Dian Fossey fue una zoóloga estadounidense reconocida por su labor científica y conservacionista con los gorilas (Gorilla beringei beringei) de las montañas Virunga, en Ruanda y la República Democrática del Congo.

Dian Fossey vivió una complicada infancia, marcada por la temprana separación de sus padres y el maltrato psicológico al que le sometió su progenitor; se licenció en terapia ocupacional y se especializó en la investigación de técnicas de trabajo con niños de educación especial.

En 1960, el destino quiso que la zoóloga se topase con el primer texto especializado en gorilas de montaña, escrito por el prestigioso investigador George B. Schaller. En sus páginas Dian Fossey descubrió un alarmante dato: solo quedaban vivos 500 ejemplares de esta especie en una zona volcánica de África Central, desamparados, además, frente a las hordas de cazadores furtivos deseosos de hacerse con alguno de estos animales.

Fossey, junto con Jane Goodall y Birutė Galdikas, formaron las Trimates, el grupo de tres prominentes investigadoras en primates: (Fossey en gorilas, Goodall en chimpancés y Galdikas en orangutanes). Las tres fueron enviadas por Leakey a estudiar los simios en su hábitat natural.

Su paciencia y su meticulosa observación de los gorilas le permitieron comprender e imitar su comportamiento, ganando paulatinamente la aceptación de varios grupos. Aprendió a reconocer las características únicas de cada individuo, llegando a tener con ellos una relación de confianza y afecto.

Karisoke, su lugar de estudio, se convirtió en centro internacional de investigación sobre los gorilas cuando ella fundó el Centro de Investigación de Karisoke en 1967. En 1974 recibió el grado de doctora en Zoología por la Universidad de Cambridge.

Gorilas en la niebla

En 1983 publicó Gorilas en la niebla, libro que expone sus observaciones y su relación con los gorilas en todos sus años de estudios de campo. Su trabajo contribuyó en gran parte a la recuperación de la población de gorilas y a la desmitificación de su supuesto comportamiento violento.

El libro supone un viaje único a las selvas de las montañas de África que plantea complejas preguntas acerca de la responsabilidad del ser humano en la preservación de la naturaleza y qué significa tratar éticamente a los animales.

Se encuentra entre los libros más importantes jamás escritos sobre nuestra conexión con el mundo natural. Los extraordinarios esfuerzos de Fossey para garantizar que la selva y los gorilas de las montañas que quedaban tuvieran un futuro quedan plasmados en sus palabras y en las espontáneas fotografías de estas fascinantes especies en vías de extinción.

Gorilas en la niebla sigue siendo el legado inestimable de uno de los estudios de campo más largos realizados sobre los primates y pone de manifiesto su inextinguible pasión por ellos.

Fossey y la lucha contra los furtivos

En sus veintidós años de estudio con los gorilas, Fossey se enfrentó y combatió la actividad de los cazadores furtivos que estaban llevando la especie de los gorilas de montaña a la extinción. Esta lucha le creó muchos enemigos, y se sospecha que fue el motivo de su asesinato en 1985. Fossey fue encontrada muerta en el dormitorio de su cabaña en las montañas de Virunga, Ruanda, el 26 de diciembre de 1985.

Su muerte, a machetazos, fue atribuida al jefe de los cazadores furtivos de gorilas contra los que luchó. En un principio se señaló a los furtivos, pero posteriormente fue acusado Wyne McGuire, un joven estudiante que se encontraba bajo la asesoría de Fossey y al que se le acusó de ‘celos profesionales’. McGuire huyó a Estados Unidos poco antes de que un Tribunal ruandés le acusase del crimen y le condenase a morir fusilado en cuanto pisara territorio de Ruanda. Todo suposiciones.

Las circunstancias que rodearon a su muerte tardaron tiempo en esclarecerse. Muchos años después se supo que el autor del crimen había sido un cuñado del presidente ruandés y capo de los furtivos que se dedicaban a masacrar gorilas.

La última entrada en su diario decía:

«Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado, y se concentra más en la conservación para el futuro».

 

 

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