El tercer trimestre de 2017 viene marcado por 235.900 personas empleadas más que en el segundo trimestre del año (un 1,25%), hasta alcanzar 19.049.200, según la Encuesta de Población Activa (EPA). El desempleo disminuye en este mismo periodo, situándose en 182.600 personas (un 4,66%), con un número total de desempleados de 3.731.700.

En el cómputo interanual, las cifras arrojan tanto el aumento del empleo (de 521.700 personas, un 2,82%), como la reducción del paro (589.100 personas menos en desempleo, un 13,63%).

Pero estas buenas cifras sobre el papel son un mero espejismo ante la realidad de este nuevo empleo. Sebido a la temporada de verano, se produce un fuerte aumento del empleo temporal en el trimestre, con 148.900 asalariados más (un 3,54%), mientras el empleo indefinido sólo sube un 0,59% (67.500 personas).

Además, no se trata meramente de una cuestión estacional, sino sobre todo estructural: en el año el empleo temporal ha subido un 4,88%, frente a un 2,66% que lo ha hecho el indefinido. Como consecuencia de ello, la tasa de temporalidad asciende hasta valores máximos, afectando al 27,4% de los asalariados (casi medio punto más que en el tercer trimestre de 2016).

La temporalidad es uno de los principales problemas del mercado laboral español. Sigue constituyendo uno de sus elementos estructurales, aumentando según se recupera la economía y el empleo, y muy ligada a los trimestres en los que se genera empleo estacional. En los momentos en que hay cierta recuperación del empleo, es claramente de carácter temporal, reflejándose en nuevos aumentos de la tasa.

A pesar de la reducción puntual en este tercer trimestre del empleo a tiempo parcial, la parcialidad involuntaria sigue manteniéndose elevada. Casi 1,6 millones de ocupados trabajan a tiempo parcial por no encontrar un empleo a tiempo completo. El porcentaje de parcialidad involuntaria salta 0,3 puntos en el trimestre, al 58,1%.

A todas estas cifras hay que añadir los datos de desempleo de larga duración. En 2008 poco más del 20% de las personas en paro llevaba más de un año buscando empleo, en el tercer trimestre de 2017 alcanza a la mitad de las personas en desempleo; siendo cada vez mayor la incidencia de las personas que llevan buscando empleo más de dos años (36,5% de los desempleados). En concreto, cerca de 2 millones de personas buscan trabajo desde hace más de un año y casi 1,4 desde hace más de dos.

Un trimestre más, se pone de manifiesto que el empleo y la temporalidad van de la mano en esta recuperación

El aumento del empleo (crece en el año un 2,8%) y el descenso del paro (desciende la tasa al 16,38%) en este tercer trimestre del año, vienen impulsados por el carácter coyuntural de la recuperación de nuestra economía. Pero, un trimestre más, se pone de manifiesto que el empleo y la temporalidad van de la mano en esta recuperación, ya que la mayoría del empleo que se genera es temporal y precario.

El carácter estacional del empleo en estos trimestres centrales del año constata que en el mercado laboral español sigue enquistado la temporalidad. La tasa se sitúa este trimestre en el 27,4% de los asalariados, 0,4 puntos superior a la registrada hace un año. Así, la reforma laboral, entre otras medidas del Gobierno, lejos de corregir la dualidad del mercado de trabajo, están extendiendo la inestabilidad, la precariedad y la desigualdad en el mercado laboral.

No se está corrigiendo el problema del paro estructural. El paro de muy larga duración (el 36,5% de los desempleados lleva más de dos años buscando trabajo, cerca de 1,4 millones de personas), un volumen importante del número de hogares con todos sus miembros en paro (casi 1,2 millones), unido a la limitada tasa de cobertura (59%), certifican la precariedad en el propio desempleo.

Es necesario a todas luces un plan de choque en el empleo, con políticas activas desde lo público. Es necesaria la protección de las personas, teniendo como objetivo la creación de empleo de calidad y con derechos. Esta es la única forma de que nuestro país pueda encarar una recuperación sostenible, para todos, disminuyendo los niveles de desigualdad y pobreza.

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