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Muchas de las técnicas que mejores resultados han demostrado en terapia no han nacido este siglo. De hecho, es notoria la adaptación que la figura de los psicólogos y psicólogas del siglo XXI está haciendo para poder ofrecer un servicio.

Desde el hecho de que las nuevas generaciones acudan a terapia con un objetivo preventivo, hasta que muchas personas lleguen a una primera sesión con un “diagnóstico made in Google”. Todo esto supone nuevos retos a los que los psicólogos debemos adaptarnos.

Tanto el lenguaje, como los tiempos y las necesidades de los pacientes en la actualidad han de combinarse con las técnicas más avaladas científicamente. Esto puede hacer que la terapia mejore.

Sabemos que la psicología está preparada para los embates de cada cambio de siglo. Al tratarse de una ciencia, consta de las herramientas necesarias para hacer frente a los problemas emocionales y conductuales de los seres humanos.

Pero, ¿qué es aquello que hoy en día preocupa a las personas? ¿En qué se diferencia de las inquietudes de antes? ¿Cómo podemos adaptar las técnicas antiguas al paciente actual?

Para entender cómo es la figura del psicólogo del siglo XXI, debemos plantearnos cómo son los y las pacientes del siglo XXI.

¿Cómo es el paciente del siglo XXI?

Simplificando algo que obviamente es mucho más complejo, podríamos dividir los tipos de paciente en tres grandes grupos.

En primer lugar, aquellas personas que acuden a un profesional cuando están experimentando mucho malestar o lo llevan padeciendo durante un período prolongado. Por otra parte, las que toman pronto esta decisión, cuando el problema hace poco que ha aparecido. Por último, hay quienes deciden venir a consulta de manera preventiva.

Los psicólogos y las psicólogas del siglo XXI nos estamos enfrentando, por primera vez, a los dos últimos grupos de pacientes.

Antes, la psicología era un tema tabú. Quienes acudían a terapia lo hacían prácticamente in extremis. Muchas veces incluso ocultándolo. Esto ya no es así. En absoluto.

Hoy en día la psicología es un recurso que poca gente se avergüenza de utilizar y al que acuden cada vez más personas. La intención: buscar soluciones a todo tipo de problemas.

Psicología preventiva: cómo los profesionales se adaptan a este tipo de pacientes

Lo que más ha costado a la psicología de este siglo es adaptarse al trabajo preventivo.

Nos han formado para la intervención sobre lo patológico. Esto sabemos hacerlo muy bien. Es cierto que cada vez hay más casos de ansiedad y aparecen nuevos miedos relacionados con cosas que no existían o no eran tan significativas hace unos años. Sin embargo, también aparecen muchos más casos en los que el objetivo es la prevención.

Un psicólogo del siglo pasado rechazaría un caso donde no hay patología. Esto no ocurre en el XXI: hoy se trata el problema trabajado y, además, la prevención.

Hay que tener en cuenta que prevenir no es intervenir. Prevenir es generar hipótesis sobre diferentes posibles problemas y enseñar.

Las nuevas tecnologías: reto y recurso para el psicólogo actual

Para la psicología, las nuevas tecnologías son a la par reto y recurso.

Es, por ejemplo, el caso de Internet, que se ha convertido en una herramienta al que muchas personas acuden en un mal momento. Su intención es encontrar una explicación a lo que les está ocurriendo.

Podríamos criticar este hecho, pero no deja de ser una conducta naturalmente humana. “¿Por qué me pasa esto? ¿Le pasa a otras personas?”… La búsqueda de respuestas a estas preguntas no es el verdadero problema.

El problema es la fuente de información. Es más, muchas veces, como psicólogos, acabamos invirtiendo tiempo de terapia en desmentir lo que Internet ha respondido.

Por otra parte, es cierto que, cuando se usan correctamente, las redes sociales pueden ser una buena herramienta para la población joven para relacionarse y socializar. Sin embargo, la manera en la que afectan a este sector y a su autoestima y autoconcepto también puede suponer un problema.

Otra de las labores del psicólogo es diferenciar ambas situaciones y evaluar si existen problemas de adicción tecnológica.

Pero no todo son desventajas. ¿En qué nos ayudan a los psicólogos las nuevas tecnologías? Nos permiten ponernos al alcance de más gente. Podemos llegar a tener pacientes de cualquier lugar del mundo.

Se trata de una posibilidad que nos ha ayudado, sin ir más lejos, durante la pandemia. Gracias a las nuevas tecnologías e Internet, hemos podido ofrecer terapia a personas que la necesitaban por medio de videollamadas.

Además, en los últimos años ha aumentado el uso de la realidad virtual en terapia. Esta es una herramienta que ha sido avalada científicamente para muchas y variadas necesidades.

La importancia del lenguaje inclusivo

Otro reto al que actualmente nos enfrentamos los psicólogos y psicólogas es al uso del lenguaje inclusivo.

En nuestro caso, el lenguaje es la herramienta principal de trabajo. De la misma manera que te acerca a las personas que acuden a terapia, puede alejarte de ellas si no lo utilizas correctamente.

El lenguaje inclusivo implica ser consciente, no únicamente de lo que dices, también de cómo lo dices. Esto supone un ejercicio mayor de concentración. Un ejercicio, sin duda, necesario y que vale la pena. Ahora bien, puede resultar difícil a muchos profesionales.

Hablamos, en concreto, de la despatologización de aquello que hace pocos años era considerado patológico.

Sin ir más lejos, e hilando con el tema del uso del lenguaje, podríamos hablar de la identidad de género como algo que hace pocos años era considerado patológico y que hoy en día no lo es. En el siglo XX se consideraba un problema a revertir, algo que resolver. Hoy en día no es así y lo mismo ocurre con la orientación sexual.

Hoy en día los psicólogos acompañamos a la persona durante el proceso. Damos herramientas para gestionar los problemas emocionales y situacionales que pueden aparecer como consecuencia de este. Sin duda, un cambio sustancial en nuestro trabajo.

Mirando hacia el futuro

La psicología ha demostrado poder adaptarse, ser flexible. Evolucionar para seguir al servicio de quienes la necesitan. También lo demostramos quienes la aplicamos.

Probablemente el futuro nos depare muchos nuevos retos, pero lo importante es que sigamos tratando de evolucionar para no quedarnos atrás.

The Conversation

Begoña Albalat Peraita no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico