El crecimiento continuo de las emisiones de un compuesto llamado cloruro de metileno podría provocar un retraso sustancial de más de una década en la recuperación del ozono estratosférico sobre la Antártida.

El Protocolo de Montreal, implantado en 1987 para paliar los efectos sobre la capa de ozono, pretendía restringir el uso de aquellos compuestos que pudieran afectar a la capa y permitir que esta se fuera regenerando. La norma ha sido efectiva: el Agujero de Ozono Antártico habría sido un 40% más grande en 2013 si el protocolo no hubiera entrado en vigor. Actualmente se prevé que el ozono vuelva a los niveles observados antes de 1980 a mediados de este siglo.

En los últimos años varios estudios han mostrado que la concentración atmosférica del cloruro de metileno industrial está aumentando rápidamente y aunque los investigadores aseguran que este compuesto también produce una reducción del ozono, su uso no está restringido por el Protocolo de Montreal, ya que este solo incluía compuestos de larga duración. El motivo es que históricamente se ha pensado que estos productos desempeñan un papel menor en el agotamiento del ozono estratosférico debido a su vida relativamente corta (unos 6 meses).

La concentración atmosférica de este compuesto aumentó a una tasa de un 8% anual entre los años 2000 y 2012, con un repunte entre 2014 y 2015

De mantenerse el nivel actual de cloruro de metileno en la atmósfera, la recuperación del agujero de la capa de ozono tan solo se retrasaría unos cinco años. Sin embargo, si la tasa de crecimiento de las emisiones de este gas se mantiene a los niveles más altos detectados en los últimos años, el retraso en la recuperación podría ser indefinido.

Este hecho obliga a replantear la forma en la que se analizan las tendencias atmosféricas, ya que habría que incluir aquellos compuestos de que no están contenidos en el Protocolo de Montreal, con el objetivo de mejorar las predicciones futuras sobre la capa de ozono.

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