“El cambio climático ya nos afecta” y “quedan menos de cinco años para iniciar el descenso de las emisiones globales”, declaró el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterrez. Es un buen resumen de los que fue la COP23, palabras bonitas, pero pocas decisiones. Los documentos aprobados en la COP23 muestran nuevamente como la distancia de las posiciones de los Estados bloquea la puesta en marcha el Acuerdo de París. Se repite por tanto el cierre en falso de la COP22 de Marrakech, ante la incapacidad de los negociadores de traducir los compromisos generales en respuestas concretas.

Sin salirse del guión, la delegación estadounidense, que ya dio titulares la semana pasada cuando se convirtió en el único país del mundo fuera del acuerdo de París, se ha dedicado a promocionar las bondades de la quema de carbón. el gobernador de California, Jerry Brown (que recientemente anunció que piensa denunciar a Trump por el daño al clima), parecen inclinados a seguir extrayendo combustibles fósiles (incluso a través del fracking). Aunque ello conlleve amenazar a manifestantes indígenas.

Diálogo de Talanoa

Lo más llamativo de la COP23 ha sido el denominado Diálogo de Talanoa, un teórico proceso que debe culminar en 2018 y en el que se pretende responder a tres preguntas: “¿Dónde estamos? ¿Qué queremos? ¿Cómo lo conseguimos?“. La respuesta a estas preguntas deben ir orientadas a que en 2020 se depositen nuevos compromisos de reducción de gases de efecto invernadero.

El Diálogo de Talanoa es un documento de apenas cuatro páginas en el que se recogen principios generales y la calendarización de nuevas reuniones, pero en el que no existen  propuestas claras sobre qué mecanismos deben habilitarse para adaptar los compromisos nacionales a las indicaciones que realiza la comunidad científica.

Tras dos años desde la cumbre de París el único documento de trabajo es un texto no oficial de 266 páginas que recoge todas las impresiones generales realizadas por los Estados. Sin que exista en el documento oficial con ninguna decisión real.

Mecanismo Internacional de Varsovia: pospuesto nuevamente

El Mecanismo Internacional de Varsovia, que se estableció en 2013, se diseñó para afrontar las pérdidas y los daños que se producirán como consecuencia del cambio climático. Las conversaciones siguen bloqueadas entre aquellos países que reclaman la provisión de fondos y la transferencia de capacidades y tecnologías, frente a aquellos Estados que consideran innecesarios los fondos con este fin y relegan la cuestión a un problema de seguros financieros. Ante la falta de acuerdo, la COP23 opta nuevamente por posponer el diálogo e invitar a los Estados a enviar nuevos comentarios hasta el 1 de febrero de 2019.

La COP23 “vuelve a alentar a las partes a que aporten recursos suficientes para que el Comité Ejecutivo y sus grupos de expertos, subcomités, paneles, grupos asesores temáticos y grupos de trabajo especiales dedicados a tareas específicas puedan realizar su labor con éxito y en tiempo oportuno”. Más de lo mismo, muchas palabras, pocas acciones.

Es necesario afrontar las cuestiones de fondo y establecer mecanismos que aborden el cumplimiento de la responsabilidad individual y colectiva de todos los países. Evitar estos asuntos controvertidos perpetuará el bloqueo en el que se encuentra la lucha climática. De nada sirve tener reuniones a nivel mundial si no pueden asistir activistas, que viven a pie de campo el cambio climático, y se dejan las decisiones en manos de burócratas.

 

Deja un comentario