Iria Bouzas

Si llega usted a este artículo buscando alguna respuesta a la pregunta del título, le recomiendo que lo cierre ahora mismo.

En esto de la construcción nacional tengo preguntas y más preguntas  pero lamentablemente no tengo prácticamente ninguna respuesta.

El nacionalismo existe. Supongo que esta parte la podemos considerar una obviedad salvo que por alguna razón nos sintamos emocionalmente vinculados al Siglo XVIII y pretendamos obviar el resto de la historia desde ese momento. Entiendo que podemos partir entonces de esta premisa y sentirnos todos cómodos en el debate. El sentimiento nacionalista existe. Es una realidad. Convivimos con otras personas y muchas de ellas tienen un sentimiento de nación.

Otro pilar para la edificación de este debate puede ser el nacionalismo no es uno, son muchos.

Que existen varios tipos de nacionalismo no es algo que se me haya ocurrido a mí, en ese caso sería una persona con respuestas y ya les he dicho que soy una persona solo con preguntas. Han sido y son, los estudiosos de la Teoría Política y de la Historia los que han llegado a esa conclusión.

Hay tantos tipos de nacionalismos que no puedo referirlos todos en este artículo, por si no lo saben a los juntaletras nos tienen limitado el número de palabras en las publicaciones. Entiendan que con el gusto que le tenemos al teclado podríamos abocar a nuestros lectores a la adicción al calmante vitaminado por el dolor de cabeza leer según que mamotretos.

Hay muchos tipos de nacionalismo. Unos sienten la necesidad de tener un país propio. Otros se sienten a gusto dentro de otro estado siempre que se les respete la identidad de nación. Otros articulan sus naciones alrededor de la religión, etc. Hay de todo como en botica.

Una parte del nacionalismo catalán quiere tener su propio país.

Sienten que su nación no puede existir dentro del Estado español y que por ello deben crear el suyo propio. Desde la constante pregunta totalmente carente de juicios, ¿Y esto cómo se hace? Un independista puede argumentar que no se puede obligar a nadie a pertenecer a un país que no siente como suyo. Y creo de corazón que tiene razón.

Pero entonces, ¿cómo van a obligar a parte de los catalanes nacionalistas pero no independentistas, a pertenecer a un nuevo país que tampoco consideran como suyo? Y me pregunto yo, ¿no cabe la posibilidad de que algunos estén apropiándose del sentimiento de nación de una mayoría para imponerles un tipo de nacionalismo que para nada es el aceptado por esa mayoría?

Da la sensación de que el concepto de nacionalismo se está diluyendo para satisfacer los intereses siempre de unos cuantos. Por un lado, parece que algunos se apropian del término para igualarlo al independentismo y presionar así para conseguir su proyecto de país implicando por el camino a todas aquellas personas a las que tratan de confundir con el baile de palabras.

Soy firmemente creyente en la necesidad de debatir absolutamente todo lo que nos afecte como sociedad. Los debates respetuosos y serenos son imprescindibles hasta para poder construir un barco con palillos cuando hay más de una persona implicada en el proyecto. Y me planteo si de verdad es posible construir un país sin haber estado años debatiendo y llegando a consensos para encontrar el punto en el que todo el mundo pueda sentirse cómodo e integrado.

Por otro lado hay quienes han aprovechado el término nacionalismo para echarle combustible a la apisonadora que tenían sin usar hace tiempo cogiendo polvo en el garaje. De golpe, para algunos, la defensa del Estado español pasa por aplastar y arrinconar cualquier atisbo de cultura diferente.  A aquellos que hemos tenido la inmensa fortuna de nacer en lugares con dos lenguas y dos culturas (en mi caso Galicia) nos dicen que para no ser radicales, para no ser antisistema, debemos renunciar sin rechistar a una parte de lo que somos.

Ayer leía un tweet del profesor de la Universidad de Santiago de Compostela,  Xoán Bascuas que resumía magistralmente la incoherencia de la postura de algunos perversamente autoproclamados constitucionalistas:

“Los constitucionalistas son los que:

Entienden que la cooficialidad oprime al castellano (artículo 3.2).

Están en contra del concierto económico y del cupo vasco (Disp. Adicional 1ª).

Creen que las Comunidades tienen mucho poder (Título VIII)”

Si tenemos un problema y la única solución que vemos como sociedad es que un parte aplaste y someta a la otra, a mí ya solo me queda una última pregunta por hacer: ¿Estamos ya en guerra los unos contra los otros? Es que si es que sí, necesito que alguien me avise. Me compraré un casco y me quedaré sentada en cualquier esquina leyendo esperando a que pase lo que tenga que pasar.

Por si tienen curiosidad, los libros que me acompañarán serán “Follas Novas” y “El Quijote”.

Deja un comentario