Por Valentina Hernández @AmpaHer

“Persona que guía el miembro del caballo en el acto de cubrir a la yegua”. Copiado literalmente de la RAE que lo explica con  tan sólo quince palabras.  Acostumbrados a las grandes frases huérfanas de contenido, le hemos perdido el respeto a la palabra, concisa, comprometedora, letal.

Vuelvo a los mamporreros porque hay un triángulo que no se me va de la cabeza: Díaz, Fernández y González (la Triple F) y visualizo claramente la postura de cada uno, no sin cierta arcada. Ideológica, me refiero. El tercero de ellos comparte vida con una señora de la jet presuntamente implicada en los papales de Panamá y los dos primeros presentan un currículo laboral que no valdría ni para opositar al cuerpo de opositores.

Este trío ha decidido cargarse un partido sin ni siquiera ser consciente de ello. Porque si utilizaran las ideas, que las carga el diablo, no les haría falta tanta palabra hueca para no explicar nada. O, lo que es más perverso: para mentir. En los últimos quince días, dos de los actores de esta película pornográfica se han escondido porque han soltado al mamporrero que, ya se sabe, es un mero instrumento para consumar el fin.

El miedo empezó con una palabra: izquierdas. El PSOE ya se escabulló de ella porque abandonó las ideas que representa: libertad, justicia, utopía, igualdad, solidaridad. Le añadió otra: centro. Para contentar no se sabe a quién. Tal vez pensaban, como meros comerciales de la ideología, que tendrían más clientes, perdón, quiero decir electores. Cualquier alto ejecutivo les habría confirmado que esa política de ventas no daría resultados porque todavía quedan socialistas de verdad.

El socialismo en un barco con una tripulación preocupada por su puesto más que por el destino. Da igual naufragar. Disponen de  los botes de emergencia, como en el Titanic, sólo para los altos cargos. Los militantes, que arreen. En este sentido, sí podrían dar lecciones de supervivencia. Mejor, de depredación. Otra vez el diccionario lo refleja en seis palabras: robar, saquear con violencia y destrozo. Ya lo dijo Galeano: “La mejor manera de colonizar una conciencia consiste en suprimirla”.

La Triple F se ha centrado en la reproducción del modelo que tan bien ha servido a sus propios intereses. A González para  acabar de jubilado millonario y a los otros dos para no dar palo al agua en su vida. Por eso han contratado a un mamporrero. Para que la especie continúe. Para que la falta de ideas se disimule con las palabras que, efectivamente, se las lleva el viento. Ante la falta indignante de ideas propias, la única forma de perpetuar la especie que ha encontrado la Triple F es recurrir  al mamporrero. Los dos protagonistas principales aguardan el momento de la intimidad lejos de miradas ajenas. Tal vez porque la conciencia es terca y saben que esa monta va contra natura.

 

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