharse a dos hijos a la guerra y uno de ellos partió al exilio a Francia sin ni siquiera poderse despedir, pero que tenia la valentía y el corazón de esconder a jóvenes internacionalistas para luchar todos juntos por la democracia.

“Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla.” ¡Salud y República!

 

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