Los fallecidos en ese periodo asciende a 1692 lo que representa un tres por ciento más que en los seis primeros meses de 2017, mientras que el de heridos fue de 3430, se informa en el comunicado.
La utilización de de artefactos explosivos improvisados en ataques perpetrados por grupos antigubernamentales tanto en ataques suicidas como en otros atentados ha provocado la muerte de casi la mitad de los civiles.
Asimismo, otro 40 por ciento de las muertes es atribuido a los talibanes y el resto a otros elementos antigubernamentales.
Las víctimas civiles continúan a un nivel muy alto a pesar del alto el fuego que el Gobierno y el talibán mantuvieron entre el 15 y el 17 de junio. Ese breve cese de las hostilidades “demuestra que la lucha puede detenerse y que los civiles afganos no tienen que soportar la peor parte de la guerra”, declaró Tadamichi Yamamoto, representante especial de la ONU para el país.
Según asevera Danielle Bell, la responsable de derechos humanos de la Misión, “las tóxicas consecuencias del conflicto se extienden más allá de las víctimas mortales y heridos y alcanza a los niños y niñas asaltados sexualmente o reclutados para el conflicto”.