J. Núñez

Para una generación de búlgaros, aquella nacida en los años 40, la historia ha sido tremendamente injusta; aquella generación que en los 90 contaba entra 30 y 40 años que habían nacido en la Republica Popular y se habían educado en los valores del socialismo aquellas mujeres y hombres que tuvieron que vivir y gestionar aquel terremoto, aquel 1990 que se llevó por delante un mundo entero, aquella serie brutal de golpes de Estado más o menos sangrientos, más o menos olvidados, aquella generación que hoy día sobrevive con pensiones de miseria, que hoy día apenas acude a votar y si lo hace es tan imprevisible que distribuye el voto desde los ultra nacionalistas de ATAKA hasta el PSB (un agente estabilizador de la UE como cualquier partido político búlgaro que haya gobernado o vaya a hacerlo).

Mis suegros forman parte de esa generación: Iván, un doctor internista formado en medicina durante la época socialista, hijo del doctor Iván Eremiev, nada menos, que fue interbrigadista en la Guerra Civil y luchador antifascista en la II Guerra Mundial, y sobre todo, un médico recordado con cariño aun por las gentes de la ciudad de Varna; y Sofia, una profesora de historia, posiblemente una de las personas más inteligentes con las que he tenido la suerte de coincidir en esta vida, hija de un oficial de la milicia de Sofia.

No es fácil que quienes lo vivieron te hablen de ello más de cinco minutos, a la mayoría de los búlgaros de más de 50 años aquel año 1990 les cambio la vida a peor y de esas cosas cuesta hablar.

Un buen día tuve la suerte de poder escuchar a mi suegro Iván su relato de lo que sintió aquellos días. Si consultamos las hemerotecas occidentales podemos ver la terrible inestabilidad económica que supuso el paso del sistema soviético de producción a un sistema capitalista prácticamente salvaje de la noche a la mañana donde las nuevas oligarquías impuestas desde USA valiéndose de altos funcionarios que en cada Estado socialista traicionaban sistemáticamente a su patria y al partido y de jóvenes disidentes al régimen con escasa formación en muchos casos, pero con una marcada ideología anti comunista forman las bases de la nuevas oposiciones “democrática” , este fenómeno nace sobre todo en las universidades y en los liceos o institutos, donde más cala el idealismo de un sistema capitalista, donde cualquier persona inteligente y trabajadora puede  convertirse en prácticamente lo que desee y ven literalmente a los  USA como un paraíso en la tierra.

El Departamento de Estado USA por medio de la Agencia (CIA) llevaba trabajando en el caso particular de Bulgaria mucho tiempo antes de lo 90, infiltrando y reclutando informadores en aquel contexto de la Guerra Fría y la Gladio. En febrero de 1990 visita Bulgaria el Secretario de Estado USA, James Baker. El gobierno búlgaro hizo así caso a las recomendaciones de Gorbachov en su última visita y a las amenazas de Yeltsin. La URSS ya no existía, el Socialismo ya no existía en Rusia y era necesario que la República Popular de Bulgaria se disolviera y que buscaran apoyo en la Europa Occidental y en los EE.UU, para lo cual era necesaria la transición hacia el capitalismo.

Fue la peor traición sufrida por el pueblo búlgaro en su historia, de repente Rusia esa misma Rusia que envió a sus soldados a morir junto a los búlgaros en Shipka donde vencieron al Imperio Otomano y nació la Bulgaria moderna, esa misma Rusia cuyo Ejército Rojo cruzo el Danubio para librarla de nuevo del yugo nazi alemán y su propia aristocracia parasitaria, en definitiva esa Rusia que para lo más íntimo de los búlgaros es una nación hermana, con la que comparten tanto, les había traicionado y esa herida hoy en 2019 aun sangra, aun les sangra a los viejos comunistas búlgaros.

A partir de febrero los acontecimientos se precipitarán, los EE.UU exigen unas elecciones burguesas y que se reconozcan los nuevos partidos, que surgirán de las antiguas agrupaciones de estudiantes ya diseñadas y financiadas por la CIA hace tiempo , se calcula que en la campaña el dinero para esta nueva oposición de “Colores” salió íntegramente de las arcas norteamericanas y supero el millón de dólares que para la Bulgaria de 1990 era una cantidad enorme. El Golpe ya estaba en marcha.

El mismo PCB (Partido Comunista Búlgaro)  fue obligado a cambia el nombre y paso a ser el nuevo PSB (Partido Socialista Búlgaro), los yanquis no querían de ninguna manera que un partido comunista con esas siglas se presentara a unas elecciones ”libres”.

En este marco surgieron las presiones internacionales sobre el apoyo monetario a la economía búlgara  dependiendo de los resultados electorales, pues ni en este marco anterior a las elecciones, me cuentan quienes lo vivieron Bulgaria tuvo desabastecimiento alguno, si es cierto que  hubo colas para productos que el país importaba y que, o bien eran escasos, o ya no llegaban, pero en lo esencial  -en la comida y el vestido- la estructura resistió y resistió porque cada trabajador cumplido y fue esa generación  la que describí al principio, la generación que mantuvo como pudo la cabeza fría y pensó en el bien de todos y siguió  acudiendo a trabajar, cuentan que fue a partir de 1990 cuando el fantasma del desabastecimiento empezó a circular por casi todos los rincones de Bulgaria, sobre todo de .la Bulgaria urbana en el campo nunca falto comida.

Y entonces los socialistas, antiguos comunistas, ganaron las primera elecciones parlamentarias burguesas. El 48% del electorado había votado a los antiguos comunistas, cuenta Iván que esa madrugada la paso en casa de unos camaradas, casi nadie del partido acudía ya desde hacía meses a las sedes por miedo a las represalias, allí rodeado da camaradas se emocionaron y cantaron la Internacional y el himno de Bulgaria y sintieron que la gente aun confiaba en lo que ellos creían, que no pasaría como en la URSS o como en Yugoslavia, donde ya aparecían los primeros combates, esa madrugada aun creyeron en el futuro,

Pero llego el día y las acusaciones de fraude y las llamadas a las armas y la convocatoria ante la sede de la Asamblea Nacional en Sofia de una Acampada hasta que los “rojos” fueran expulsados del poder. La situación no podía ser más tensa.

En otra conversación me cuenta mi suegro Iván que muchos militantes del partido esperaban una llamada para empuñar las armas y defender la Republica Popular, el Partido seguía siendo fuerte en las ciudades pequeñas y en los núcleos rurales, y sobre todo, en el ejército y la policía. Es posible que en aquellos días de las manifestaciones de denuncias de fraude electoral, de acampadas “democráticas” de quemas de sedes del Partido Comunista, de libros de texto considerados comunistas, de literatura comunista o socialista en público, se podía haber hecho algo se podían haber armado a las bases del partido y haber acabado con el Golpe o haber iniciado un conflicto civil de proporciones seguramente dantescas.

Y eligieron no luchar, esa decisión cuenta mi suegra Sofia era la única posible porque los que tenían delante eran sus propios hijos y nietos y jamás se hubieran perdonado llevar a Bulgaria a una guerra civil como paso en Yugoslavia, la contención de los comunistas búlgaros, la contención de aquella generación que pudo luchar y no lo hizo a mi juicio los engrandece.

Luego vino lo conocido, nuevas elecciones y victoria de la coalición “demócrata” amparada por los USA y la Europa Occidental y el caos económico más brutal que Bulgaria conoció nunca, pero esa es otra historia que recordaremos en otra ocasión.

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