La muestra de solidaridad que tuvo lugar el sábado, 26 de agosto, en Barcelona, fue buena y bella, pero se convirtió en algo letal: en una pistola que comenzó a disparar tiros por la culata.¿Si no nos entendemos entre nosotros, como vamos a entender a los demás?

Por Javier Cortines

Cuando parecía que todos estaban unidos como una piña para mostrar su dolor por la muerte de los inocentes que cayeron a manos de macabros asesinos, la realidad, esa cosa tan desagradable que nos fastidia la siesta, nos estalló a todos en la cara dejándonos en pelota viva.

El mensaje solidario de “todos somos Barcelona”, esgrimido en la manifestación celebrada el último sábado de agosto, fue interpretado por “los saboteadores”como “un Caballo de Troya” para conquistar la urbe. Así, lo que era bueno y bello, se convirtió en algo letal: en una pistola que acabó disparando tiros por la culata. ¿Si no nos entendemos entre nosotros, como vamos a entender a los demás?

Puigdemont, que es más testarudo que un buey que ignora los caminos que llevan al precipicio, se ha visto aupado por las esteladas (banderas independentistas) y los pitidos que jalonaron la manifestación de duelo, mientras Mariano Rajoy, alelado con la cabeza debajo del ala, despertó y ondeó la bandera pirata, anunciando su desembarco en Rocadragón.

Una parte de catalanes, nada despreciable, quiere fundar “en suelo liberado” la primera república catalana del siglo XXI. Intuyendo el coeficiente intelectual de nuestros gobernantes, no hace falta ser adivino para adelantar que se nos viene encima un espectacular choque de trenes.

Como ambos lados se parecen a los jabatos que tiran de los extremos de la misma cuerda,y luchan por tumbar al oponente haciendo el mínimo uso de materia gris, nos espera un otoño, muy, muy caliente.

Pronto Rajoy volverá a amenazar a los más vulnerables, empezando con los pensionistas (les dirá que peligra su supervivencia), y Puigdemont, flamante presidente de la Generalitat, culpará de todas las desgracias de Cataluña a Madrid y al heredero de Franco, el ilustre gallego que se considera mucho, mucho español.

Ya que Madrid y Barcelona no hallan puntos de encuentro ¿Por qué no buscar un mediador imparcial que entienda a las dos partes, y que tenga  visión para detener el vuelo de la esperanza antes de que abandone la Caja de Pandora?

Me temo que ya se ha perdido mucho tiempo sin ofrecer alternativas y ahora, visto lo que somos y lo que tenemos, sólo nos queda contemplar desde el Gran Teatro del Mundo cómo se despellejan los Hunos y los Otros.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para anunciar que Rajoy ya ha soltado al Cuervo de Tres Ojos y que éste lleva un mensaje, cargado de pólvora, para minar los pilares de la “utópica república”.Puigdemont, por su parte, sigue guardando un as en la manga: su fe en la torpeza capitalina.

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