Julio Florencio Cortázar fue un escritor argentino considerado uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo. Vivió su infancia y adolescencia y su incipiente madurez en Argentina y, después de la década de 1950, en Europa. Vivió en Italia, España, Suiza y Francia, donde se instaló en 1951 y compuso algunas de sus obras.

Su obra, ya eterna, camina entre el realismo mágico e incluso con el surrealismo rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Cortázar sentía un gran interés por los antiguos escritores clásicos. Sintió siempre una gran admiración por la obra del argentino Jorge Luis Borges, una admiración que fue siempre mutua pese a las diferencias ideológicas de los mismos; esto pues mientras Cortázar era un activista de izquierdas, Borges fomentaba el individualismo y rechazaba los regímenes totalitarios en general. El mismo Cortázar afirmó haber leído más novelas francesas y anglosajonas que españolas, lo que compensaba leyendo mucha poesía española, incluyendo a Salinas y Cernuda.

El uso de Cortázar del monólogo interior y la corriente de conciencia le debe mucho a James Joyce y otros modernistas, pero sus principales influencias fueron el surrealismo, el Nouveau roman francés y la estética improvisadora del jazz.

Cortázar y la revolución cubana

En 1963, Cortázar fue invitado por Casa de las Américas a visitar Cuba y eso le cambiaría la vida. Desde entonces, nunca dejóde la revolución sandinista en Nicaragua , así como de la revolución cubana de Fidel Castro y el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile. de interesarse por la política latinoamericana. Durante esa visita conoció personalmente a José Lezama Lima, con quien se había estado escribiendo desde 1957, y su amistad se mantuvo hasta su muerte. En el mismo año publica su mayor éxito y se transforma en parte de la historia de Latinoamérica: la novela «Rayuela» se convirtió en un clásico de la literatura española.

La estructura abierta de Rayuela, que invita al lector a elegir entre un modo de lectura lineal y no lineal, ha sido elogiada por otros escritores latinoamericanos, entre ellos José Lezama Lima, Giannina Braschi, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

Resultado de imagen de Julio Cortázar

Los derechos de autor de algunas de sus obras fueron donados a presos políticos en muchos países, incluida Argentina. En una carta a su amigo Francisco Porrúa en febrero de 1967, admitía: «El amor de Cuba por el Che me hizo sentir extrañamente argentino el 2 de enero, cuando el saludo de Fidel en la plaza de la Revolución al comandante Guevara, allí donde esté, desató en 300.000 hombres una ovación que duró diez minutos».

En noviembre de 1970, viajó a Chile, donde se solidarizó con el gobierno de Salvador Allende.

En 1971 se opuso a la persecución y arresto del autor Heberto Padilla y se mostró desilusionado con la actitud del proceso cubano. En mayo de 1971 reflejó su sentir ambivalente hacia Cuba en «Policrítica en la hora de los chacales», poema publicado en Cuadernos de Marcha y reproducido después por Casa de las Américas.

En 1974 fue galardonado con el Médicis étranger por Libro de Manuel y entregó el dinero del premio al Frente Unificado de la resistencia chilena. ​Ese año fue miembro, junto con los escritores Gabriel García Márquez y Armando Uribe, del Tribunal Russell II reunido en Roma para examinar la situación política y la violación de derechos humanos en América Latina. ​También, en 1974, junto a otros escritores tales como Borges, Bioy Casares y Octavio Paz, pidieron la liberación de Juan Carlos Onetti, apresado por deliberar como jurado en favor del cuento El guardaespaldas de Nelson Marra.

Resultado de imagen de Julio Cortázar

Nicaragua, una lucha que le marcó

En 1976 viajó a Costa Rica, donde conoció a Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal, y realizó un viaje secreto a Solentiname, pueblo de Nicaragua. Este viaje le marcó para siempre y fue el inicio de una serie de visitas al país. Después del triunfo de la revolución sandinista, visitó Nicaragua muchas veces y prestó mucha atención, si cabe, al progreso y la realidad de Nicaragua y América Latina. Estas experiencias dieron como resultado una serie de textos que serían recopilados en el libro Nicaragua, tan violentamente dulce.

El 12 de febrero de 1984, a causa de una leucemia, Cortázar falleció. Dos días después, fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, ya que tres años antes había recibido la nacionalidad francesa.

Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha, al mismo tiempo, fue el no aceptar las cosas como me eran dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mí un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba. En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas. Julio Cortázar