El informe Rompiendo la cadena, publicado por World Vision revela que el matrimonio infantil se ha duplicado con creces en varias comunidades entre marzo y diciembre de 2020, en comparación con el mismo periodo de 2019. El hallazgo se corresponde con las predicciones de la ONG sobre la agudización de la pobreza tras el brote de COVID-19 que podría dejar a otros cuatro millones de niñas en riesgo de matrimonio infantil para 2022.

El personal de World Vision respondió a más del doble de informes de matrimonio infantil durante el brote de coronavirus desde marzo de 2020.  La ONG sugiere que este aumento se debe a la pérdida de medios de vida durante la pandemia, al aumento de la pobreza y a la falta de acceso a la educación y a los servicios de apoyo.

Dana Buzducea, líder global de incidencia de World Vision afirma que «creemos que la infancia es sagrada, por lo que es desgarrador ver que cada año 12 millones de niñas se casan antes de cumplir los 18 años. Cada una de ellas es una tragedia con efectos de largo alcance: pupitres vacíos en las aulas, niñas tratadas como una mercancía, y la pérdida del potencial económico y social de cada una. Sabemos que la desesperación económica de las familias, la pobreza y factores culturales pueden impulsar el matrimonio infantil, especialmente en los lugares más frágiles del mundo. La pandemia de COVID-19 y los confinamientos han aumentado la presión sobre las familias, amenazando el derecho de las niñas a vivir una infancia segura y a desarrollar su potencial”.

«Otros cuatro millones de niñas podrían ser casadas a causa de esta pandemia, y ya lo estamos viendo en varias comunidades. No podemos permitirnos esperar; se arruinarán más vidas a menos que se realicen cambios cruciales para proteger a las jóvenes. Los gobiernos, los donantes y los socios deben hacer más para garantizar el cumplimiento de las leyes que protegen a los niños y niñas y diseñar una respuesta global sólida para acabar con el matrimonio infantil», añade Buzducea.

World Vision sostiene que la comunidad internacional debe trabajar para elevar la edad mínima para contraer matrimonio a los 18 años y garantizar la presencia y aplicación de leyes de prevención del matrimonio infantil.

La investigación reafirma que postergar las uniones de hecho y matrimonios y mantener a las niñas en el sistema escolar es clave para mejorar su desarrollo y optimizar sus oportunidades económicas y sociales a futuro.

«Las mujeres y las niñas son poderosos agentes de cambio para acabar con el matrimonio infantil. Dola tiene 16 años y con sus amigas ha salvado a cientos de niñas de ser casadas sólo en Bangladesh. Estas líderes juveniles están luchando por los derechos de sus compañeras, y al hacerlo están rompiendo la cadena de vulnerabilidad y desigualdad que provoca el matrimonio infantil», afirma Buzducea.

«El matrimonio infantil es una guerra para nosotras y somos guerreras. Un día venceremos» concluye Dola, 16 años, secretaria del Foro Nacional de la Infancia, Bangladesh, y líder juvenil de World Vision.

2 Comentarios

  1. En Asia el 46% por ciento de los niños y niñas se casan antes de cumplir los 18 años. En Bangladesh, el 73% de las mujeres casadas fueron casadas de niñas.
    En Senegal, sólo el 18% de mujeres usan métodos anticonceptivos.
    En Níger, la edad media del matrimonio es de 15.8.
    En Malawi, 4 de cada 5 niñas casadas no han terminado la educación primaria.
    En Mozambique, la violencia emocional, física y sexual son factores por los que las niñas abandonan la escuela, lo que les lleva a casarse.
    En Zambia, el 31% de las mujeres entre 20 y 24 años fueron casadas a los 18 años.
    En Tanzania, el 61% de las mujeres entre 20 y 24 años sin acceso a la educación fueron casadas a los 18 años, frente al 5% de mujeres con educación secundaria o mayor.
    Esta costumbre, machista, ha sido bendecida siempre por el islam porque entronca con la concepción mahometana del matrimonio, que exige a la mujer una docilidad completa al marido.
    El tópico del matrimonio de muchos musulmanes con menores de 18, e incluso 16 años, no es un estereotipo occidental ajeno a la realidad. Ahí está, para demostrarlo, el proyecto de Ley de Familia presentado la semana pasada ante el Parlamento iraquí por el gobierno de Al Maliki -a quien muchos consideran moderado y prooccidental-, en el que se pide legalizar el matrimonio a cualquier edad. No es normal encontrarse esposas-niñas en Bagdad, pero es una costumbre muy extendida en el resto del país, y defendida -como norma religiosa- por el partido radical chií, que Al Maliki necesita hoy desesperadamente para mantenerse en el poder.
    ¿Qué tiene de religioso, o de piadoso, obligar a una niña o adolescente a contraer matrimonio con un varón que podría ser su padre? La costumbre, machista, ha sido bendecida siempre por el islam porque entronca con la concepción mahometana del matrimonio, que exige a la mujer una docilidad completa al marido. Pero el argumento más contundente es el ejemplo personal de su profeta por antonomasia, Mahoma. El fundador del islam fue monógamo mientras vivió su primera esposa, Khadija, pero al morir esta tuvo después por lo menos tres mujeres. De ellas su favorita fue sin duda la niña que le fue entregada en matrimonio. Con Aisha, hija del futuro primer califa Abu Bakr, Mahoma se casó cuando ella tenía seis o siete años, aunque según las fuentes tradicionales musulmanas el matrimonio no se consumó hasta que cumplió los nueve.

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