Carmelo Suárez
Secretario General del PCPE


El 10-N el sistema dominante convoca Elecciones Generales para tratar de resolver su profunda crisis de poder. Será un intento más, como los realizados en estos últimos años, pero su resultado –previsiblemente-, será el mismo, la continuación de la crisis.

Interpretar la convocatoria de estas nuevas Elecciones como el resultado de una confrontación entre Sánchez e Iglesias, o entre el trifachito y la socialdemocracia, es quedarse con la anécdota de las cosas, como si de un HOLA se tratara, sin entrar para nada en las causas reales de lo que es un nuevo fracaso de la burguesía en su intento de dotarse de un gobierno estable que dé cobertura política a sus necesidades económicas.

No es una posición que hoy se comparta muy ampliamente la de analizar toda una serie de episodios de la vida política de España de los últimos años desde el punto de vista de una crisis general del sistema de poder, de su bloque dominante, de la incapacidad del mismo para mantener los consensos sociales que le permitan un eficaz proceso de acumulación de capital. Pero entiendo que esta es la realidad de la cosas, y que no analizar las cosas así está llevando a muy diversas organizaciones políticas, y sociales, a protagonizar las más diversas actuaciones erráticas.

Es esa ausencia de análisis de los acontecimientos como una crisis “de régimen” lo que lleva a que, a pesar de la profunda crisis del sistema de dominación, la clase dominante no tenga que enfrentar una significativa contestación social, y goza de un ampliado espacio temporal de gracia para tratar de gestionar una salida a esta situación.

Mirando un poco atrás:

La proclamación de la II República fue producto de la agudización de las contradicciones internas al sistema de dominación en España, que hicieron posible la articulación de un bloque social de cambio, que tuvo la capacidad de desbordar al rancio bloque de poder terrateniente-religioso-financiero-militar. La Historia nos situó ante el mayor intento modernizador del país frente a las decadentes clases dominantes.

Octubre de 1934 llevó a primer plano una posición de avanzada de la clase obrera, duramente reprimido por la república de la derecha gobernante.

Ante semejante situación, de retroceso de su histórica posición de privilegio, la vía del golpe de Estado fue considerada por el poder como la única salida a su crisis. 18 de julio de 1936.

La heroica resistencia contra el fascismo durante tres años demostró la alta calidad política de la clase obrera y de los pueblos de España. Todavía la sociedad internacional no ha sido capaz de reconocer esta gesta inmensa, entre todas cosas porque esa sociedad internacional se situó del lado del fascismo, con mayor o menor complicidad.

La burguesía implanta una brutal dictadura fascista-militar durante cuatro décadas. La clase obrera vuelve a recuperar su capacidad de combate en las condiciones más difíciles. Primero el maquis, luego las huelgas de la industria, y más tarde diversos sectores del movimiento popular.

Ese acumulado histórico es entregado a la burguesía por la socialdemocracia histórica y  por el eurocomunismo en la llamada Transición. La burguesía vuelve a vencer en la lucha de clases sobre la base de la restauración monárquica, que se asentó sobre una montaña de cadáveres escondidos en cunetas, pozos y fosas comunes. Estos siguen esperando aún una reparación y un reconocimiento. 140.000 parece ser la cantidad más exacta.

La Transición da un primer respiro transitorio al sistema de dominación, pero los demonios de la vieja España seguían vivos. No se depuraron a los cuerpos represivos, ningún asesinato o tortura fue pagado con una condena, la Iglesia católica ni pidió perdón ni renunció a la posición de privilegio que le concedió el asesino del 18 de julio, el ejército siguió siendo el mismo de Badajoz, Guernika o “la desbandá”, el poder económico que acumuló capitales con la esclavitud de los presos ni se arrepintió ni reintegró una sola peseta, etc.

La cuestión del Estado plurinacional siguió sin resolver. El engaño del Estado de las Autonomías duró un tiempo, pero la cuestión vuelve a la superficie una y otra vez.

Con el rápido agotamiento de este proceso “transicional”, en 2014 se produce un relevo por la vía de urgencia de un Juan Carlos I corrompido hasta los huesos; pero el cuñado del nuevo rey, Felipe VI, termina en prisión por ladrón, la familia no pierde las tradiciones. Esto se solapa con una crisis general del sistema de Partidos, sumergidos todos ellos en la más generalizada corrupción. El sistema judicial hace aguas por todas partes, la cuestión vasca la “resuelve” la clase dominante con asesinatos, tortura y prisiones. Una vez más, de nuevo, estalla la cuestión catalana, que nunca se resolvió, entre otras cosas, por la incapacidad de la oligarquía centralista de crear la base material necesaria para ello.

Para amortiguar las consecuencias del estallido de la brutal crisis del 2007 se inventa la “nueva política”, PODEMOS y CIUDADANOS saltan a escena. La clase dominante consigue aflojar temporalmente la presión de la olla. Reducido fue el respiro, pero las masas quedaron de nuevo cautivas por un tiempo.

El rescate de los bancos se impone sobre el rescate de las familias, aumenta la pobreza y la marginalidad social, los salarios bajan hasta la sobreexplotación, 500.000 viviendas expropiadas brutalmente, hoy buena parte de los salarios son inferiores a los que se percibían hace diez años, se incrementa el gasto militar hasta el paroxismo, y la participación española en guerras imperialistas se extiende por el planeta. Una reducida oligarquía es la única beneficiaria de estas actuaciones políticas, hoy más enriquecida y más dictatorial. La alianza entre capital financiero y las llamadas cloacas del Estado se convierte en una necesidad desesperada, BBVA-Villarejo-Santander.

Alsasua puede ser un ejemplo que exprese con un golpe sobre la mesa la síntesis actual de todos estos parámetros, desde 1975 hasta hoy. La Guardia Civil aún no le ha pedido perdón al pueblo por sus bárbaras acciones consentidas y amparadas por la dictadura anterior -y también por la presente-, y ya está escribiendo un nuevo capítulo de su historia de terror.

El balance de este período último, que abarca casi un siglo de la dominación de la burguesía española, no es otra cosa que un cúmulo de violencias, represiones y opresiones, muerte e injusticia social. Con semejante bagaje es más fácil entender las actuales dificultades del bloque histórico de poder para mantener los mecanismos de legitimación de su dictatorial dominación. Franco sigue reposando en su monumento, también a pesar de las promesas de Pedro Sánchez.

Un nuevo proyecto histórico:

Sobre las bases de este desarrollo histórico la burguesía española no podrá dar estabilidad al sistema de dominación en la vía política. Por eso, a pesar del gran esfuerzo realizado en las elecciones anteriores, no ha habido gobierno.

Para dar una salida a esta situación será necesario cambiar las bases que soportan al actual sistema de dominación en España. Esa salida empieza siendo una cuestión democrática, pero esa salida no será tal sin un sistema de justicia social.

La cuestión democrática requiere de la reconstrucción de todo el edificio del Estado, su depuración y reconstrucción sobre bases nuevas, entre ellas, de forma imprescindible, el reconocimiento del libre ejercicio del derecho de autodeterminación.

La cuestión social pasa inexcusablemente por la expropiación de los expropiadores, por el poder obrero y por el socialismo. Entonces la vieja clase dominante española de banqueros, curas, terratenientes y militares, será sustituida por la clase obrera que todo lo produce, en alianza con los sectores populares, que junto a ella constituyen la mayoría social.

Se está acabando el viejo proyecto burgués de España, ese que defienden Casado, Rivera, Abascal, Sánchez e Iglesias, y, también a su manera, las burguesías nacionalistas, que tratan de huir de la quema en estos tiempos difíciles.

Hoy es una urgencia levantar un nuevo proyecto histórico para este país, que resuelva lo que nunca resolvió el poder oligárquico-burgués durante los siglos de su violenta dominación.

Ese proyecto será republicano, socialista y unión voluntaria de pueblos libres.

Una amplia política de alianzas tiene que articular el bloque social y político que le dé soporte.

En esas horas estamos.

Ninguna de las fuerzas políticas con presencia parlamentaria se aproxima, ni de lejos, a esta opción. Y ninguna de ellas está en condiciones de ofrecer un nuevo gobierno estable al bloque de poder dominante. Por ello no hay gobierno, y por lo mismo se busca la salida en otra huida hacia delante, con la convocatoria de Elecciones para el 10-N.

El resultado, más o menos previsible, de las Elecciones del 10-N tampoco tiene posibilidades de dar una salida a esta crisis. La crisis sistémica continuará con una u otra solución de gobierno, hasta que el bloque de las organizaciones obreras y populares levante su propia alternativa de poder, de forma soberana e independiente.

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