El 13 de febrero nacía Beate Klarsfeld, una activista y periodista que se hizo conocida por su compromiso de investigar y enjuiciar los crímenes nazis. Junto con su esposo utilizó documentos detallados para alertar sobre numerosos criminales nazis que vivían tranquilos y escondidos: Kurt Lischka, Alois Brunner, Klaus Barbie, Ernst Ehlers, Kurt Asche y otros.

Klarsfeld, berlinesa de nacimiento, se mudó a París y allí se casó con el abogado e historiador francés Serge Klarsfeld, cuyo padre fue víctima de la persecución de los judíos y asesinado en Auschwitz. Según señaló la propia Beate Klarsfeld en una entrevista en SPIEGEL, su marido la ayudó a “convertirse en alemana con conciencia y conciencia”.

Con motivo de la visita a París de Kurt Georg Kiesinger, que fue elegido canciller alemán de una gran coalición de CDU y SPD después de la crisis del gobierno en octubre y noviembre de 1966, Klarsfeld, que entonces era miembro extranjero del SPD, participó en un artículo para el periódico francés Combat el 14 de enero de 1967 contra la cancillería de Kiesinger. Entre otras cosas, criticó a Kiesinger por tener “tan buena reputación entre las filas de las camisas marrones”, una referencia nazi, como “como las de la CDU”. Ahí comenzó todo.

Beate Klarsfeld y su lucha contra Kiesinger 

Con el fin de señalar el pasado nacionalsocialista de Kiesinger, Beate Klarsfeld inició una campaña con diversas acciones públicas. El propio Kiesinger se había registrado como miembro del NSDAP a fines de febrero de 1933 y había sido ascendido a subjefe del departamento de política de radiodifusión del Ministerio de Relaciones Exteriores desde 1940, responsable de influir en la radiodifusión extranjera. Kiesinger era responsable de la vinculación con el Ministerio de Propaganda del Reich.

Klarsfeld acusó a Kiesinger, miembro del consejo de administración de Interradio AG que compraron estaciones de radio extranjeras con fines de propaganda. Además, fue el principal responsable del contenido de la radiodifusión internacional alemana, que incluía propaganda antisemita y propaganda de guerra, y trabajó en estrecha colaboración con los oficiales de las SS Gerhard Rühle y Franz Alfred Six , quien fue directamente responsable de los asesinatos en masa en Europa del Este.

Continuando con sus investigaciones, descubre que la Oficina franco-alemana para la juventud está administrada por Walter Hailer, un exfuncionario nazi. En 1968, llama la atención internacional al abofetear al canciller Kiesinger durante un congreso de la CDU en Berlín Oeste.

En 1970, logra evitar la nominación de Ernst Achenbach —un funcionario en Francia durante la ocupación nazi, responsable del envío de 2000 judíos a los campos de concentración— como representante de la República Federal de Alemania en la Comisión Europea, difundiendo un archivo que lo denunciaba como criminal nazi.

En 1971, obtiene de Willy Brandt, nombrado canciller dos años antes, la firma de un nuevo tratado franco-alemán según el cual los responsables alemanes de crímenes de guerra en Francia podían ser juzgados en la RFA, terminando con la impunidad que había existido hasta entonces.

Latinoamérica y Beate Klarsfeld

Beate Klarsfeld emprende en 1971, junto a su marido, la tarea de extraditar desde Bolivia al criminal de guerra Klaus Barbie, que vive bajo el alias Klaus Altmann. Tras un largo y difícil desarrollo, lograrán que Barbie sea extraditado y juzgado en Lyon en 1987.

Beate y Serge Klarsfeld sobreviven en 1972 y en 1979 a intentos de asesinato por parte de la red nacionalsocialista ODESSA, que quiere terminar con su vida debido a su antinazismo militante. Estas acciones llaman la atención de la comunidad judía en los Estados Unidos, que invita a Beate Klarsfeld a dar conferencias en su país; esta movilización da por resultado la creación en 1979 de una Fundación que lleva su nombre, ubicada en Nueva York, la cual recoge fondos para la investigación y captura de criminales de guerra nazis.

En 1984, viaja a Chile para intentar que el general Augusto Pinochet extradite al SS Walter Rauff, que se encuentra escondido en Santiago; se produce en aquel momento la muerte natural de Rauff y el pedido se cierra.

Klarsfeld también ha capturado e investigado el paradero de otros antiguos nazis y ha solicitado los juicios correspondientes.