En el 2010, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución histórica que reconoce que el acceso al agua potable y al saneamiento es un derecho humano. El texto establece que los Estados deben crear condiciones para brindar acceso universal al agua y al saneamiento, sin discriminación y dando prioridad a los más vulnerables. Esta meta, es también uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, a pesar de los progresos alcanzados en los últimos quince años, este objetivo sigue fuera del alcance de una gran parte de la población mundial. En 2015, tres de cada diez personas (2100 millones) carecían de acceso a agua potable y seis de cada diez (4500 millones) de instalaciones de saneamiento gestionadas de forma segura.

Si continúa la degradación del medio ambiente y las presiones insostenibles sobre los recursos hídricos mundiales, para 2050 estará en peligro el 45% del PIB mundial y el 40% de la producción mundial de cereales. La inversión en infraestructuras de agua y saneamiento es rentable y el retorno es alto,especialmente para los más vulnerables. Cada dólar invertido en agua potable se duplica, y se multiplica 5,5 veces en el caso del saneamiento, según el informe de la ONU No dejar a nadie atrás.

El texto recalca que se necesitan políticas inclusivas para lograr el agua y saneamiento para todos, y recuerda que ya existen conflictos entre diferentes partes por este recurso vital. Desde 1980 la demanda de agua ha aumentado un 1% anualmente. Entre 2000 y 2009 se produjeron 94 conflictos por agua, y entre 2010 y 2018 se alcanzaron los 263.

El 50% de la población de África no bebe agua potable

África alberga a la mitad de la población que bebe agua de fuentes no protegidas. En África subsahariana solo el 24% de las personas tienen acceso a agua potable y el 28% a instalaciones de saneamiento básico, no compartidas con otros hogares. Las mujeres y niñas soportan la mayor parte de la carga de recolección de agua, y dedican a ello más de 30 minutos al día, el detrimento a su educación.

Dentro de los países en general, existen importantes diferencias de acceso, especialmente entre ricos y pobres. En las ciudades, los pobres que viven en asentamientos informales que no cuentan con servicios de agua corriente, a menudo pagan de 10 a 20 veces más por el agua que sus vecinos de barrios más ricos, por un servicio de igual o menor calidad prestado por vendedores o camiones cisterna.

El 65% de la población de América Latina y el Caribe tenía acceso a servicios hídricos gestionados de forma segura

En 2015, el 65% de la población de América Latina y el Caribe tenía acceso a servicios hídricos gestionados de forma segura, pero solo el 22% a servicios de saneamiento gestionados de forma segura.

Muchas personas sin acceso a servicios se concentran en áreas periurbanas, principalmente en los cinturones de pobreza que surgen en la periferia de muchas de las ciudades. Los niveles de cobertura son significativamente más bajos en las zonas rurales.

En muchos países, la descentralización ha dejado al sector de abastecimiento de agua y saneamiento con una estructura altamente fragmentada formada por numerosos proveedores de servicios, sin posibilidades reales de lograr economías de escala o viabilidad económica, y bajo la responsabilidad de ayuntamientos que carecen de los recursos e incentivos necesarios para hacer frente con eficacia a la complejidad de los procesos involucrados en la prestación de servicios.

si continúa la degradación del medio ambiente y las presiones insostenibles sobre los recursos hídricos mundiales, para 2050 estará en peligro el 45% del PIB mundial y el 40% de la producción mundial de cereales. Los gobiernos deben ser ya conscientes de la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de sus recursos.

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