Cynthia Duque

A día de hoy en las mentes de todos, juristas y no juristas, está la idea de modificar la Constitución para solventar la “crisis catalana”.  Ciertamente un problema que transciende de la órbita de lo político difícilmente es solventado por “remedios” políticos. Parece que nos negamos a ver que el mayor problema que tiene España es que sus ciudadanos no se sienten protegidos por la CE, no sienten que les sea aplicable o útil, no la sienten cercana, y estos problemas no se solucionan centralizando la forma de gobierno a través de una costosa reforma constitucional.

Fotografía tomada durante la II República

Ayer fue el aniversario de la ratificación de la CE, un día festivo a nivel institucional pero que en las calles nadie celebra, ¿por qué? Porque no es la norma de normas del pueblo y para el pueblo. No necesitamos que se cambien algunas palabras del articulado, exigimos que se legislen las demandas sociales y que, además, sean efectivas. Para lo cual, es necesario algo más que vacías palabras que prometen grandilocuentes principios generales que luego no tienen aplicación directa.

Algunos plantean modificar la sucesión al trono para que una niña, que cuanto ha hecho desde que nació ha sido sonreír para las cámaras, pueda llegar a ser Jefa del Estado. Me cuesta respetar el privilegio de sangre de una familia por el simple hecho de apellidarse un nombre francés, será, quizás, porque me siento ciudadana y no sierva. En este sentido, debemos “modificar” la Jefatura del Estado hasta derogar a la Monarquía . Es de justicia.

No solo porque es inaudito que alguien herede la Jefatura del Estado por ser el primogénito de una familia, sino también porque continúan la estirpe del dictador fascista Francisco Franco que hizo de su abuelo – el rey Juan Carlos– su ahijado y discípulo, su continuador en la Jefatura del Estado. Ahora que la población no confía en el designio divino de los reyes, nos embaucan con la “preparación”. Si tan preparados están, ¡qué nos dejen elegirlos!, parece más bien que tienen miedo a no ser elegidos por su valía que necesitan de su apellido para vivir a cuerpo de reyes medievales toda su magnánima existencia, a costa de nuestros impuestos y de esos suculentos negocios que hacen gracias al cargo que ocupan con las dictaduras del Golfo Pérsico, ¡perdón!, democracias que para eso son amigas de la Corona. Eso sí el “preparado” y no electo real Jefe del Estado se niega a ir a Cuba hasta que Raúl Castro no dimita, incumpliendo sus funciones, pero nada le dicen sus “principios” de sus reiterados viajes a Arabia Saudí, cabeza visible de la colación de monarquías árabes que bombardean Yemen y financian al terrorismo yihadista.

Portada del ABC que atestigua la buena relación entre el rey emérito y el dictador fascista. Imágenes que atestiguan que el primero era el recambio del segundo.

Quiero que la Constitución sea sustituida por otra Carta Magna que enuncie los derechos sociales, laborales  y económicos, que impulse un reparto justo de la riqueza y que albergue en su seno los mecanismos para poder aplicar todos estos derechos, derechos de tercera generación como el derecho a la salud que no está recogidos en la CE o el derecho a elegir una muerte digna.

El pueblo celebra la proclamación de la II República Española.

Por la sangre de todos aquellos que dieron sus vidas o sus mejores años defendiendo la democracia del fascismo en el 36 también quiero que se cambie la Jefatura del Estado, tan sencillo como que sea electa y democrática, aquello de lo que para algunos predica –erróneamente- el rey Felipe V.

Quiero para España una constitución digna de un país, en cual los verdaderos protagonistas sean sus ciudadanos y el respeto a sus derechos. No quiero que otros decidan por mí, como si mi pueblo fuera impúber, como sí hicieron aquellos políticos de la mal llamada “Transición”, que ocultaron y mintieron para evitar consultar al pueblo, como hoy conocemos por las conversaciones inéditas de Adolfo Suárez reconociendo haber manipulado a la ciudadanía para evitar la consulta.

Salud y República.

 

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