Por Ana Barba | Ilustración de ElKoko

Viñeta: El Koko

La victoria holgada de Pedro Sánchez en las primarias del maltrecho PSOE ha supuesto uno de los casos más asombrosos de resurrección política que se recuerdan. Cierto es que hasta los que fueron más desdeñosos con él en su anterior etapa como S.G.  criticaron la cacicada de su destitución a manos del aparato más rancio del PSOE, pero nadie sospechó nunca que resurgiría de sus cenizas como un ave Fénix.

Pese a que hoy se respira la sensación de cierta justicia poética en esta victoria contra todo pronóstico, muchas nos preguntamos si Sánchez será capaz en esta ocasión de llevar a cabo la misión para la que lo han elegido las militantes. Porque, para qué engañarnos: si la gente hubiera querido que las cosas siguieran como hasta ahora, habría elegido a Susana, tal vez a Patxi, pero nunca a Pedro. Pedro se ha transformado de insípido muchacho, corto de ideas y largo de ambiciones, en una especie de mesías de la izquierda. El proceso de transformación ha sido imparable, aupado por miles de militantes hartos de la deriva liberal del viejo PSOE y recibido con júbilo por otras tantas personas simpatizantes.

Los problemas empiezan ahora. Por un lado están los partidos de izquierda que, alentados por la victoria de Sánchez, ya pergeñan una colaboración, un frente de izquierdas que pare los pies al liberalismo y sus políticas anti sociales. Por otro están los liberales del PSOE, Ciudadanos, PP y todos los medios que blanquean sus miserias, dispuestos a lo que sea por conservar el control del sistema y los privilegios de sus amos. ¿Tendrá Pedro los arrestos necesarios para aguantar el embate del sistema? ¿Tendrán los otros partidos de la izquierda la cintura suficiente para conciliar lo deseable y lo posible? En los días y meses venideros vamos a asistir a una nueva vorágine de acontecimientos, llenos de incertidumbre y no exentos de cierta emoción.

En cuanto a las votantes del PSOE, en general, esperan que el partido, con Sánchez a la cabeza, vuelva a su antiguo esplendor, a sus victorias electorales, a gobernar. No saben que el mundo ha cambiado, que los tiempos dorados del socialismo se perdieron a mayor gloria de la globalización y del libre mercado. A lo máximo que podrán aspirar es a compartir victoria con otras fuerzas progresistas, con el deseo común de expulsar al PP de las instituciones. Para las votantes más pragmáticas y sensatas esta será la mejor opción, sea cual sea el partido de sus simpatías. Para estas personas, el acercamiento a Podemos e IU será la propuesta mejor recibida.

Sin embargo, existe un tipo de votante de izquierdas muy crítico con el PSOE, incluso con el de Sánchez (que por otro lado no sabemos bien cómo será). Es un tipo de votante que la prensa tilda de antisistema, que vivió el 15M, sufre los recortes brutales del PP y sufrió los del PSOE de Zapatero. Un tipo de votante que está harto de las decisiones que se toman en los despachos, sin contar con las bases, que ha aprendido que hay nuevas dinámicas políticas, alejadas de las lógicas de partido y lo ha experimentado en el municipalismo. A ese tipo de votante no le va a contentar el acercamiento con el PSOE, ni tan siquiera le contenta el funcionamiento interno de los llamados por la prensa “partidos radicales”. Pero es este tipo de votante el que tiene suficiente cultura política como para saber reconocer un callejón sin salida y suficiente visión estratégica como para transigir y esperar mejores tiempos. Veremos.

Una amplia mayoría social repudia al PP, paradigma de la corrupción, y de esa mayoría, el mayor grupo lo constituyen las personas simpatizantes de izquierda. ¿Serán los partidos capaces de interpretar correctamente ese sentimiento? Hasta ahora, el PSOE anterior al renacimiento de Sánchez se ha decantado por apuntalar al Régimen del 78, constituyéndose en su mayor valedor. Ciudadanos se ha perdido en el magma político, sin enterarse de que estaba llamado a ser el partido de las nuevas generaciones de la derecha, que, desconcertadas por su actitud errática, les han vuelto la espalda en gran medida. Izquierda Unida tiene bastante con superar sus desastres electorales y restañar las heridas sufridas durante la lucha por la dirección del partido en la pasada legislatura. En cuanto a Podemos, todavía está pensando qué quiere ser de mayor: una especie de PSOE 2.0, como quieren los errejonistas, una IU 3.1 como pretenden los pablistas, o un verdadero partido de las militantes, como persiguen otras sensibilidades dentro de su universo.

Empieza a girar la ruleta.

 

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