Julián Grimau nació en Madrid el 18 de febrero de 1911. Durante la Segunda República militó en Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, pero al estallar la guerra civil, ingresó en el Partido Comunista de España. Pasó la guerra en Barcelona, donde se dedicó a labores policiales. Al ser derrotada la República, se exilió en América Latina, estableciéndose posteriormente en Francia, siendo uno de los dirigentes del PCE durante la época franquista.

En 1954, durante el Congreso del PCE celebrado en Praga, fue elegido miembro de su comité central. A partir de 1959 sustituyó a Simón Sánchez Montero, que acababa de ser detenido, en la dirección del Partido «en el interior», donde tuvo que residir clandestinamente a lo largo de varios años. Compartía esa dirección con Jorge Semprún y con Francisco Romero Marín.

Su actividad le hizo ser una de las personas más buscadas por la policía franquista. Fue detenido en noviembre de 1962.  detención se produjo en un autobús en el que viajaban únicamente él y otros dos pasajeros, que resultaron ser agentes de la Brigada Político-Social (policía política franquista). Fue conducido a la Dirección General de Seguridad, situada en la madrileña Puerta del Sol, en el edificio conocido como Casa de Correos.

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Grimau ante la Justicia franquista

Tras un interrogatorio en la Dirección General de Seguridad en que terminó siendo torturado, aunque sus torturadores dirían que se había arrojado por la ventana. La policía, por boca del ministro de Información Manuel Fraga, declaró por el contrario que Grimau recibió un trato exquisito y que en un momento de su interrogatorio se encaramó a una silla, abrió la ventana y se arrojó por ella de forma «inexplicable» y por voluntad propia. Una versión que aceptó el juez de guardia.

Manuel Fraga declaró que Grimau no había sido torturado
Manuel Fraga declaró que Grimau no había sido torturado

El proceso judicial, que fue una farsa: sin testigos y con declaraciones obtenidas que se basaban en segundas versiones y en un libro de un abogado barcelonés que identificaba erróneamente a Grimau. El fiscal, que nunca había estudiado Derecho, solicitó pena de muerte por delitos cometidos durante la Guerra Civil y 30 años de cárcel por alteración del orden público. El juicio de Grimau, según las palabras de su abogado defensor Alejandro Rebollo, fue una «burla a la verdad” que “vulneró hasta las propias leyes ilegales del franquismo».

Grimau no fue acusado por su militancia clandestina sino por su actividad durante la guerra civil.​ Fue la última persona procesada y condenada en España como consecuencia de la guerra. El franquismo quiso dar una lección a la oposición en un momento en el que existía una ola de alta conflictividad social y política. Santiago Carrillo comentaría muchos años después en RNE: «Yo creo que, en ese momento, lo que Franco quería era detener el movimiento de masas, que había llegado a un nivel desconocido hasta ese año».

Protestas por la libertad de Julián Grimau.

El dirigente comunista fue ejecutado a las cinco de la madrugada en el campo de tiro de los cuarteles de Campamento, a las afueras de Madrid. Cuando salió del coche celular que le había transportado desde la prisión de Carabanchel ya estaba formado el pelotón de soldados del regimiento de Wad-Ras. Alumbrados por los faros de varios camiones dispararon 27 balas, pero el oficial al mando tuvo que rematar al condenado con tres tiros de gracia.