Luis Ferreirim
Responsable de la campaña de reducción de Carne y lácteos en Greenpeace


El cambio climático es el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad y también la principal amenaza a la vida tal como la conocemos. Precisamente, la semana pasada, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) nos advertía de la urgencia de poner en marcha medidas drásticas para frenar los peores efectos del cambio climático limitando el calentamiento global a 1,5º C. No es el primer aviso, pero puede que sea el último si una vez más no lo tomamos en serio.

Todavía estamos a tiempo, pero para lograr los “cambios de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad” que nos urge a hacer el IPCC, nos tenemos que involucrar todas las personas. No hay duda que las personas competentes de las políticas tienen una enorme responsabilidad por la situación límite a la que hemos llegado. Su pasividad ante las numerosas advertencias, su irresponsabilidad en la toma de decisiones para salvaguardar el bien común, su connivencia con los modelos productivistas, despilfarradores de recursos y destructivos… Pero también es nuestra, por dejarnos enredar en este modelo consumista que está agotando el planeta y llevándonos hacia un callejón sin salida.

Es fácil poner la responsabilidad de lo que ocurre en las demás personas, en el “sistema”… y es muy difícil un cambio de mentalidad, un cambio de hábitos de consumo. Sin embargo, lo imposible sólo cuesta un poco más. Ahora, más que nunca, es el momento de ambicionar ese imposible y la alimentación juega un papel decisivo.

Precisamente, no hace mucho, se publicó un informe científico en el que se concluía que reducir el consumo de carne y lácteos es la mejor forma de reducir nuestro impacto sobre el planeta, puesto que la producción de alimentos de origen animal tiene diez veces más impacto ambiental que la de aquellos de origen vegetal. Los datos están ahí y nos invitan a una reflexión profunda sobre el modelo actual de producción industrial de alimentos, y en particular de carne y otros derivados animales.

Pero aquí, quiero recordar el enorme papel positivo que juega esa solicitada y necesaria reducción del consumo de carne y otros derivados animales. Menos productos de origen animal significa:

…un mejor clima. Reducir un 50% el consumo y producción de alimentos de origen animal a nivel global para 2050, en particular carne y lácteos, supondría una reducción del 64% de la emisión de gases de efecto invernadero. En 2017 el consumo de carne en España se redujo un 5% respecto a 2016 y eso significó un ahorro de la emisión de casi 2 millones de toneladas de CO2, casi tanto como emite la Central Térmica de Meirama en A Coruña.

…más biodiversidad. Más alimentos de origen vegetal y menos de origen animal podrían reducir el riesgo de extinción entre el 20 y el 40% estimado para 2060 para aves y mamíferos de mediano y gran tamaño.

…mejor salud. Adoptando una dieta con menos carne y más verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y frutos secos se podrían evitar al año en 2050, 5 millones de muertes.

… y tantas otras cosas más, como reducir la deforestación, dedicar más superficie agrícola a la producción de alimentos para consumo directo humano y para la biodiversidad, reducir el uso y contaminación del agua, la contaminación de los suelos, el despoblamiento rural, el maltrato animal…

¿Aún tienes dudas de lo importante que es tu alimentación y del enorme cambio que puedes provocar?

También las ciudades tienen un papel fundamental en este cambio. Por ejemplo, en España, cada día se da de comer a 1.700.000 estudiantes en comedores escolares, a 160.000 pacientes en hospitales y a 60.000 personas reclusas. Por ello, por pequeño que sea el cambio en estos menús, tendría grandes impactos para el planeta y para la salud. Además, todos los diagnósticos indican que estamos dando un exceso de proteína animal a los niños y niñas con las graves consecuencias que eso puede tener para su salud. Las políticas alimentarias urbanas deben tener este problema, y todas sus implicaciones, en buena cuenta y promover la reducción del consumo de alimentos de origen animal y la predominancia de los alimentos de origen vegetal.

Michael Pollan resume en una frase cómo debería ser nuestra alimentación. “Come comida de verdad, no demasiada y la mayoría de origen vegetal» “y que sea ecológica, justa, local y de temporada” me gusta añadir a mí.