El 14 de Abril celebramos la proclamación de la II República Española. Un periodo histórico que aún marca la historia de nuestro país en muchos sentidos. En 2017, casualmente, coincide con Viernes Santo, una celebración católica que eclipsa esta efeméride que no hay que olvidar para recordar los orígenes del actual Régimen del 78

Y ¿Porque llamar régimen del 78 a lo que mucha gente cree que es una Democracia? porque, básicamente, no se basa en la legalidad existente antes de la Guerra Civil. La Guerra Civil, entre mucho sufrimiento y otras cosas que causó a la población de ambos bandos, supuso que el régimen existente tras la guerra se cargaba lo que no le gustaba o convenía, o sea, todas las leyes hechas desde 1931 quedaban derogadas, y las pocas que se mantenían fueron modificadas al gusto de la propia dictadura que vino después. El mejor ejemplo fue la Ley de Vagos y Maleantes, que pasó de ser una de las leyes de control social más innovadoras en los años 30 a ser una ley retrógrada que perseguía a todo aquel que no estaba de acuerdo con la Dictadura o con el modelo social que imponía la oligarquía católica y los poderes económicos ligados al regimen Franquista.

La breve época republicana surge tras una época convulsa en España, en la cual, las ultimas elecciones que hubieron fueron las de 1923, el 29 de abril, las ultimas hechas bajo el ‘turnismo’ de la Restauración. En Septiembre sería el golpe de Estado de Primo de Rivera, promovido por la misma monarquía que caería el 14 de abril del 1931, 8 años más tarde. La proclamación de la Segunda República fue el resultado de las Elecciones Municipales, realizadas dos días antes, que fueron la antesala a otras elecciones, en junio, que se proclamaron Constituyentes. El caso es que tales elecciones municipales se consideraron una prueba de legitimidad para la monarquía, herida de muerte tras el intento fallido de normalidad constitucional promovido por Alfonso XIII (Dictablanda)

Tras tales elecciones, los resultados que llegaban eran desastrosos para la monarquía y exitosos para los republicanos. En Madrid los republicanos triplicaban a los monarquicos, y en Barcelona los cuadruplicaban. Durante el día 13, en el Gobierno y en los despachos se preguntaban ¿qué hacer?. Célebre fue la frase del presidente del Gobierno de entonces, el Almirante Juan Bautista Aznar-Cabanas, que contestó a los periodistas: ‘¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se levanta republicano?‘. La tarde-noche del día 13, lunes, se extendió el rumor de que el rey se marchó, cosa que aún no lo hizo. Se intentó disolver una manifestación nocturna, de madrugada, en la Puerta del Sol, sin ningún éxito. Y a las 6 de la Mañana del martes 14 de Abril, en Eibar se izaba la bandera republicana.

En la mañana del 14 de Abril, se sucedieron los actos en los Ayuntamientos que proclamaban la República. Todos conllevaban un carácter festivo y de júbilo. En Barcelona, quitaron la placa de la Plaza Alfonso XIII, para poner, en cartón e improvisadamente, la placa de la Plaza de la República, actualmente es la Plaça de Sant Jaume. En Madrid, el General Sanjurjo, entonces director de la Guardia Civil, se fue a la residencia de Miguel Maura, lider socialista y del ‘Comité Revolucionario Republicano’ y se cuadró delante de él, siendo un gesto de reconocimiento a los miembros del ‘Comité Revolucionario Republicano’, estando en él miembros como Niceto Alcalá Zamora o Manuel Azaña. En Valencia se concentraron todo el día, siendo elegido a la noche alcalde Vicente Marco Miranda, redactando el bando ‘al poble valencià’, en el que se menciona en valenciano: ‘La Republica ha sido implantada por la vía legal, dando al mundo un ejemplo único en la Historia. Que su defensa y consolidación sean también ejemplares’. Sin embargo, posteriormente no fue bien defendida ni llegó a consolidarse, pero dejó una fuerte impronta en la gente demócrata de España.

La joven (y breve) República tuvo una de las Constituciones más avanzadas del mundo para la época que le tocó vivir. Recogió los principios parlamentaristas y afianzó al orden legislativo como el más importante del sistema democrático, aún siendo sólo una cámara representativa (no había Senado como tal). También implementó por primera vez la figura del jurado popular y los referendos legislativos, para refrendar leyes realizadas por el Parlamento. A tener en cuenta también que fue el único período con laicismo a nivel Estatal, y pérdida de privilegios por parte de la Iglesia. También fue de los primeros países en Implantar un Tribunal de Control Constitucional, el Tribunal de Garantías Constitucionales, a imagen y semejanza del primero, el de Austria, creado y presidido por el famoso jurista Hans Kelsen.

No solo eso, la Constitución del 31, llevaba consigo todo un catálogo de derechos que podían ser invocados por todo el mundo, instaurándose el matrimonio civil, el divorcio o el voto femenino, gracias en parte a la Diputada Clara Campoamor. La educación pública, gratuita y de calidad se extendió hasta el punto de que se crearon un montón de colegios en poco tiempo, siendo el periodo de mayor esfuerzo económico en la mejora de la Educación en toda la historia de España. Además el jefe de Estado era elegible mediante una asamblea hecha por todos los diputados y compromisarios elegidos específicamente para la elección del presidente de la República. Resumiendo. la Constitución de 1931 se realizó pensando en futuro y progreso, para llegar a cotas de bienestar que solo se vieron 80 años después y no de la manera que se quiso prever con esta Carta Magna. Para mucha gente, debe ser la base en la que basarse en un futuro Proceso Constituyente.

Recordar que el sistema actual del Régimen del 78 no llega al nivel de democratización de su Constitución predecesora. Es un sistema democrático flojo, que se basa más en fortalecer al sistema ejecutivo frente al legislativo, e interviene en el judicial, desvirtuando el principio Parlamentarista y el principio de Montesquieu de la Separación de Poderes. En el sistema actual, no se permite la democracia directa, siendo ésto el verdadero miedo de los poderes Constituyentes a la hora de redactar la Constitución del 78. El jurado no fue reintroducido, y solo para determinados delitos, hasta 1996 y tras la eliminación de un Código Penal franquista, el de 1973, que aún perduró mucho tiempo en supuesta Democracia. Además, la Iglesia, gracias a la ‘aconfesionalidad’ del Estado, se desmarcaba de la religiosidad del régimen anterior, pero sin eliminar ningún privilegio a la Iglesia, de todos los que obtuvo tras ganar la Guerra, al estar al lado del General Franco.

Para más colmo, la Constitución del 78 solo protege una serie de derechos liberales, y no demasiado bien, dejando a la mayoría de derechos como principios rectores de las leyes, sin derecho a su invocación ante un tribunal, lo que los convierten en puro papel mojado. La educación pública, gratuita y de calidad es inexistente, empezando por la ambigüedad de la proclamación del Derecho a la Educacion y a la Libertad de Enseñanza. El primero fue incluido a regañadientes, y el segundo se ha desarrollado en forma de tolerancia a la enseñanza privada y religiosa, mediante la figura de los conciertos. De esta forma, es la Iglesia quien más oferta de enseñanza ofrece actualmente, al mismo nivel que en época del Franquismo. Decisiones como la elección del jefe de Estado o determinados cargos como el Defensor del Pueblo o el Presidente del Consejo General del Poder Judicial no son ni tenidas en cuenta para que sean votadas por el pueblo.

La Constitución actual, de 1978, se demuestra que existen actualmente demasiados ecos del Franquismo, tanto en su articulado, como en su desarrollo posterior. Se ha convertido en el instrumento para blindar el pasado franquista del actual sistema, creado como un lavado de cara que empezó con Álvaro Fernández-Miranda, con el lema ‘De la Ley a la Ley a través de la Ley‘, y continuó con la Transición y Adolfo Suárez y siguió con una democracia turnista de dos grandes partidos (PP y PSOE), parecida a la época de la Restauración, pero que no ha servido para crear una sociedad justa, democrática e igualitaria, como la que abogaba la II República y la Constitución de 1931. También se dice que el silencio, el no referirse en ningun punto al pasado democrático de la II República y al ninguneo a las víctimas del Franquismo en la Constitución, demuestra que fue el propio Franquismo quien, sino promovió su creación, sí estuvo implicado en ello.

El propio Adolfo Suárez, primer presidente del Gobierno en democracia y segundo presidente del Gobierno nombrado directamente por el Rey, reconoció que, si se hacía un referéndum monarquía-república, ésta ultima sería la ganadora victoriosa. De forma que la única manera de que la Transición saliera tal y como los franquistas deseaban era incluyendo al Rey en el ‘Pack’. Así lo declaró ante Victoria Prego, periodista política, en 1996 y rescatado después de muerto Suárez hace unos meses.

Según el blog https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es, en su post que habla sobre Adolfo Suárez, la Transición se trataba de ir de un fraude a otro fraude, (De la Ley a la Ley…) al que Suárez llamó “Ley para la Reforma Política”, la octava de las leyes fundamentales redactada por el franquismo, aprobada por las Cortes franquistas en noviembre de 1976. La ley reconocía la continuidad del régimen franquista: “Sólo incardinando en el orden político vigente puede [la reforma] encontrar fuente y base para su legítimo planteamiento”.

Con la “Ley para la Reforma Política” las Cortes franquistas se autodisolvieron, convocando elecciones legislativas para el 15 de junio de 1977. No fueron, pues, unas elecciones a Cortes constituyentes. A causa de ello, el PCE manifestó inicialmente su oposición. Pero sin un proceso constituyente, como sí hubo en la II República, no puede aprobarse constitución. Sin embargo, como consecuencia de otro fraude más a los electores, fueron engañados, posteriormente se reconvirtieron en constituyentes y redactaron una Constitución. Constitución que, para obtener Democracia, obligaba al pueblo a tragarse a la monarquía impuesta por Franco y el Ejército. Constitución que surgió de una Ley promulgada por las Cortes Franquistas. Con eso queda todo dicho…

¡Viva la República!

 

 

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