Por Javier Cortines
Siento vergüenza “shame”, shame”, cuando nuestros políticos y políticas del establishment humillan, vejan y rematan, cual pieza de caza, a Carme Forcadell diciendo que antes luchaba como una tigresa por la independencia de Cataluña y que, ante el juez Pablo Llarena, se desmoronó, se meó y renegó de todo lo que defendía con tanta convicción y pasión.

Creo -tal vez esté equivocado- que la democracia es, entre otras cosas, decir lo que se piensa tanto en la calle como ante el juez, sin miedo de que el otro se aproveche de tu confesión para tratarte como a un trapo y hundirte en lo más bajo agarrándose a los altibajos de la Dama Ciega.

Quizás hubiera empezado a recuperar la fe en la justicia si Forcadell y los otros investigados de La Mesa hubieran podido hablar con libertad, lo contrario es como declarar con “una pistola en la sien”, y que, tras reconocer que habían cometido graves errores, afirmaran que seguirán luchando por su ideal de fundar una república catalana.

El juez -en ese caso- podría reconocer que han violado la legislación española pero que han acatado la catalana. Y, dejarles en libertad bajo fianza con algunas medidas cautelares. Una resolución así nos haría mirar -me refiero a una franja de la sociedad que no sale mucho en los periódicos- a la justicia con otros ojos. Un dictamen así podría conquistar -quién sabe-a una parte importante de catalanes indecisos y lograr, incluso, que aumentara el número de los que desean seguir unidos a España.

La jueza que metió en la cárcel al vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras y a los siete ex consellers (sin olvidarnos de los Jordis) en un juicio relámpago en clara situación de indefensión, se equivocó rotundamente. Alguien escribió – lo que suscribo sólo parcialmente por lo expuesto arriba- “Pablo Llarena 10- Carmen Lamela 0”. Al menos ese resultado quita algo de sonoridad a los aplausos que recibió la magistrada.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para decir que el día en el que no sea necesario humillarse y renegar de tus ideas para no acabar entre rejas, yo también diré: estoy orgulloso de ser español.

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