Jesús Gómez

La ignorancia y la falta de curiosidad son dos almohadas muy suaves, pero para poder apreciarlos hay que tener la cabeza tan bien formada como Montaigne.

Diderot; Pensamientos filosóficos 

Se escribe y tiene presencia constantemente en la opinión pública el tema de la educación y la reforma educativa para llegar a un buen sistema público de enseñanza. Pero aquí no voy a hacer ningún análisis de nuestro sistema de enseñanza ni a proponer nuevas reformas sino que quiero intentar poner el foco en algo que está relacionado con ella pero no es exactamente eso. Me quiero central en la interrelación entre una óptima formación, el pensamiento crítico y la participación política

Un aspecto fundamental de una democracia es una ciudadanía formada, con un conocimiento general amplio, esto no es nada nuevo ni original. Dado que el 40% de la población declara no haber leído un libro en 12 meses, no es difícil darse cuenta de que existe un grado alto de ignorancia. Esta ignorancia (que es una almohada muy mullida) lleva a una falta de curiosidad o en relación al tema de este artículo inmovilidad política, simplemente a quejarse en el bar pero sin hacer algo más [obviamente no es el único motivo de la escasa participación política]. Una ciudadanía que no se forma e informa será presa constante de la inmovilidad y pasividad política. No pueden involucrarse de una manera satisfactoria en los procesos políticos, con una actitud crítica (que todos las reformas educativas pretenden inculcar) sino se tiene una formación más o menos buena. Aunque como bien relaciona este filósofo dieciochesco el conocimiento requiere un gran esfuerzo que muchas personas no están dispuestas a asumir, aún que merece la pena intentarlo.

Una cabeza bien formada se despierta a la curiosidad, también podemos movernos mejor por la política que aquella que es ignorante, en muchas ocasiones aunque siempre existen excepciones. También una ciudadanía formada es un paso para alcanzar una democracia de calidad porque sería, tal vez, capaz de mantener una distancia crítica y lucidez con los partidos y políticos, que se hace necesario para evitar demagogias y tendencias totalitarias. No dejarse llevar por el primero que se presente en la arena política, cualquier mediocre, cualquier corrupto. Proponer mejores políticos/as, personajes públicos y políticas públicas. Formular unas críticas a los dirigentes por su labor que podamos considerar negativa o a aquellos que los critican porque no estamos de acuerdo con sus opiniones (obviamente siempre desde el respeto), es decir, establecer un debate público con ideas y argumentos bien construidos.

Por otro lado es positivo porque permite conocer mejor el funcionamiento de las instituciones, lo que es muy importante en este sistema político. Nos permite plantear y formular mejor nuestras propias reivindicaciones, quejas, pudiendo hacerlo nosotros mismos ya que poseemos una herramienta importante para ello, evitando paternalismos y liderazgos innecesarios. Una ciudadanía con el afán de procurase un cierto nivel de formación, está en las condiciones de crear un tejido asociativo, una sociedad civil al fin y al cabo, lo suficientemente fuerte y de calidad como para poder ser un actor importante en la Política y no caer en un politiqueo que sólo busca la fotografía.

Un punto crucial para una democracia es que la propia ciudadanía sea capaz de mantener una actitud crítica, una distancia con el poder político que le permita no verse arrastrada y llegar a convertirse en un auténticos sujetos políticos. Y esta actitud crítica sólo se puede conseguir mediante la lectura y no por la manera en que vistamos, nos peinemos o bebamos, como piensan algunos.

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