viernes, octubre 23, 2020
2019, el año de la emergencia climática

2019, el año de la emergencia climática

A punto de concluir el año, desde Greenpeace hacemos balance de lo que ha representado el 2019 y de los retos para 2020. Si algo ha definido el año que concluye, son las movilizaciones sociales sin precedentes que han tenido lugar a nivel mundial para demandar acción ante la emergencia climática y la crisis de biodiversidad.

El mundo, especialmente los más jóvenes, claman ante la Emergencia y exigen respuestas y acciones políticas de calado para hacerle frente.

2019 ha seguido alcanzando nuevos récords de temperaturas. Según datos de la AEMET, septiembre, octubre y noviembre de 2019 han sido los más cálidos en la Tierra desde que hay registros (1880) y 2019 va a ser el séptimo año más seco del siglo actual. Nuestros veranos son casi cinco semanas más largos que a comienzos de los años 80, con olas de calor cada vez más frecuentes e intensas y 2019 ha mostrado con intensidad una de las aristas más terribles de la emergencia climática: la de los grandes incendios forestales. La pérdida de biodiversidad ha alcanzado niveles apocalípticos: un millón de especies están al borde de la extinción, el peor dato de la historia.

Sin embargo, esta contundencia de los datos no ha tenido el efecto necesario sobre quienes toman decisiones. Las evidencias y los informes de la comunidad científica no han sido contestados con políticas ambiciosas. Los Estados siguen sin establecer compromisos firmes en materia de reducción de emisiones, prevaleciendo los intereses de los grandes contaminadores, tal y como se mostró en la COP25 celebrada en Madrid .

2019 ha sido también año electoral, con elecciones europeas, generales, autonómicas y locales. El cambio climático se coló en los mensajes durante las campañas electorales pero más allá de eso, la clase política no hecho más que postergar las decisiones que encaminarían el mundo hacia un progreso libre de combustibles fósiles y anclado en las renovables.

En España, todo apunta a que cerrará el año sin tener un gobierno capaz de abordar esta crisis.

Los derechos y libertades han seguido siendo recortados y las nuevas elecciones han incorporado a las instituciones europeas y en nuestro país a la extrema derecha. Como contrapunto, los partidos verdes, especialmente en Europa, han incrementado su presencia y representación y la Comisión Europea ha finalizado el año presentando un Green New Deal.

Mientras el cambio cambio climático y sus impactos están cada vez más presentes en el relato de los medios, en la comunicación corporativa de algunas empresas, o en las declaraciones de emergencia climática del Parlamento Europeo, del Congreso de los Diputados y de diferentes ayuntamientos e instituciones, el discurso puede quedar relegado a la irrelevancia. Todos estos mensajes deben transformarse en medidas concretas. Es tiempo de actuar.

Las ciudades se han convertido en escenarios concretos idóneos para combatir el cambio climático. El modo de consumo, la movilidad, la reducción del uso de plásticos o del consumo de carne y tipo de alimentación demuestran cómo la ciudadanía con sus decisiones tiene también capacidad de cambio. Además, durante 2019 ciudades como Barcelona, Copenhague, Estocolmo, Guadalajara, Lima, Londres, Los Ángeles, Milán, Oslo, París, Seúl, Tokio y Toronto se han comprometido a reducir el consumo de carne en sus instalaciones públicas como parte de su respuesta a la emergencia climática.

El año que acaba no hemos bajado la guardia y desde Greenpeace hemos alzado la voz ante la emergencia climática y la crisis de biodiversidad; denunciando los impactos del cambio climático (sequía, grandes incendios); trabajando por la paz, por la protección de los océanos, por una transición ecológica justa, por una justicia fiscal verde, por la calidad democrática y por lograr unas ciudades más habitables, con mejor movilidad y menos consumista; incidiendo en foros políticos como en la reciente COP25 en Madrid que generó una gran atención social al problema del cambio climático y provocó la mayor manifestación por el clima de nuestra historia.

Y de todo este trabajo nos quedamos con lo mejor del año: la atención y movilización sin precedentes por la crisis climática y de biodiversidad, el anuncio del cierre de las centrales térmicas de carbón en la península en 2022, el avance del autoconsumo cuya reglamentación ha continuado avanzando y ya son 10.000 instalaciones registradas, la paralización en los tribunales de la eliminación de Madrid Central o el anuncio del Banco Europeo de Inversiones de poner fin a la financiación a proyectos de combustibles fósiles a partir de 2022.

¿Y en 2020?

Empieza el año y empieza una nueva década. El tiempo apremia porque nos va la vida en ello. El 2020 viene cargado de grandes retos. A partir de enero, la movilización sin precedentes que ha tenido lugar en 2019 debe traducirse en acción política a todos los niveles: internacional, europeo, estatal y local.

Aumentar la ambición climática, luchar contra las desigualdades sociales y abordar la crisis de biodiversidad deben ser los pilares del cambio. Deben traducirse en políticas y presupuestos que hagan realidad la transición ecológica justa de la economía y huyan del greenwashing en el que se han instalado las grandes corporaciones.

En el ámbito internacional, los países tienen que ser capaces, en la próxima cita de la COP en Glasgow, de hacer posible el Acuerdo de París y la UE tiene que reafirmar su liderazgo en la lucha contra el cambio climático. La protección de la biodiversidad tiene que traducirse también en los acuerdos globales como el Tratado Global de los Océanos para proteger el 30% de los océanos para 2030.

En el ámbito estatal el nuevo Gobierno español tiene que demostrar su liderazgo político contra el calentamiento global aprobando la Ley de Cambio Climático y un PNIEC con objetivos más ambiciosos que cumpla con el límite de 1,5 ºC. Serán también necesarios claros mecanismos de mitigación y adaptación ante la emergencia climática, que vayan más allá del sector energético.

Además, 2020 debe ser el año en el que veamos derogada la Ley Mordaza como gesto que asegura el libre disfrute de nuestros derechos y libertades en democracia.

El el ámbito local, el próximo decenio resultará crítico para la transformación de las ciudades en aspectos tan importantes como la lucha contra el cambio climático, el refuerzo de la resiliencia frente a las crisis socioambientales y frente al incremento de las desigualdades, la renaturalización de los espacios urbanos o el uso de la cultura para definir y recuperar identidades.

El 2020 marca el inicio de la última década para salvar el planeta y garantizar los derechos de las generaciones más jóvenes. Una ventana a la esperanza y una oportunidad para demostrar que las cosas pueden hacerse de manera distinta.