Silvio Gesell nació en Sankt Vith, actualmente Bélgica y entonces parte de Alemania. Su escasez de recursos le impidió cursar estudios universitarios y comenzó a trabajar en el Reichspost, el sistema postal del Imperio Alemán. Como no le gustaba este oficio, empezó a trabajar como aprendiz de comercio junto con su hermano en Berlín.

Emigró a Argentina en 1887 y en 1889, a raíz de la crisis durante el gobierno de Juárez Celman, Silvio comienza a analizar el sistema monetario a modo de encontrar solución a la crisis; luego de observaciones y conclusiones, culmina en el año 1891, su primer tratado teórico acerca de las finanzas, titulado Die Reformation des Münzwesens als Brücke zum sozialen Staat (La reforma del sistema monetario como puente hacia un estado de bienestar). También de esa época data su Nervus Rerum y la nacionalización del dinero.

En 1898 vuelve a Alemania con su familia y lee los trabajos realizados por Marx, Henry George, Proudhon y Adam Smith. En el año 1900 funda la revista Geld-und Bodenreform (Reforma Monetaria y Agraria), pero por motivos económicos la revista debe cerrar en el año 1903.

La Casa Gesell, calle Moreno de Buenos Aires
La Casa Gesell, calle Moreno de Buenos Aires

Después de regresar a Suiza y de nuevo a Alemania, en el año 1916 publica su obra cumbre “El Orden Económico Natural” y en 1919 fue reclamado para tomar parte en la República Soviética de Baviera de la mano de Ernst Niekisch. La República le ofrece un cargo en la Comisión de Socialización y lo nombran Representante Popular de Finanzas. Gesell escoge para su equipo al matemático suizo Theophil Christen y el economista Ernst Polenske e inmediatamente redactan una ley para la creación del dinero libre o Freigeld. Su estancia en el cargo fue tan solo de 7 días.

Fue un vegetariano ético. Se consideraba a sí mismo un ciudadano del mundo y creía que el planeta debe pertenecer a toda la gente que la habita más allá de las diferencias de raza, género, clase o religión.

Pulso Geselino

El «Marx de los anarquistas»

Gesell fue siempre un economista inconformista. Tomó parte en los gobiernos de los consejos de Baviera junto a otros personajes inclasificables como Ernst Niekisch, Erich Mühsam o Gustav Landauer. Gesell desarrolló en el más importante de sus ensayos, Die natürliche Ordnung (El orden natural), un proyecto de redistribución de tierras en orden a conseguir que cada hombre pudiera ser autónomo y poder vivir de manera independiente frente a las estructuras abstractas de la modernidad burguesa.

Fundamentó su pensamiento económico en el interés propio de los individuos como algo natural, sano y una buena motivación para actuar. La satisfacción del interés particular motiva a ser productivo según Gesell. El sistema económico debería estar al servicio de satisfacer estas necesidades pero fracasa de manera evidente. Por ello, Gesell propone un sistema económico que él llamó economía natural. En este sentido, se puede encontrar una clara oposición con los postulados de Karl Marx, que quería cambiar de raíz las condiciones de producción.

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Günther Bartsch, autor alemán que se ha ocupado de su biografía y de sus ideas, le llama «ácrata», esto es, hombre libre de toda tutela, ya sea ésta de carácter político, religioso o administrativo. Para Klaus Schmitt, quien ha redescubierto para la izquierda inconformista alemana la figura de Gesell a pesar de criticar algunos aspectos de su pensamiento, el ácrata republicano y consejista (räterepublikanisch) fue uno de los críticos de mayor envergadura frente al «poder de Mammon».

Gesell, efectivamente, pretendía acabar con la abrumadora presencia del dinero a través de una economía entre los pueblos y los Estados basada en lo que él denominó «dinero evanescente» (Schwundgeld), al tiempo que teorizó sobre una «doctrina del dinero libre». Por «dinero evanescente», Gesell entendía una moneda que no se pudiera acumular y por la que no se debiera pagar interés alguno. Para Gesell, toda acumulación de dinero constituía un «pecado capital». Todo capital que no se tradujera inmediatamente en «cosas» (máquinas, herramientas, técnica, educación, tierras, ganado, etc.) debía, por un imperativo moral y económico, perder todo su valor. Años más tarde, esta idea fundamental de Gesell fue retomada por el padre del «distribucionismo» C.H. Douglas y por el poeta norteamericano Ezra Pound, quien veía en el gobierno de su país un instrumento del «Demonio Mammon». Douglas, en Canadá, elaboró sólidos proyectos de base «distribucionista». Pound, por su parte, demostró un desprecio intransigente, absoluto, lo que pudiéramos llamar una cólera lírica, contra el dinero y los distintos sistemas bancarios, expresando su rechazo absoluto a través del apoyo a la «República de Salò» de Mussolini, poco antes de concluir la segunda guerra mundial. Pound trató de convencer a sus compatriotas de no combatir al fascismo republicano del período 1943-1945.

Aparte de su doctrina económica relativa al «dinero evanescente» o el «dinero libre», Gesell teorizó igualmente sobre una suerte de anarcofeminismo, garante de la protección a las mujeres y los niños contra todo tipo de explotación masculina. Esta variante de las especulaciones sobre el arquetipo matriarcal, que arranca de la obra de Bachofen, implica una crítica muy concisa del patriarcado (y de todas las formas del derecho patriarcal), ya que, desde su punto de vista, esta forma de poder situaba a los niños en una posición muy débil en el seno de la sociedad. Desde este punto de vista, Gesell se ha convertido en el precursor del derecho infantil. En la práctica, el anarcofeminismo significaría el establecimiento de una renta para las madres.

«Gesell y sus discípulos pretendían confiar la propiedad de la tierra a las madres y convenir con ellas una renta relativa a los bienes raíces hasta que sus hijos alcanzaran los dieciocho años de edad. Una federación de madres administraría el suelo nacional y, más tarde, en un futuro, el conjunto de tierras del planeta, derecho que llevaría asocida la posibilidad de arrendar fincas al mejor postor. Mediante la aplicación de este procedimiento, cada persona, o cada grupo (p. ej.: un gremio) podría beneficiarse de las mismas oportunidades, podría explotar la tierra y verse libre de los parásitos privados o de la administración», según se explica en el libro Marx der Anarchisten, de Karin Kramer Verlag. Gesell dio un nombre científico a este sistema: «matriarcado fisiocrático».

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