Por Javier Cortines
Miquel Iceta debería bailar en la campaña electoral del 21-D, pues nadie mueve el esqueleto con tanto salero como él y eso es un plus que podría aumentar los votos y, por ende, el número de escaños del PSC en el Parlamento de Catalunya. Los asesores del líder socialista han errado recomendándole que controle sus silvestres caderas danzarinas.

Para sosos tenemos al gran jefe, Pedro Sánchez, a quien le duelen las plantas de los pies de soportar tanta belleza. Éste político tiene, además, la mala costumbre de mutar cara en cada estación del año lo que, unido al cambio climático, hace que los españoles estemos más mareados que una idea fija en una coctelera.

¡Iceta! ¡Sé tú mismo! ¡No hagas caso a nadie! la naturalidad, la franqueza, el decir lo que se piensa con coraje (tú eres uno de los pocos que lo hace sin temor a las consecuencias) genera un poquito de confianza en nuestros representantes. Pedir que tengamos fe gorda en ellos es imposible.

Los años nos han hecho ateos de la política, la justicia, la patria. Ahora somos desconfiados y hedonistas. Estamos a gusto con nuestra amante y una copa de vino. Los discos rayados han terminado, con sus chispas, en hologramas distópicos. Las ideologías cada vez están más flacas, la democracia está anémica, necesita vitaminas.

No sé si alguien te lo ha dicho, pero bailas mucho mejor que Mariano Rajoy, quien en las fiestas de Navidad suele poner el disco de Raphael “Hoy puede ser mi gran Noche” y danza con sus amigos y amigas en algún “piso franco”, con luces parpadeantes, igual que en los antiguos guateques, y decoración mucha española. ¿Has visto el video del presidente desmelenándose al ritmo del rapsoda del Niño Jesús? Escucha, no tiene desperdicio:

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para decir junto a mi amigo, el revolucionario chileno León Canales, (fallecido en 2012) “Amaos los unos sobre los otros”.

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