La mujer es la hembra humana: la nueva verdad revolucionaria

Cynthia Duque Ordoñez

La unión de la empatía, el conocimiento y la reflexión sin prejuicios nos trae cosas maravillosas. Esa sinergia fue la que surgió del encuentro feminista de Gijón la pasada semana y nos vino a confirmar lo que muchas decimos una vez nos desprendemos de la losa de irracionalidad “de género” que nos aprisiona. A continuación expondré algunas de las ideas vertidas durante las jornadas de la Escuela Feminista.

Del feminismo racional ilustrado al generismo irracional adoctrinador

Feminismo es sinónimo de teoría política analítica de las relaciones humanas a lo largo del tiempo y del espacio que ha llegado a la conclusión que las mujeres por ser potencialmente gestantes de la prole, de la descendencia que heredará el nombre y bienes del varón (hasta hace algunas décadas los hijos eran propiedad de los hombres y una mujer tenía negados sus derechos hereditarios en Europa, que decir de poner primero tu apellido cuando arriesgas la vida en el embarazo y parto, entre otros ejemplos). Como teoría política el feminismo tiene una agenda política consistente en remover los obstáculos existentes en la sociedad que nos discriminan a hombres y mujeres por razón de nuestro sexo, base de la jerarquización social piramidal en la cual las mujeres obreras estamos en la base y de las relaciones entre sexos asociados a unos perjuicios (ideológicos, religiosos, determinismo biológico…) que afectan a nuestra conducta (género). Por tanto la agenda política del feminismo consiste en desactivar la discriminación sexual aboliendo el género asignado a cada sexo.

Por consiguiente, los irracionalismos no tienen cabida en la tradición feminista y por irracionalismo nos referimos a toda la enumeración clásica de tópicos misóginos del siglo XIX. En el análisis sociológico hemos separado los hechos (objetivos) de los sentimientos o emociones que se desprenden de esos hechos, y de esta manera llegado al conocimiento. Este conocimiento ha significado darnos cuenta de que lo que nos sucede a todas y cada una de las mujeres en todo el mundo por ser mujeres tiene la misma explicación, es decir, siempre detrás de cada discriminación sexual está el patriarcado, un patriarcado global que nos afecta de forma general a todas las mujeres (en diferentes grados según el nivel de desarrollo social del país). Por consiguiente, lo personal es político. Tenemos la obligación y el deber de promover políticas de justicia social para revertir la sangrante discriminación sexual que sufrimos las mujeres.

Llegados a este punto podemos afirmar rotundamente que la teoría queer no nace de la teoría feminista, sino de las teorías misóginas irracionales tan populares del siglo XIX y de la manipulación de los estudios de la mujer (llamados teoría de género erróneamente con la finalidad de introducir políticas feministas en países con un fuerte arraigo machista judeocristiano) que tenían la intención de revertir la discriminación basándose en el estudio de las diferencias entre las mujeres, dando prioridad a la despolitización y a la segmentación de las luchas sociales basándose en la subjetividad. Sin embargo, la teoría queer corta y se distancia de los estudios sobre la mujer, pues pervierte la categoría género (analítica) para señalar las diferencias entre mujeres incorporando categorías postmodernas (externas a la teoría feminista) y multiculturales de los años 90. Se pasa por tanto de buscar aquello que compartimos todas las mujeres (el sexo) para hacer políticas públicas a buscar aquello en lo que nos diferenciamos, desterrando el sentido a la frase “lo personal es político”.

La teoría queer pone el énfasis en el lenguaje, la identidad, los sentimientos (el plano irracional) basados en prejuicios misóginos y relaciones de poder (género) empleados durante siglos para disfrazar a las mujeres de lo que los hombres querían de ellas, someterlas y relegarlas a lugares sociales alejados del control del poder económico y social (discriminación sexual), es decir, reivindica como privilegio travestirse de la opresión de las mujeres.

El fin objetivo perseguido por la teoría queer no es otro que desactivar la categoría sexo-género, como si fueran sinónimos. ¿Acaso el actor que interpreta un papel en los escenarios es en su interior tal personaje? Ser y parecer nunca tuvieron ni tendrán el mismo significado ni representarán lo mismo en las relaciones sociales jerárquicas.

Los deseos no construyen la realidad

La especie humana es sexuada por naturaleza de manera binaria, dicho lo cual no creo haber hecho ningún gran descubrimiento. Tampoco supone caer en esencialismo biológicos como nos acusan, pues tal concepto es el que lleva aparejado los prejuicios misóginos que durante generaciones han asignado a nuestro sexo tales como irascibles, envidiosas, manipuladoras, “el sexo débil” y cien mil improperios más que no tengo ganas ni tiempo para enumerar.

La teoría queer trata de decirnos que el esquema binario es una falacia, de su abolición pretenden convencernos de que no existe diferencia sexual entre hombres y mujeres porque el cuerpo es una construcción imaginaría. Afirman categóricamente que nacer con un sexo determinado no es un dato dado por la naturaleza sino una construcción individual y cambiante a lo largo de la vida del sujeto. Afirmaciones que no nacen de la teoría feminista ni tienen agenda feminista y que tienen por efecto invisibilizar que por ejemplo en la India, país en el que desde 2014 se ha aprobado un tercer género: 63 millones de mujeres falten por aborto selectivo; miles de jóvenes se suicidan al año tras ser violadas mientras otras tantas son asesinadas “para salvar el honor de sus familias”; es el paraíso de la prostitución reproductiva; o cuando 5000 mujeres en los tres últimos meses se han extirpado el útero por la exigencia de las multinacionales que operan en el país y que incluso han llegado a financiar su operación.

Cuando las mujeres son víctimas de delitos sexuales, son tratadas como objetos o discriminadas laboralmente nadie les pregunta cómo se sienten, porque todos saben que son mujeres, esa es la raíz de la discriminación: el sexo que nos hace ser hembras humanas, es decir, mujeres.

Nuestro sexo ha estado y está sometido al interés del capital. La opresión sexual que sufrimos las mujeres deviene de la realidad biológica inmutable y objetiva de ser hembras humanas.

Elevar al mismo nivel ontológico sexo e identidad deviene en la imposibilidad de diferenciar lo justo de lo injusto, pues un análisis objetivo de la discriminación sexual tendría el mismo valor que los deseos individuales de cualquier persona, que suelen coincidir con convertir el cuerpo de las mujeres en un objeto de mercadero. ¿Quiénes comparten como argumento que deseos individuales sean positivizados como derechos haciendo añicos la legislación encaminada a reducir la discriminación sexual y de clase? Los defensores de la compra de mujeres con fines de explotación sexual y reproductiva (prostitución y vientres de alquiler), los defensores de la pederastia, los defensores de la venta de órganos o los queer, entre otros. En resumidas cuentas los anarcocapitalistas que tratan de abolir el Estado para que solo las leyes que los individuos se pongan así mismos sean las “reguladoras” en nuestras relaciones sociales.

De manera latente cuando la única certeza es el yo, lo que suceda con los demás se convierte en irrelevante y la relación entre individuos se difumina, dejando de ser importante si estas relaciones son justas o injustas, dignas o indignas, de dominio o de insumisión. Y todo ello en un clima social patriarcal global que nos lleva a las mujeres, sobre todo a las de capas obreras, a ser enterradas aun más hondo en el foso de la discriminación sexual y misógina por enterradores que han cambiado sus sotanas por banderas identitarias e individualistas sectarias.

En tanto la teoría queer considere la autodefinición sexual un fin en sí mismo, haciendo de las preferencias personales lo relevante será un lastre para el logro social de la justicia sexual a la cual la teoría feminista aspira y por ende, será antifeminista.

Hace unos años nunca pensé que diría esto, pero parece que es una verdad revolucionaría ser hembra humana.

 


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