Por Javier Cortines
Quien le iba a decir a Soraya S. de Santamaría, cuando a los seis años de edad leía a Einstein, que algún día rompería el techo de cristal y se convertiría en la presidenta de Cataluña, cual marioneta escogida por Rajoy para acabar con la República Friki.

A pesar de la irrupción de la delfina del PP en territorio comanche, Puigdemont sigue haciéndose el sueco “e ignora” que ya no gobierna. Ha decidido morir con las botas puestas y espera, resignado, que los gendarmes le lleven a prisión por haber defendido (cosa que debería hacer el PSOE), uno de los pilares básicos del socialismo: El laicismo republicano.

Otro de los caídos, que se había convertido en el Al Pacino catalán, ha sido el jefe de los Mossos, Josep Lluis Trapero. Me imagino que estará dudando ahora si mereció jugarse el puesto con la fatua esperanza de ser recompensado por la República. Si actuó con fe demostró ser un romántico empedernido, de esos que luchan por sueños imposibles o que embisten contra molinos creyendo que son gigantes.

El fascismo durmiente llegó con la música “Y viva España” que un entregadísimo Manolo Escobar cantaba con gran sentimiento y fervor religioso poniendo a Franco los pelos de punta. Rajoy volverá a bailar, como suele hacer en Navidades, “Hoy puede ser mi gran noche” de Raphael.

Ahora que la rueda ha empezado a rodar, algunos dicen que, si la cosa se pone chunga, podría haber una guerra civil ¡Oh, My God! Otros, que el gobierno central de Madrid levantará el cerco a Cataluña y dejará respirar a los independentistas.

No pasará nada de eso. El volcán se irá apagando. No volverá a haber otra erupción, “considerada muy peligrosa por Madrid”, hasta que en Cataluña surja un líder o lideresa que transmita, ante todo, credibilidad, virtud que en nuestro país sólo un puñado de políticos, entre ellos Manuela Carmena, poseen como algo adherido a su piel, a su pasado y a sus principios.

Ese líder o lideresa, con un círculo digno que le asistiera, sería una seria amenaza para la unidad de España si supiera explicar a los ciudadanos la necesidad de poner en marcha un régimen más justo con rostro humano que respete, ante todo los DDHH, y los principios fundacionales del socialismo, empezando por el laicismo republicano.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano, que sigue siendo partidario de que Cataluña celebre un referéndum con libertad para decidir su destino. España es un país fascinante, no os fijéis sólo en sus representantes. Una gran parte de españoles, cuya bandera no es otra que la de los DDHH, no merece el castigo de la eterna división de los iguales.

 

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