Los viajes científicos se desarrollaron en Europa motivados por la aparición de nuevas corrientes filosóficas y científicas, y tras las innovaciones tecnológicas como por ejemplo: el teodolito, el cuadrante, el cronómetro de precisión, la brújula, el telescopio, etc. En 1761 se utiliza a bordo por primera vez el cronómetro de Harrison, de gran utilidad para el cálculo de las longitudes. Contribuyen desde otras disciplinas el naturalista francés Buffon, el sueco Carl Linneo (autor de Viaje a Laponia, 1732), Philippe Buache y por supuesto Humboldt, considerado el «padre de la geografía moderna universal». También cabe destacar la gran aportación de Newton con la ley que recibe el nombre de Ley de gravitación universal. Y por último, pero no por ello menos importante, la teoría de la evolución postulada por Charles Darwin.

Según Juan Pimentel el viaje tiene un lugar muy especial en la cultura de Occidente. En el Mundo Antiguo los griegos y romanos utilizaron el viaje para narrarse a sí mismos. El viaje expresa el conocimiento tanto de uno mismo, de los otros, el de la realidad extraña, la ampliación de horizontes, la noción de descubrimiento. Todos estos actos se relacionan mediante el viaje, el cual es la trama del conocimiento, y es también la representación física. El viaje desempeña un papel estelar debido a que el hombre es un animal simbólico por naturaleza, este necesita leyendas e historias que narren aquello que nos identifica como individuos.

En el siglo XVIII se concluyen varios de los procesos iniciados en el Renacimiento, como por ejemplo, el conocimiento del Nuevo Mundo, esto no significa que antes de la conquista, los indígenas no explorasen su propio territorio, ni tampoco que después cesaran las investigaciones. Es a partir de la mitad del siglo XVIII y sobretodo en el siglo XIX cuando aumentaron las expediciones de carácter científico. El fin de estas no era solamente descubrir nuevas tierras, sino que además tenían como objetivo cartografiar nuevas regiones, descubrir la fauna y la flora, realizar observaciones astronómicas y meteorológicas, probar nuevas teorías de cómo calcular la longitud. Pero también existían objetivos políticos. En el libro escrito por Juan Pimentel, los tres viajeros tenían preocupaciones muy amplias; Jorge Juan viajó a América para averiguar más sobre la estructura de la Tierra; Celestino Mutis para reconocer plantas y especies vegetales con fines taxonómicos y terapéuticos; Alejandro Malaspina quería cartografiar las costas del Océano Pacífico e investigar las relaciones de las colonias con su metrópoli.

La Ilustración es el origen del mundo Contemporáneo, es aquí donde el antiguo sabio, el erudito de corte o religioso, deja de estar al servicio exclusivo de la iglesia. Al igual que los hombres dedicados al conocimiento del mundo natural pasaron a tener un papel más importante. Los verdaderos héroes fueron los astrónomos, matemáticos, geómetras, experimentalistas y naturalistas, los cuales fundaron las bases de la ciencia moderna. Copérnico, Galileo, Newton, Linneo y Humboldt fueron presentados como los héroes fundadores del conocimiento científico.

Sin embargo existe una combinación entre el pensamiento y la acción, es decir, la aventura física y la meditación filosófica. Porque la filosofía ha perdido el valor y poco a poco se ha convertido en algo abstracto. Deberíamos aprender que la ciencia es parte sustantiva de la cultura, y durante muchos siglos la ciencia era algo incluido en la propia filosofía. Es por eso que la propia palabra filosofía en la Ilustración está tan próxima a la idea de ciencia, y que incluso sea su sinónimo.

El racismo también es un factor importante dado que en el siglo XVIII y XIX, y de la mano del colonialismo europeo, la cultura occidental tenía una ideología racista que en esa época era aceptada. Ernst Nolte, historiador y filósofo alemán, definió el racismo como “pensamiento europeo”. George Lachmann Mosse, historiador especializado en el fascismo europeo y la Alemania nazi, identificaba al racismo como “el lado oscuro de la Ilustración”. El racismo fue utilizado por los países europeos para justificar las acciones de dominación colonial, el jingoísmo y el genocidio en varios lugares del mundo.

Ahora bien, nos podemos preguntar: ¿Como estos viajes han afectado la sociedad de aquella época y nuestra sociedad actual?

Efectos de los viajes científicos en la sociedad de la época.

Durante el siglo XIX, los avances que se produjeron en el ámbito científico no se llegaban a conocer de manera inmediata, debido a la inexistencia de globalización en aquella época. A lo largo de este siglo encontramos innumerables científicos que revolucionaron el mundo en el que vivían, llegando a influenciar la sociedad en la que vivimos actualmente, como fue el caso de Jorge Juan (marino y científico), José Celestino Mutis (médico y botánico) y Alejandro Malaspina (marino y militar). El problema con el que se encontraron estos científicos fue la falta de recursos para poder desarrollar todo su potencial, pero esta falta de recursos era compensada por el gran ingenio que poseían.

Los viajes científicos en aquella época no tenían un efecto inmediato en su sociedad, ya que la influencia que podía presentar un nuevo descubrimiento se veía mermada por la distancia y el tiempo que se demoraba en recorrer esa distancia. De esta manera podríamos decir que el paso del tiempo era más lento a la hora de comunicarse. En el siglo XIX, y anteriores, todo lo nuevo venía del “nuevo mundo”, por lo tanto la mayor parte de los descubrimientos y viajes científicos que se produjeron en esta época fueron en el nuevo continente.

Podríamos decir que los descubrimientos que se produjeron en aquella época repercutieron en la sociedad actual de manera inmediata, creando una nueva concepción del mundo y haciendo que no exista distancia entre los ciudadanos.

Estos viajeros científicos revelaron a su sociedad la importancia del transporte, y el desarrollo del mismo para la buena comunicación entre los ciudadanos. Con el paso del tiempo la sociedad fue evolucionando en este aspecto, siendo el transporte un agente globalizador muy importante para la sociedad actual. Hoy en día cuando hablamos de transporte, nos referimos al turismo como un factor social fundamental para generar globalización.

Todos estos cambios en estructuras y sistemas de valores, afectaron también a la cultura haciendo ver a la sociedad que la ciencia es un aspecto importante para desarrollar y poder evolucionar, por ello podemos comprobar como en la actualidad tiene un mayor valor aquello que produce el hombre en lugar de ser el propio hombre, ya que lo que produce este proporciona una mayor comodidad en la vida cotidiana y una mejor conexión con el resto del mundo.

Debido a los viajes científicos durante el siglo XIX y anteriores, podríamos ver cómo se produjo una ruptura en la cultura, llegando a afectar a la sociedad actual. Esta ruptura permanente en aquella época derivó en la diferenciación de dos culturas: la cultura de las ciencias y la cultura de las humanidades. Esto hizo que una de las culturas perdiera influencia social, normalmente las humanidades frente al peso que iba adquiriendo las ciencias, que con el paso del tiempo se convirtieron en el motor de la actividad económica. Lo práctico se impuso sobre lo especulativo humanístico. Podríamos decir que la ciencia y las humanidades estuvieron juntas, pero fue durante el siglo XV y XVI.

Cuando hablamos de los viajes científicos del siglo XIX podemos hacer una similitud con la conquista del espacio que estamos viviendo en la actualidad, viendo un objetivo claro que es encontrar vida extraterrestre, y nuevas tierras por conquistar. Incluso Stephen Hawking alertó a la población de que “Los extraterrestres que reciban nuestra señal o no dispondrán de la tecnología suficiente para respondernos, o bien tendrán una muy superior que les permitirá venir a la Tierra”. A pesar de esto, gran parte de esta búsqueda también se produce por el deseo incansable de seguir existiendo, ya que nuestro mundo tiene una fecha límite y finalmente tendremos que abandonarlo.

En definitiva, la mentalidad de los científicos en aquella época es similar a la de los científicos de la actualidad. Ese sentimiento de querer conocerlo todo y hacer un registro de ello, para que los próximos que vengan, tengan algún documento en el que basarse y poder mejorarlo, evolucionando de esta manera en todos los sentidos. En el siglo XIX la población europea reparó que tenía todo un universo por explorar y así lo hizo, investigando cada centímetro de las costas de América del sur como realizó Jorge Juan y su compañero Antonio de Ulloa, registrándolo todo. Un ejemplo de esto podría ser el registro constante que hemos hecho a lo largo del tiempo, guardando todos los documentos y artilugios que utilizaron los científicos en aquella época, y algunos de estos podríamos encontrarlos en el Museo Naval de Madrid. Hoy en día tenemos, literalmente, todo un universo por explorar y quién sabe, puede que dentro de unos siglos el ser humano haya investigado cada centímetro de este. Por eso la conquista del espacio en la actualidad es importante para el ser humano, ya que siempre se ha buscado el descubrimiento de tierras por conquistar, y utilizando la base de que la nación con mayor poder militar siempre ha vencido, podríamos decir que también buscamos tener el mayor poder armamentístico para estar preparados a un posible conflicto entre distintas especies.

La sociedad de la época se tuvo que enfrentar a los nuevos descubrimientos realizados en estos viajes, algunos de ellos claramente enfrentados con mucha de la ideología del momento. Ejemplo de ello sería el caso de Darwin, que tras volver de uno de sus viajes de investigación empezó a desarrollar su teoría de la evolución la cual entraba en conflicto con la doctrina eclesiástica y, teniendo en cuenta la gran influencia que tenía esta sobre la población, con la sociedad. Fue por sucesos como este por lo que la división de la sociedad se empezó a acentuar mucho más, lo que acabaría con la formación de las dos culturas mencionadas anteriormente. Esto no se aplica sólo a la sociedad de aquel entonces sino que en la actualidad sigue pasando, la gente tiene miedo a los cambios es por ello que la mayoría tienden a rechazar o mostrar una actitud reacia a cualquier suceso o descubrimiento que pueda perturbar su forma de ver las cosas. A no ser claro que vaya a suponer que reciban un beneficio inmediato, en ese caso es más fácil que el individuo esté abierto a planteárselo al menos.

Haciendo referencia a una de las citas del escritor humanista y economista español José Luis Sampedro, “El miedo hace que no se reaccione, el miedo hace que no sigamos adelante”. En la época del siglo XIX la iglesia se encargó de difundir miedo sobre los viajes científicos ya que esta tenía miedo también, miedo al pensamiento relativista que se iba implantando en las personas con cada descubrimiento. La gente comenzó a reparar en las distintas maneras de ver el mundo aparte de la que nos contaban en la Biblia. La Iglesia enseña primero a creer y luego a razonar y volviendo a hacer referencia a otra cita de José Luis Sampedro “El hombre libre primero razona y luego cree en lo que ha razonado” y esto mismo es lo que se defendía con la realización de los viajes científicos.

Los viajes científicos requerían de una financiación para poder realizarse, y esta financiación no era sencilla de conseguir debido a que estos viajes no garantizaban que se fuera a recibir algún beneficio a cambio, incluso esa financiación en ocasiones no era suficiente para la magnitud de la expedición que se realizaba. Un ejemplo de ello podría ser el caso de las expediciones que realizaron Jorge Juan y su compañero Antonio Ulloa por la actual América del sur, donde en ocasiones se veían obligados a modificar su rumbo debido a diferentes conflictos políticos y militares de aquella época. Eso hacía que gran parte de la financiación que les era asignada para la expedición se viera cada vez más mermada. Pero esta falta de dinero no supuso un problema para estos científicos, pues poseían un gran ingenio y eran capaces de desarrollar grandes habilidades en otras profesiones para las que no habían sido educados, y de esta manera fueron adquiriendo un mayor abanico de formación a través de la práctica. Esto mismo sucede ahora en I+D  donde se realiza una inversión pero no asegura que se vaya a realizar un descubrimiento que logre poder recuperar el dinero empleado.

En España no solo no se invertía demasiado dinero en los viajes sino que tampoco se invertía en la educación ya que  se consideraba de menor utilidad. Sin embargo, Inglaterra que si le daba más importancia a la educación acabó avanzando mucho más. Por ejemplo en el caso de los barcos, ellos no solo sabían cómo navegar en ellos sino que gracias al estudio de su funcionamiento fueron capaces de desarrollar mejores barcos que el resto de los países. Hoy día, tanto en España como en el resto del mundo se mantiene ese pensamiento por el cual se le da más importancia a las ciencias prácticas, como la arquitectura o las ingenierías que son capaces de producir, frente a otras más teóricas como los estudios sociales o lo humanísticos.

Efectos de los viajes científicos sobre la sociedad de hoy.

Es innegable que los viajes científicos que tuvieron lugar durante el siglo XIX tienen cierta repercusión en el mundo actual. El ser humano es histórico, lo que provoca que siempre se vea influenciado por lo que otros hicieron previamente. La historia nos permite conocer qué le pasó a nuestra especie antes de que nosotros existiéramos, aprender de los errores de otros e intentar mejorar para asegurarnos un futuro mejor. Por eso la historicidad del hombre es tan importante, sin ella todos los progresos que cada persona hiciese durante la vida se perderían en el momento de su muerte. El vector del relato de la humanidad es la literatura, desde la invención de la escritura el ser humano ha transmitido su conocimiento usando los pergaminos primero y posteriormente los libros. Gracias a estos últimos ha llegado hasta nuestros días todos los descubrimientos hechos durante el siglo XIX.

En el campo científico, los efectos de estos viajes son muy notables. Aunque la mayoría de las misiones tenían como objetivo principal la expansión de la política de cada país por sus colonias, paralelamente la ciencia se desarrolló de forma impresionante. La cartografía y la taxonomía nacieron en esa época y a estos conocimientos les debemos mucho.

La cartografía es la ciencia que se encarga de elaborar y estudiar los mapas. Gracias a ella conocemos la distribución del mundo por lo que es un producto de la globalización y a la vez un factor importante que la desarrolla. Nos permite conocer que hay más allá de lo que podemos ver e imaginar cómo de grande es la Tierra. Saber que hay geográficamente en otro lugar es un comienzo para conocer su forma de vida, su cultura. A la vez nos permite ampliar nuestra manera de pensar; no es lo mismo vivir toda nuestra vida en un mismo lugar sin ser capaces de saber que hay más allá que tener la posibilidad de descubrir nuevos lugares.

La taxonomía está encargada de identificar y clasificar los seres vivos. Gracias a los descubrimientos de plantas y algas que se hicieron durante esa época industrias como la farmacéutica se han desarrollado. Las muertes de muchos naturalistas que en esos días emprendían viajes en condiciones inhumanas no han sido en vano pues han salvado a otros posteriormente. Sin embargo también han habido ciertos inconvenientes como la introducción de especies invasoras en otros ecosistemas.

Además, hubo un desarrollo tecnológico e ingenieril debido a la necesidad de mejorar los medios de transporte (sobre todo marítimos) para la realización de esos viajes. Por supuesto esos avances han repercutido en la actualidad ya que sin las modificaciones de la forma de navegar de aquella época no podríamos haber desarrollado los barcos hasta el nivel actual. Estas mejoras supusieron la creación de un nuevo sector de empleo, el turismo. Esta actividad mueve millones de euros al año, nos permite que nuestra sociedad mundial esté más globalizada y desarrollar más nuestra cultura general y conocimiento del mundo.

Los viajes científicos no solo han servido, como su nombre lo indica, a la ciencia pero también han tenido un gran peso en la economía actual. Es decir, estos viajes han dado paso a descubrimientos científicos que en muchos casos han sido motor de la economía. Sabemos que la ciencia es una actividad humana cuyo fin es avanzar en el conocimiento del Universo y de todo lo que contiene, incluyendo las relaciones sociales, su vertiente económica, cultural y la historia. Así pues tenemos que tener en cuenta que la ciencia es hoy en día un factor determinante del empuje de las economías avanzadas, un agente importante en la creación de empleo, y un elemento que inyecta ilusión a la sociedad.

En un comienzo, sabemos que los viajes científicos del siglo XIX otorgaban empleo a personas que habían estudiado y se habían preparado para este tipo de expediciones. De hecho no solo había científicos en estos viajes, además ellos representaban muchas veces una minoría entre los tripulantes, la mayoría eran navegantes, pilotos, marines… Incluso había médicos por si los tripulantes recibían daños físicos o enfermedades durante el viaje, también había cocineros para alimentar a la tripulación. Lo que demuestra que en tema de empleo las expediciones no se centraban solo en individuos especializados en el estudio de la ciencia.

También sabemos que muchos de los descubrimientos que se hicieron a lo largo de ese siglo con estos viajes, nos dieron a conocer nuevas ramas de la propia ciencia que se han ido desarrollando dando así más empleos y también riquezas a los países de donde vienen los viajeros. Muchos de los descubrimientos hechos fueron de materias primas que gracias a las colonias eran fáciles de explotar. Estos recursos se han utilizado desde entonces para producir riquezas y construir infraestructuras en la sociedad occidental, los denominados “países del primer mundo”. Un dato curioso sería que algunos países como Francia siguen recibiendo impuestos coloniales de sus antiguas posesiones. Por ejemplo, Sylvanus Olympio, el primer presidente de la República del Togo (un pequeño país de África del Oeste), encontró una solución capaz de calmar a los Franceses colonizadores: no queriendo continuar bajo la dominación francesa, él se rehusó a firmar el pacto de colonización ofrecido por De Gaulle, pero aceptó en contrapartida pagar una deuda anual a Francia por los supuestos beneficios obtenidos bajo su colonización.

Como hemos dicho antes, los viajes científicos han afectado mucho a nuestra cultura general, dándonos más conocimientos y más información sobre nuestro mundo. Y también han llegado a darnos nuevos puntos de vista en situaciones sociales, políticas y culturales, afectando así a nuestra moral.

En el siglo XIX, las sociedades estaban clasificadas de superior a inferior (lo que hoy en día no ha cambiado mucho ya que seguimos utilizando el término de “tercer mundo”), tomando los países occidentales y desarrollados como superiores y los países africanos, de América del Sur como inferiores. En esa época, las colonias existían, así pues los viajes científicos no habían afectado en el momento a la moral, el racismo era algo considerado normal en aquella época. De hecho, a medida que progresaba el abolicionismo, dejó de ser necesaria la justificación de la esclavitud, pero empezó a ser imprescindible encontrar una excusa a la colonización. En ese sentido el evolucionismo positivista fue la teoría que permitió el dominio “blanco” sobre el continente africano. El individuo africano (o “negro” dicho en el siglo XIX) dejó de ser el animal para convertirse en el primitivo, el salvaje o, en el mejor de los casos, el niño necesitado de educación. Por ejemplo, el boer Jan Smuts durante una conferencia en Oxford en 1929 afirmó que el “negro” es tan infantil y alegre que se le puede considerar un “tonto feliz”: “El africano es un tipo humano con algunas características maravillosas. En buena medida ha seguido siendo un tipo infantil, con una psicología y un aspecto infantiles. Un ser humano tipo infantil no puede ser una mala persona porque ¿no nos mostramos dispuestos en los asuntos espirituales a ser como niños? Tal vez como resultado directo de este temperamento el africano es el único ser humano feliz con el que me he topado”.  El médico y filósofo franco-alemán Albert Scweitzer, lo dijo de otra manera: “El negro es un niño, y con los niños no se puede hacer nada sin autoridad”.

Pero con la evolución de las sociedades, tanto occidentales como no occidentales, y el estudio de los viajes científicos especializados en las culturas extranjeras, se ha desarrollado una tolerancia que se ha convertido en respeto hasta incluso llegar a la admiración hacia culturas extranjeras. En Francia existe por ejemplo, “L’institut du monde arabe” es decir el “Instituto del mundo Árabe” que está muy reputada en el país y es muy representativo en el patrimonio cultural de este.

El racismo de hoy en día se basa sobre todo en el odio hacia otras culturas por pensar que la de uno mismo es superior a las otras o por ignorancia completa a estas, y esa ignorancia se vuelve, para el racista, una ideología la cual no se puede inmutar. De hecho es muy frecuente que si se le pregunta a un racista como ve a las otras “razas”, este hablará sobre todo de su aspecto y el hecho de que tienen un origen distinto al suyo, sin comentar su cultura o personalidad: él ve la identidad de una persona según el origen y apariencia, y piensa que para mostrar amor a su “pueblo” o a su “raza” a de odiar a las demás, lo que sería el patriotismo llevado al extremo.

Por otro lado, el conocimiento de que haya poblaciones y países que viven con hambre, sed, y en la pobreza, ha implicado la creación de asociaciones y organizaciones no lucrativas para mandar diversas ayudas a tales poblaciones y países. Así pues podemos concluir que el conocimiento que nos otorga los viajes científicos hace de nosotros unas personas tolerantes y benevolentes hacia lo que es extranjero para nosotros.

 

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