20 años con el Euro…¿Debemos continuar?

Rafael Silva


El euro es el instrumento para disciplinar las políticas económicas de los gobiernos, sometiéndolos a los dictados de la oligarquía financiera, la política monetaria, la cambiaria, la fiscal, la laboral, con el objetivo de superar el obstáculo que para la acumulación de capital representan los derechos obreros y democráticos

Miguel Ángel Montes


La Eurozona no es únicamente un sistema monetario, sino una herramienta neoliberal, política y cultural al servicio del capital alemán hegemónico (…) Dentro del euro uno pierde su soberanía totalmente, y los pueblos avanzan hacia la extrema pobreza y la exclusión social, perdiendo garantías y derechos como en el llamado Tercer Mundo

Costas Isyjos, dirigente griego de Unidad Popular


El 1 de enero de 1999 comenzó a usarse el Euro por primera vez en nuestro continente, sólo con 11 países que lo adoptaron. Hoy son 19 países los que lo usan. Nuestro país estuvo durante un breve período de transición usando la moneda antigua (la peseta) y el euro, hasta que el euro se implantó definitivamente en 2002. El Euro (166 veces el valor de nuestra moneda anterior) unificó el vehículo monetario oficial en la Eurozona (grupo de países de la Unión Europea que adoptaron esta moneda), y desde ese punto de vista es moneda única, pero no es moneda común. Hoy día el euro se ha convertido en la segunda moneda en el mundo, tras el dólar estadounidense. La integración europea ha sido un fracaso, simplemente porque se intentó comenzar la casa por el tejado, en vez de por los cimientos. Existió primero el paso hacia un mercado común (de bienes, productos y servicios), luego una unión aduanera, y finalmente, desde hace unos años, los dirigentes europeos están intentando plasmar una unión de las estructuras económicas, y también políticas.

Pero la experiencia nos dice que estos escalones no funcionan, y que en primer lugar hay que construir una base de unión política y económica, y después una integración comercial, cuyo paso final es la introducción de una moneda común. De ahí que la Unión Europea haga aguas en diversos grados o manifestaciones de su integración, tal como la unión fiscal, la unión bancaria, la integración de migrantes, etc. En realidad, la Unión Europea, con el euro a su servicio, ha sido únicamente un objetivo de las élites económicas de los países más desarrollados (el eje franco-alemán, fundamentalmente), y el resto se ha limitado a ir a rebufo de aquéllos. Nosotros ya lo planteábamos en nuestro Blog desde el año 2012. Al no existir una convergencia real entre los mercados europeos, ni entre las balanzas fiscales, la armonización de todas las economías no ha sido posible, y hoy día el proyecto europeo dista mucho de ser un verdadero modelo de confederación política. Los países del euro tienen enormes déficits y superávits comerciales, incluso durante largos períodos, sufren crisis recurrentes de moneda, y los trabajadores y trabajadoras de la Unión se llevan la peor parte, porque al no poder devaluar cada país su moneda, precisamente por ser moneda única, la devaluación se efectúa por la vía de los salarios, provocando un deterioro de las condiciones laborales.

Una moneda compartida imposibilita disfrutar de soberanía económica, ya que toda la política monetaria es definida desde otras instancias, en este caso desde el Banco Central Europeo, una organización no democrática, que es en realidad un lobby de la gran banca privada europea. En sus estatutos tiene definida gran parte de su perversa política (basada en dogmas neoliberales), como por ejemplo la imposibilidad de financiar directamente a los Estados, pero sí a la banca privada, por lo cual son los Estados los que han de recurrir a los mercados para financiarse (básicamente a los bancos), creando un gran negocio para la banca privada, pero una creciente deuda para el conjunto de la ciudadanía europea. Pero la moneda única también nos amarra en otras muchas directrices, que determinan el proyecto neoliberal europeo. Y así, el capital europeo, siguiendo el modelo imperante, adoptó las políticas neoliberales, controladas férreamente desde sus instituciones supranacionales, como la Comisión Europea y el Consejo Europeo. Se dispararon así las leyes antisindicales, la desregulación de los mercados laborales y financieros, los recortes en el gasto público, la libre circulación de capitales, las privatizaciones de las empresas, servicios y sectores de predominio público, el control del déficit público, el control presupuestario, la deuda pública, etc.

La tremenda crisis desatada desde 2007 puso aún más de relieve los enormes desequilibrios fiscales y comerciales entre los diversos países de la Eurozona, lo que contribuyó a que los criterios, ajustes y “reformas estructurales” (en realidad, recortes) “recomendados” por las instituciones europeas tuvieran como consecuencia el terrible sufrimiento de millones de personas y familias europeas. Comenzaron los “rescates” bancarios a entidades de muchos países, que en realidad no fueron sino mecanismos para asegurar el pago de la deuda a los principales acreedores (bancos alemanes y franceses, fundamentalmente), lo que ha incrementado a su vez el montante de la deuda a pagar a las instituciones europeas, que junto al FMI constituyen esa Troika que nos ahoga y controla nuestras economías (los famosos “hombres de negro”, en expresión del ex Ministro de Economía Cristóbal Montoro). La mal llamada “austeridad” en el gasto público se impuso de forma brutal a las economías de la Eurozona. Los países del Sur han sufrido aún más estas consecuencias, aunque es una tendencia generalizada. El panorama actual es verdaderamente desolador: debilitamiento del Estado del Bienestar, privatización de servicios públicos, aumento galopante de la deuda pública, desempleo y precariedad laboral disparados, y sistemas de protección social cada vez más endebles e insuficientes.

En definitiva, el balance de estos 20 años de utilización del Euro no es positivo. La Unión Europea, en su dimensión económica del Euro, no es reformable, es un instrumento al servicio del gran capital europeo y transnacional, figura en sus tratados fundacionales, así como en el resto de normativas europeas que han ido surgiendo posteriormente. Todo ello unido al control que las instituciones supranacionales efectúan sobre los Gobiernos, revela un panorama donde no sólo no existe soberanía económica, sino que además estamos sujetos a las directrices antidemocráticas de la Troika (como pudo verse de forma muy reveladora e ilustrativa en el caso de Grecia). El Euro es un estricto corsé para nuestra economía. Bajo estas condiciones, lo más recomendable para recuperar soberanía, independencia y democracia económicas sería abandonar la moneda única, salir de ella de forma ordenada y no traumática, como proponen muchos economistas, y la Plataforma por la Salida del Euro. Nosotros publicamos en el Blog una breve serie de 6 artículos detallando el “Nuevo Manifiesto Salir del Euro” dado a conocer por dicha plataforma, cuya lectura completa recomiendo, para más información sobre las ventajas, los inconvenientes, y los procesos aconsejados para una salida ordenada de la moneda única. Evidentemente no es un camino de rosas, pero las expectativas a medio y largo plazo de salir del euro son mejores que aquéllas que residen en continuar con la moneda única.

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Soy un malagueño de izquierdas, enamorado de los animales, y de mi profesión, la enseñanza. Soy profesor de nuevas tecnologías y crítico de las mismas, sobre todo de los cursos de F.P.O. (Formación Profesional Ocupacional) de la Junta de Andalucía. Me hice analista político ante la terrible deriva del capitalismo de nuestro tiempo, ante la necesidad de alzar la voz ante las injusticias, ante las desigualdades, ante la hipocresía, ante la indiferencia, ante la pasividad, ante la alienación. Sentí la necesidad vital de aportar mis puntos de vista, mi bagaje personal, y de contribuir con mi granito de arena a cambiar este injusto sistema.

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