Por Javier Cortines

La jueza Carmen Lamela emitió el viernes una euroorden de búsqueda y captura contra el ex presidente Carles Puigdemont y los cuatro consellers que le acompañan en “su exilio belga”, a quienes imputó los delitos de sedición, rebelión, malversación, desobediencia a la autoridad y prevaricación.

Puigdemont, que ya se esperaba la decisión de la magistrada, dijo -en una entrevista con una cadena de televisión belga- que la “justicia en España estaba politizada” y se auto-postuló para presentarse como presidente de la Generalitat en las elecciones convocadas en Cataluña para el próximo 21 de diciembre, es decir, cuatro días antes de la celebración del nacimiento del Niño Jesús.

(España ha pasado en tres días de ser uno de los países con la justicia más lenta del mundo, a batir records de velocidad pulverizando todos los registros de Usain Bolt).

La entrega de Puigdemont y los cuatro consellers a España, en el caso de que sea aprobada por las autoridades competentes belgas, podría demorarse hasta dos meses teniendo en cuenta la duración de los procedimientos legales que se siguen en Bélgica.

Paul Bekaert, el principal abogado de Puigdemont, ha declarado repetidas veces que intentará evitar la extradición del ex president. Podría alegar -entre otras cosas- la situación de indefensión que padecieron los miembros del Govern que fueron encarcelados el jueves sin ninguna opción de preparar su defensa.

La Asociación “Jueces para la Democracia” (JpD) considera un dislate que el Govern catalán haya sido acusado del delito de rebelión, y califica de desproporcionada la sentencia emitida por la jueza Carmen Lamela.

“La rebelión implica un levantamiento violento como el del 18 de julio de 1936. Ese no ha sido el caso en Cataluña”, declaró Joaquim Bosch, magistrado y portavoz de JpD.

Según informaciones de última hora, Puigdemont podría entregarse a las autoridades belgas, -con lo que dejaría de ser un prófugo de la justicia- y así, esperar en Bruxelas a que un juez belga (quien debe decir la última palabra) acepte o rechace su extradición a España.

La orden de búsqueda y captura emitida contra  Puigdemont y sus cuatro consellers se produjo un día después de que  la jueza de la audiencia nacional Carmen Lamela (1961) mandase a prisión -en un juicio relámpago celebrado en situación de indefensión- al ex vicepresidente del Govern Oriol Junqueras y a siete ex consellers elegidos democráticamente por el pueblo catalán.

Los inculpados, que apenas tuvieron dos o tres horas para preparar su defensa, fueron acusados de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos, delitos que podrían acarrear penas de hasta 30 años de cárcel. El conseller Santi Vila, que dimitió del cargo tras oponerse a la declaración de independencia, pasó sólo una noche en prisión y salió en libertad esta mañana tras pagar la fianza de 50.000 euros que pedía la magistrada.

Se cree que Carles Puigdemont desea estar alejado de España hasta que se celebren elecciones en Cataluña el próximo 21 de diciembre, para comprobar qué fuerza tiene “el independentismo” y actuar en consecuencia.

“El legítimo gobierno de Cataluña ha sido encarcelado por sus ideas y por haber sido leal al mandato del parlamento (…) El gobierno de Cataluña tiene mucha más dignidad que sus carceleros”, dijo Puigdemont en un Tweet publicado tras conocerse la sentencia de Lamela.

Tanto la alcaldesa de Barcelona Ada Colau como el líder de Podemos, Pablo Iglesias, han exigido la “liberación inmediata del Govern elegido democráticamente” y han denunciado la situación de indefensión de los detenidos, algo que posiblemente condenen -arguyen los analistas- gran parte de los juristas de las democracias avanzadas.

Del ayuntamiento de Barcelona cuelga una pancarta que pide “Libertad para los presos políticos”. La alcaldesa de Barcelona Ada Colau ha exigido también al “gobierno autoritario de Rajoy la libertad de los encarcelados (…) La paralización del artículo 155 y la resolución de los problemas por la vía de las urnas y no con la represión de las cárceles”.

 

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para felicitar a la prensa española del establishment, uniforme, omnívora, monolítica, que se ha convertido en la portavoz de los papagayos que fabrica el Rey Midas en los laboratorios ideas donde se crea la opinión pública. Se echan en falta voces desde la otra orilla.

 

 

 

 

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