Save the Children estima que 11 millones de niños y niñas menores de cinco años están en riesgo de padecer hambre extrema o inanición en 11 países de África, el Caribe, Oriente Medio y Asia, con riesgo potencial de hambruna en Yemen y Sudán del Sur. La organización denuncia que la COVID-19, los conflictos armados y el cambio climático han llevado a millones de familias al límite y pide una respuesta mundial urgente y a gran escala para ayudar a evitar una catástrofe humanitaria.

Save the Children está particularmente preocupada por la infancia de Afganistán, Yemen, Sudán del Sur, República Democrática del Congo y el Sahel Central (Malí, Níger y Burkina Faso), 5 países y regiones donde la crisis alimentaria es extremadamente grave y además sufren una enorme inseguridad.

«Los niveles de hambre extrema, que ya estaban en niveles récord en todo el mundo antes de la pandemia, continúan aumentando. La situación es crítica. Estamos viendo la posibilidad muy real de que miles de niños mueran», alerta Inger Ashing, directora ejecutiva de Save the Children. «Esta crisis amenaza con retrasar los avances logrados durante décadas por muchos países para reducir la mortalidad infantil y aliviar la pobreza. Acabar con el hambre y la desnutrición en el mundo no será fácil. La comunidad internacional debe abordar las causas profundas de la escasez de alimentos, al mismo tiempo, brindar apoyo inmediato a los niños y las niñas que padecen hambre», añade.

Save the Children ha analizado las poblaciones que enfrentan inseguridad alimentaria en 11 de los países más afectados por la crisis, utilizando datos del Programa Mundial de Alimentos y la Clasificación Integrada de Fases/Cadre Harmonisé, un sistema de alerta temprana de hambruna. Luego, utilizando datos de población de Naciones Unidas, Save the Children ha extrapolado el número estimado de niños y niñas menores de cinco años considerados en riesgo de hambre extrema o inanición en los 11 países. Los primeros cinco años de la vida de un niño o niña son fundamentales: sin suficientes alimentos nutritivos para comer o sin la capacidad de absorber los nutrientes adecuados, corren un alto riesgo de sufrir desnutrición aguda, enfermedad que a su vez puede causar retraso en el crecimiento, impedir el desarrollo mental y físico, aumentar el riesgo de desarrollar otras enfermedades y, en última instancia, causar la muerte.

Aker es una madre de 38 años de Abyei, en Sudán del Sur, que a menudo no tiene nada para alimentar a sus tres hijos. Su hija Adhar, de 8 meses, sufre de desnutrición severa y para recibir atención médica, ambas tuvieron que viajar más de 60 kilómetros a pie hasta llegar a la clínica más cercana. «No tengo comida en casa para alimentar a mis hijos por la mala cosecha tras la sequía de 2019 y las inundaciones en 2020. La mayoría de las veces, el dinero que gano no es suficiente para comprar comida y alimentar a mi familia. Mi hija estuvo tres días sin comer. Yo tampoco tenía suficiente para comer y mi cuerpo no generaba suficiente leche para alimentarla», cuenta Aker.

Del mismo modo, Hamdi, de dos años, tuvo que recibir tratamiento en una clínica de Save the Children en Yemen por sufrir desnutrición. «La gente vive en malas condiciones, las enfermedades están por todas partes. Mi hijo estaba malo y pensé que iba a morir», explica su padre Saleh.

En este país devastado por la guerra, 10,3 millones de niños y niñas sufren la escasez de alimentos. Solo en la mitad sur de Yemen, 587.573 niños y niñas menores de cinco años tienen desnutrición aguda, incluidos casi 100.000 en alto riesgo de morir de hambre. La situación en el norte también es peligrosa. Un aumento espectacular de los precios de los alimentos ha afectado la capacidad de las familias para alimentar a sus hijos, lo que ha provocado un aumento de los casos de desnutrición y un riesgo potencial de hambruna.

Afganistán también está en la primera línea de la crisis del hambre. Un tercio del país se enfrenta a una grave escasez de alimentos, incluidos más de 1,5 millones de niños y niñas menores de cinco años. La COVID-19, las restricciones de movimiento, la incapacidad para encontrar trabajo y el aumento de los precios de los alimentos también están empujando esta crisis alimentaria a las áreas urbanas en una escala nunca antes vista, a lo que se suma la creciente inseguridad y la violencia armada.

En la República Democrática del Congo (RDC), la inseguridad y los conflictos armados han tenido un impacto devastador en la capacidad de las personas para acceder a los alimentos y 21,8 millones de personas en este país se enfrentan al hambre, incluidos casi cuatro millones de niños y niñas menores de cinco años. Un reciente repunte de la inseguridad en la zona este del país plantea otro desafío para la seguridad alimentaria en una región que ya vive una de las crisis humanitarias más grandes y complejas del mundo.

Los niños y las niñas en Sudán del Sur continúan en grave peligro tras años de conflictos, inundaciones y una economía deficiente que han destruido medios de vida, interrumpido la producción y los mercados de alimentos, arruinado la economía y obligado a cuatro millones de personas a huir de sus hogares. Más de la mitad de la población (6,5 millones) se ha enfrentado a la inseguridad alimentaria este año, incluidos casi un millón de niños y niñas menores de cinco años. Unos 300.000 niños y niñas padecen desnutrición aguda grave en este país, que se enfrenta además a un riesgo potencial de hambruna.

Por su parte, los países del Sahel Central (Burkina Faso, Malí y Níger) se han visto afectados durante años por los impactos del cambio climático, que a su vez han interrumpido la disponibilidad y el acceso a los alimentos y han creado la actual crisis nutricional. En los últimos años, la creciente inseguridad en la región ha agravado el problema al interrumpir el acceso a los servicios sociales, la producción de alimentos y la economía pastoril. En estos tres países, más de 650.000 niños y niñas menores de cinco años padecen hambre grave.

Frente a estos datos, Save the Children hace un llamamiento a la comunidad internacional para que actúe con rapidez para evitar la pérdida de millones de vidas. La organización también insta a los líderes mundiales a que den prioridad a las respuestas humanitarias que brindan asistencia urgente a las familias que sufren la crisis alimentaria. La organización propone como medidas urgentes transferencias de dinero en efectivo cupones para cambiar por alimentos y tratamientos esenciales nutricionales.

Save the Children concluye que no es una coincidencia que muchos de los países que ahora corren mayor riesgo de padecer hambre sean también los que están sumidos en un conflicto y pide a los líderes mundiales que acaten la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que pidió un alto el fuego global para ayudar a abordar la pandemia.

Fuente: Save the Children