El problema de ser tolerantes con los intolerantes es que estos últimos no tienen escrúpulos y aprovecharan cualquier ocasión para resaltar sus ideales, por muy extremas, xenófobas, racistas o faltas de sentido común que estas sean.

Así lo ha demostrado el presidente del partido de ultraderecha Vox, Santiago Abascal, quien ha recurrido a una cita de la Falange para concluir una de sus intervenciones en el bloque económico. Se trata de «Sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria», pronunciada por Ramiro Ledesma Ramos, fundador de las JONS y de Falange Española.

Ledesma fue un ideólogo fascista admirador del nacionalsocialismo y de Adolf Hitler, hasta el punto de imitar el peinado de este último, como recoge Hugh Thomas en su libro «La guerra civil española», fue calificado en 2004 por el escritor falangista Gustavo Morales como «el más claro engarce con el fascismo original».

El admirado de Albascal quería un estado militar,  milicias uniformadas y perfectamente disciplinadas las que ejerciesen la violencia que sus objetivos políticos precisaban al estilo de los camisas negras italianas o los camisas pardas de Hitler. Un fuerte antiliberalismo y antimarxismo (incluyendo en éste a todas las corrientes obreristas) inundaba su propaganda, así como un rechazo al sistema parlamentario y democrático.

Abascal ha recurrido al eslógan de este fascista para cerrar su turno de palabra mientras el resto de candidatos se cruzaban diferentes medidas económicas y parecían no darse cuenta de la frase que se acababa de colar en un debate que debería representar la democracia y el progreso.

El dirigente de extrema derecha no ha tenido más intervenciones en el bloque económico, tan sólo ha hecho gala de su propuesta de acabar con el sistema de comunidades autónomas que recoge la Constitución. Esto deja ver lo limitado de la propuesta del partido ultra más allá de soflamas populistas y mentiras electoralistas.