A los discutidores les importa poco la verdad, sólo buscan agradarse a sí mismos.

Sócrates (Platón, Diálogos)

Por Javier Cortines

El “yo social” y el “yo profundo” no dejan de hacerse preguntas y darse respuestas. En esa charla -que continúa en sueños- nuestras dos mitades discuten acerca de lo que es conveniente para la realización del ser unificado, a saber: seguir la hoja de ruta de lo que marcan los otros o  romper el muro, desaprender lo aprendido en las aulas-jaulas e iniciar la senda que nos señala nuestro maestro interior (el yo profundo).

A veces ese diálogo es complicado porque la cultura dominante nos tiene agarrados por las… Otras la comunicación es diáfana y sentimos como nos crecen las alas tras soltar el lastre que llenaba de plomo nuestro corazón.

Lao Tse

En este mundo de perros, la mayoría somos presos por partida doble: Por las cadenas que nos ponen los jerarcas y las élites, y por los grilletes que nos atamos nosotros mismos por miedo o debilidad. Por miedo a que nos excluyan o porque nos faltan las fuerzas para reafirmar nuestra verdad.

Cada hombre, cada mujer, cada grupo, tiene sus verdades. Todos vivimos en un microcosmos, apagado o estrellado, que muchas veces no se parece en nada al de los otros. La vida no es un sueño. La vida es cabrona e implacable. Para Dios no hay perdón. Es como Clint Eastwood pero a lo bestia. La verdad de los miserables (leed a Victor Hugo) nada tiene que ver con la de los elegidos por los dioses.Todos conocen esa realidad que millones de veces ha sido expuesta por los sabios a lo largo de los siglos.

Algunos dirán que este texto es innecesario, que no aporta nada positivo, pero todo depende del color del cristal con el que se mira. Lao Tse, uno de mis muchos maestros, decía en su manual de filosofía el Tao Te Ching (El Camino): Las palabras hermosas no dicen la verdad, la verdad no puede decirse con palabras hermosas.

El corazón rojo

Y, para ser positivos, una sentencia de la séptima temporada de Juego de Tronos, capítulo IV. Brando Stark, el nuevo Cuervo de Tres Ojos, dice -dejando atónito a su interlocutor Littlefinger (Meñique)-: “El caos es una escalera”.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para decir a la gente que desconecte un rato, si es posible largo, muy largo, de absolutamente todo, y escuche a su corazón, en cuyo centro se encuentra el palacio de nuestro maestro interior. El manantial fundacional de todo lo bello que ha creado el ser humano.

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